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José Luis Díaz
Plató 54
Con la colaboración de Miguel Ángel de Alba
luisdiazfoto@hotmail.com
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Pepechuy Padilla se define como un producto de la cultura del esfuerzo. Nacido en San Juan de los Lagos, Jalisco pero radicado desde su niñez en León, Guanajuato, ha sido un tenaz empresario desde que tenía 17 años de edad. Diputado federal en dos ocasiones, así como senador durante dos sexenios, ha sabido combinar sus negocios y quehacer legislativo… “Con esfuerzo, trabajo y honestidad, te va bien en la vida”, asegura.
¿Cuándo y en dónde nace?
El 20 de diciembre de 1943, en San Juan de los Lagos, Jalisco; en 1946 mis padres, Rodolfo Padilla Campos y Mercedes Padilla Quezada, se trasladaron a León con sus nueve hijos: Abel, Juan Manuel (†), Arnulfo, Aristeo, José Concepción, Rodolfo (†), Ismael, su servidor, Librado, y nacieron aquí Roberto y Virginia, mi única hermana.
¿Cómo era vivir en una familia tan numerosa?
A mí me parecía muy agradable convivir con tantos hermanos; pasé una niñez bonita, con las dificultades y carencias propias de una familia numerosa, de campesinos, venida a la ciudad; lo importante es que siempre hubo unidad entre los hermanos y que mientras mi padre trabajaba muy duro para sacar adelante a la familia, mi madre era la responsable de mantenernos unidos, de estar al pendiente de las tareas, del trabajo, de nuestro esfuerzo, de fortalecer la unidad de la familia.
¿A qué se dedicaba su padre?
A comprar y a engordar cerdos, que luego vendía al rastro o a la ciudad de México, así como a la tenería: curtía cueros de cabrito y borrego para forro de zapatos en una tenería de los señores Jiménez, por la calle Insurgentes.
¿Dónde estudió?
Siempre en escuelas públicas y bien poco, por las circunstancias: inicié la primaria en la escuela “Vicente Guerrero” en la calle Aquiles Serdán y de cuarto a sexto en la escuela “Miguel Hidalgo”, en la colonia Bellavista. Después, en la Escuela Preparatoria de León hasta primero de prepa, pero tuve que abandonar los estudios para dedicarme al trabajo. He aprendido muchas cosas en la universidad de la vida en forma autodidacta y no me arrepiento, porque la vida me dio la oportunidad de que mis 4 hijos estudiaran carrera universitaria.
¿A qué edad empezó a trabajar?
Muy niño. Recuerdo que cuando tenía nueve años y estaba en la escuela “Vicente Guerrero”, me levantaba a las cinco de la mañana y compraba para vender 30 periódicos de El Sol de León y a las nueve a.m., ya estaba en la escuela. Me acuerdo muy bien que un día de noviembre de 1953 murió el cantante Jorge Negrete y vendí mis periódicos en las primeras cuadras; regresé por más y ese día vendí 60 periódicos... antes de las nueve de la mañana.
Después, prácticamente recién cumplía los 15 años y ya trabajaba en el taller de zapatos de mis hermanos, “Tres Hermanos”, que inició en 1953. En 1958 decidí poner un taller propio, con apoyo de mis papás, que me prestaron cada uno mil pesos y un ahorro que tenía con mi hermano Fito, que me dio tres mil pesos; arranqué en un rinconcito del taller de mis hermanos, con el mismo personal de ellos, pero para 1960 renté una casita en 175 pesos y puse a mi cortador, mi pespuntador, mi zapatero y me independicé... tenía como ocho trabajadores y era un joven de 17 años.
¿De quiénes aprendió?
Yo era fanático de Fito, mi hermano, a quien le aprendí muchas cosas: era muy listo, muy inteligente, muy astuto, con una gran chispa; aprendí mucho de mis hermanos y de la gente que conocí a lo largo de la vida. Yo era muy inquieto y quería conocer, aprender más. Cuando tenía 19 años ya era socio del Motoclub León, del Club 20-30... siempre he tenido la inquietud de tener muchos amigos, pero de quien primero aprendí fue de mi madre, que nos dio las directrices de la vida; siempre estaba preocupada porque fuéramos hombres honestos, decentes, honorables, que no nos quedáramos nunca con algo que no fuera nuestro. Ella decía que Dios premiaba la honestidad.

Compañero de Luis Donaldo Colosio en la cámara de diputados y de senadores,
con quien trabó una sólida amistad.
Después, Fito, mi hermano, me enseñó que había que trabajar muy duro: era muy trabajador, honesto y de gran corazón. Mucha gente le preguntaba por qué quería ser político y decía que quería regresarle a León algo de lo mucho que nos había dado. Esas cosas se aprenden.
La familia es uno de los valores más importantes. En la familia es donde se apoya, se da la confianza; me siento muy afortunado con la familia que tengo, porque en cualquier circunstancia, en cualquier necesidad, apuro o problema, acudo a mis hermanos y siempre tendré un consejo, un apoyo moral. Además, en este momento tengo ya dos familias: mis hermanos y mi mujer Cristina y mis hijos, por lo que tienes dónde caer si te tropiezas y dónde encontrar apoyo.
