 |
Ing. Salvador Rodríguez Aldrete
Director General de Asesores Patrimoniales CAS del Bajío S.C.
|
Esta edición de Líder Empresarial está dedicada a la Educación, un tema que quienes me honran al leerme saben que me apasiona. Estoy convencido que el único camino para que nuestro país avance es mejorar radicalmente el sistema educativo y no distingo entre público y privado. Me parece que ambos necesitan una mejora substancial.
La relación entre el nivel de educación y el nivel de bienestar social ha sido demostrada desde hace muchos años. En las últimas décadas se ha establecido una clara correlación entre el enfoque de la educación y el incremento en la calidad de vida. Los académicos han determinado que las naciones que orientan su educación hacia la generación de conocimiento avanzan mucho más rápido. Caso ejemplo son Corea, Singapur y recientemente China.
 |
Las experiencias recientes han demostrado que el esfuerzo de mejora educacional requiere de un enfoque específico para poder insertarse en la economía del conocimiento. Tener una población educada por si solo no basta; se requiere una distribución adecuada de la educación y de una educación orientada a la competitividad. Finalmente , si como dice Michael Porter el autor norteamericano que he citado en varios de mis artículos, el fin último de la competitividad es elevar el nivel de vida de la población, los esfuerzo de los países y regiones deben orientarse a preparar a sus jóvenes para ser competitivos en la nueva economía.
¿Cuáles son las características de un individuo competitivo en la economía del conocimiento? Indudablemente que una sólida formación en las disciplinas básicas como las matemáticas y la comunicación oral y escrita son indispensables sin embargo, dirigir nuestros esfuerzos para que los jóvenes en el sistema educativo mejoren estas características básicas -ya de por si en gran medida inexistentes en nuestro sistema educativo-, no será suficiente. Los actores de esta nueva economía tendrán que poseer un conjunto de habilidades “suaves” hasta ahora solo necesarias en los altos rangos de la administración. Algunas de estas habilidades son la capacidad de analizar y resolver problemas y una excelente comunicación interpersonal (Cappelli et al., 1997; Marshall & Tucker, 1992; U.S. Department of Labor, 1992). El cambio tecnológico y económico ha incrementado substancialmente el requerimiento en habilidades académicas, competencias laborales y “estilos cognoscitivos” que permitan a los miembros de la fuerza laboral enfrentarse al cambio acelerado de nuestra economía. (Katz & Murphy, 1992).
¿C ó mo está el desempeño de los centros educacionales de México comparado con otros países con los que competimos? Me parece que no será una sorpresa para nadie que nos hemos quedado muy rezagados. En una encuesta de Consulta Mitofsky preparada para la Fundación Este País en 2003 se establece: “ Los alumnos de sexto de primaria y tercero de secundaria tienen un nivel de aprendizaje poco satisfactorio en lectura y matemáticas. Los alumnos de las escuelas privadas tienen mejores resultados que los de escuelas públicas y estudian en contextos más favorables” En términos simples, nuestros jóvenes del sistema público de educación tienen pobres habilidades de comunicación, verbal y escrita y pobre capacidad de análisis de problemas que se genera por un buen aprendizaje de las matemáticas. Los alumnos de los colegios particulares son mejores relativamente en estas asignaturas pero no necesariamente al nivel de países avanzados.
Y que no se piense por favor que la causa de estas deficiencias es que somos pobres. Según la encuesta de la OCDE sobre educación del 2006, el gasto en educación como porcentaje de PIB en México permanece aún por encima del promedio de la OCDE. En el 2003, fue de 6.8%, por encima del promedio de 5.9% de la OCDE. Entre 1995 y el 2003, el gasto en la educación primaria y secundaria en México aumentó 49%, es decir, el aumento más marcado en la OCDE después de Turquía, Grecia, Polonia, Nueva Zelanda e Irlanda. www.consulta.com.mx/interiores/15_otros_estudios/oe_panorama_educa06.html
Pero aquí vienen los problemas: Si comenzamos a desagregar los números, vemos que el gasto por estudiante en México es de la tercera parte del promedio de la OCDE (2790/7582 dólares) pero a nivel universitario tenemos que el gasto por estudiante mexicano es de $19,747 dólares, 82 % de lo que gasta Estados Unidos por cada universitario. ¡Que se sigan quejando las Universidades Públicas!
La realidad es que necesitamos una cruzada nacional para mejorar la educación y estoy convencido de que, por lo menos en este sexenio, va a ser muy difícil que el ejecutivo la conduzca (el ejecutivo ha tenido que aliarse al poderoso SNTE). Me parece que es en la sociedad civil donde puede surgir un movimiento de cambio del sistema educativo. Es cierto, tendremos que luchar con verdaderas vacas sagradas, la “autonomía universitaria” las “conquistas del magisterio” etc. etc. Pero si no lo hacemos y muy pronto, el tren ya partió y no tiene regreso.
Necesitamos lograr que los recursos se redistribuyan para fortalecer la educación media. En la universidad es muy tarde para enseñar las habilidades básicas. Necesitamos impulsar la educación tecnológica, la enseñanza de otros idiomas con énfasis en el inglés, la capacidad para manejar las herramientas tecnológicas, la habilidad para el trabajo colaborativo.
Los padres tenemos que aceptar nuestra responsabilidad en la educación y en el manejo de las escuelas. Los maestros, a quienes creo intrínsicamente de buena voluntad, deben de adaptarse al cambio y los gobernantes dejar de tomar a los maestros como “carne de elección”.
Los organismos empresariales pueden ser mucho más participativos. Los clubes de servicio más activos y todos nosotros, sociedad civil, presionar a nuestros representantes en el legislativo para impulsar reformas que premien a quien mejor haga las cosas.
Hay mucho qué hacer y no solo es cuestión de dinero. En gran parte es de distribución de los recursos y sobre todo de enfoque. ¡ Hagámoslo por el bien de nuestros hijos!