En casi 50 años como zapatero ¿cuáles han sido sus mayores satisfacciones?
Haber sido de los iniciadores del Sapica ( Salón de la Piel y del Calzado) en 1978 cuando el presidente de la CICEG ( Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato), Ing. Eduardo Mendiola, me invitó a ser secretario y a la vez, presidente del V Sapica que ahí inició con ese nombre para acortarlo y buscar su internacionalización. Fue el último salón en que se exhibió zapato junto con proveeduría y maquinaria.
En 1978 también, se creó el comité de construcción del Centro de Convenciones, con Manuel Ortega Barrueta como promotor y la idea era que cada empresario comprara un espacio para garantizar su exhibición.
¿Cómo fue su etapa de deportista?
Por 1961, tenía una motocicleta Yamaha y me invitaron a correr en La Cruz de las Hilamas a campo traviesa; seguí corriendo en el estadio “Fernández Martínez”, en León Moderno, en Jardines del Moral, en Peñitas; luego fuimos a Irapuato, a Querétaro, a Aguascalientes, a la ciudad de México y, en 1965, me convertí en campeón estatal de motociclismo en 125 cc y ese fue el último año que corrí. Tenía 20 años y en el Club estaban Carlos Negrete (†), Salvador Fonseca, Julio Alfredo Medina, Carlos Ojeda (†), Federico De Alba y muchos más.
Practicaba también el frontenis en el Deportivo Juventudes, y llegué a ser campeón estatal de segunda fuerza, haciendo pareja con Pepe Mojica; jugaba con Juan Mendoza, Juan González, Juan José Medina, Benjamín y Efraín Aranda, y muchos otros y jugaba fútbol también: de chiquillo jugué en las fuerzas infantiles de León, donde nos entrenaba el “San Pancho” y luego con el “Tres Hermanos” en segunda fuerza de interclubes; en 1965 me metí al Club Campestre a jugar golf, deporte que sigo practicando con Rafi Yamín, Lalo Mendiola, Lalo Gómez Navarro, Mario Humberto Andrade, Jorge Ramírez, Ángel López, Ricardo Aguado, Alejandro Pons, Librado Padilla, Luis Carlos Padilla, Roberto Padilla, Juan José Medina, Lander Urqueola, Salvador Oñate... procuro ir los miércoles y los sábados.
¿Cómo inició en la política?
Siempre he tenido inquietudes políticas. Soy miembro del PRI desde 1964. En 1979, cuando Harold Gabriel era candidato a la Presidencia Municipal, con quien iba como regidor. Cuando me quisieron poner como suplente, les dije que no, pero que los seguiría apoyando desde el PRI, donde coordiné las visitas a las empresas. Después vino Fito, mi hermano, y le entró fuerte: lo nombraron presidente de la CNOP municipal, del Comité Municipal del PRI, candidato a diputado federal en 1982 y presidente municipal.

Su tarea como legislador le permitió conocer grandes personalidades del siglo XX
En ese tiempo, yo me retraje de la política porque no se veía bien que los dos hermanos buscáramos puestos políticos. En 1985, el candidato a gobernador, Rafael Corrales Ayala, me invitó a ser candidato a diputado federal, con Roberto Garza y Hugo Varela; hicimos una campaña muy fuerte. Iban como candidatos locales Leopoldo Nava, Antonio Torres Álvarez y otro que no recuerdo. Gané las elecciones, pero mi hermano Fito falleció el día que tomé protesta como candidato a diputado federal por el XI Distrito, el 4 de marzo. Llegué a platicarlo con él y me aconsejó que le entrara pero sin descuidar los negocios; me dijo que en campaña no había más que dos caminos: ganar o ganar. No puedes darte el lujo de perder y para ganar tienes que trabajar muy duro. Gané la elección por mayoría de votos y fui diputado federal.
Ahí conocí a Luis Donaldo Colosio y nos hicimos buenos amigos. En las elecciones de 1988, los dos éramos diputados y a él lo nombraron Oficial Mayor del PRI y coordinador de la campaña de Carlos Salinas de Gortari; me le pegué y le pedí abierta y descaradamente que me apoyara para ser candidato a senador por el estado de Guanajuato. Realicé una campaña muy intensa durante seis meses; mi compañero de fórmula era Martín Montaño. Luis Donaldo también era candidato a senador y nos volvimos a encontrar en el Senado e incrementamos nuestra amistad.
Cuando vino la c oncertacesión con Ramón Aguirre, Luis Donaldo Colosio era senador y presidente del PRI. Al declinar Ramón Aguirre y nombrar a Carlos Medina como gobernador interino, Luis Donaldo me pidió ser presidente del Comité Directivo Estatal del PRI. Recibí a Luis Donaldo Colosio como candidato a la Presidencia de la República en San Luis de la Paz, quince o veinte días antes de que lo mataran en Tijuana.
¿Qué le dejan esos años de participación política?
Una gran satisfacción. Desafortunadamente, el Poder Legislativo no tiene muchas posibilidades de hacer cosas que luzcan mucho; la gente les pide obras públicas, pero esa no es su función; las obras las hacen los gobiernos, que tienen los recursos. El Poder Legislativo puede y debe ser gestor. A veces se piensa que los legisladores hacen nada, pero hay que entender que el gobierno recae en tres poderes: el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, cada uno con sus funciones definidas. El Poder Legislativo debe legislar y vigilar al Ejecutivo para que utilice el presupuesto en lo que se le asignó; el Legislativo cumple en hacer leyes, que debe cumplir el Ejecutivo, y aplicarlas el Judicial.

José de Jesús Padilla, es el único guanajuatense
que ha sido senador propietario en dos ocasiones
¿Cuáles fueron sus logros como legislador?
Participar en todas las modificaciones de las leyes. Fui presidente de las comisiones de Patrimonio y Fomento Industrial en 1995, e hice la nueva Ley de Cámaras Empresariales que eliminó la obligatoriedad de afiliarse a una cámara. Fue una ley muy complicada, muy difícil. Algo que la gente puede palpar, aquí en León, es que fui el gestor para que en León se estableciera una delegación de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
¿Cuántos años fue legislador?
Quince años, aunque no tengo el perfil de legislador, pero así se dieron las cosas. El partido buscaba alguien que tuviera una buena imagen para que fuera candidato. Fui diputado federal de mayoría de 1985 a 1988; senador de mayoría de 1988 a 1994; diputado plurinominal de 1994 a 1997 y senador de lista nacional del 1997 al 2000. Es un récord que me da mucho orgullo, porque soy el único guanajuatense que ha sido senador propietario en dos ocasiones.
¿…Y precandidato al Gobierno del estado?
Creo que ya nunca voy a ser candidato... dos veces he sido precandidato: en 1995, con Salvador Rocha Díaz e Ignacio Vázquez Torres. Ganó este último, quien perdió con Vicente Fox; la otra fue en 2006, con Wintilo Vega, quien me ganó la candidatura, luego la tiró a la basura y entró Miguel Ángel Chico al relevo. Desgraciadamente fueron procesos muy manoseados.
¿Cuál es su interés por llegar a la gubernatura?
Es un interés particular de todos los políticos llegar al puesto máximo en su estado. Mi aspiración ha sido siempre ser gobernador de Guanajuato, aunque no creo que vaya a darse ya, aunque en política no hay que descartarse. Es un gran honor gobernar tu estado y la culminación de una trayectoria, de una vida política.
Como gobernador ¿cuál sería su inquietud principal?
En una campaña no puedes presentar un plan de gobierno, porque es la recopilación de lo que la ciudadanía demanda, no un capricho. Hay que atender las demandas de la sociedad. Pero deben buscarse los equilibrios: el gobierno del estado recauda impuestos y el pueblo le da recursos públicos. Entonces, sin descuidar a los ricos, debe dar prioridad a los pobres para elevar el nivel social, con gasto en educación, salud, vivienda, infraestructura, seguridad. Tiene que apoyar a los empresarios para que sigan creando trabajos y que la gente no se siga yendo a los Estados Unidos; no se trata de que todos seamos iguales, porque eso se llama comunismo, que ya pasó de moda y no resolvió nada. En la medida en que un gobernante eleve el bienestar social, es la medida en que va a tener éxito en su labor.
¿Heredaron sus hijos la vena política?
Están decepcionados... pero es la decepción que tiene la mayoría de los jóvenes. En la vida a veces hay contratiempos de gente que no es muy leal y eso decepciona mucho a la gente de la política, por lo que mejor prefieren poner una empresa para sostener a su familia. Bien entendida, la política no es, no debe de ser, para ganar dinero. Es para que vivas bien y busques el bienestar social de los gobernados. Tenemos que buscar cómo alentar la participación de los jóvenes en la política; quitar de la política a los corruptos, a los pillos, a los malvados, a los perversos y la única forma es participando. Hay mucha gente honesta y decente.
¿Cuándo y con quién se casa?
Me casé en 1969 con María Cristina Moreno Rodríguez, hija del licenciado Rodrigo Moreno Zermeño, quien fue diputado federal en dos ocasiones, compadre de Miguel Alemán, presidente municipal; era un hombre muy querido y respetado, pero lo traté poco tiempo. Tenemos cuatro hijos: Pepechuy, Germán; Marcelo, casado con María Fernanda Rodríguez, y Luz Cristina, mi única hija, que se casa a finales de año con Santiago García Luque. Tenemos una familia muy bonita, muy unida.
¿Que refleja su forma de ser?
Como decía Luis Donaldo Colosio: soy producto de la cultura del esfuerzo. El trabajo te da una disciplina y forja tu carácter para enfrentar la vida: no hay secretos, nada es gratis. Para triunfar se requiere trabajo, esfuerzo y honestidad y desde chiquillos eso nos inculcaron mis padres, que con el esfuerzo, el trabajo y la honestidad, al final del camino nos iba a ir bien en la vida.