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José Luis Díaz Ramírez
Plató 54
Con la colaboración de Miguel Ángel de Alba
luisdiazfoto@hotmail.com
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¿Cuándo y en dónde nace?
El 25 de julio de 1957, en la ciudad de México, a una cuadra de la Villa de Guadalupe de ahí que, como muchos mexicanos, me declaro guadalupano.
¿De ahí proviene su afición a coleccionar imágenes de la Virgen de Guadalupe?
Propiamente no. Después nos mudamos al centro histórico de la ciudad de México y entro a estudiar al Colegio de las Vizcaínas… Me bautizan en la antigua Basílica de Guadalupe y me confirman en la catedral de León, pero creo que haber vivido toda mi infancia en el centro histórico y las visitas frecuentes a la Basílica, marcaron desde muy pequeño mi afición por la arquitectura barroca.
¿Quiénes fueron sus padres?
Mi padre fue Enrique García Naciandi, originario de Cangas de Onís en Asturias, España. Arribó a León en 1940 a poner una fábrica de cajas de cartón, aunque llegó primero a Apizaco, Tlaxcala donde puso una zapatería. Como venía muy seguido a León para surtirse, en una de esas visitas don Juan Andoni le ofreció en venta una fábrica de cajas de cartón. Con la compra de “La Favorita”, que después cambió de nombre a Covadonga y Proveedora de Cajas de Cartón, se inició una tradición familiar en esta industria.
Mi madre, Aurora Ramírez Moreno, era originaria de Guanajuato. Desafortunadamente ambos murieron en 1971, con un mes de diferencia. Soy el mayor y tengo dos hermanas: Virginia y María Esther.
¿Que recuerdos guarda de su infancia, quiénes eran sus amigos?
Nos mudamos del centro histórico de la ciudad de México al centro de León, a Independencia y 5 de febrero, donde fuimos vecinos de la familia Ayala Torres, y Manolo fue uno de mis mejores amigos. De las primeras cosas que viví aquí como niño, a los 10 años, fue un partido de fútbol en el Nou Camp en 1967, cuando se despidió y rindieron homenaje a Antonio “La Tota” Carbajal.
Las imágenes de mi niñez están muy ligadas a la Villa de Guadalupe, al centro histórico de la ciudad de México y al centro de León, por lo que mi gusto por el arte deviene de haber vivido la arquitectura, de haber estudiado en el colegio de Las Vizcaínas. Yo viví el arte porque, irreverentemente, jugaba fútbol en los atrios de las iglesias de Regina, de San Jerónimo… pateaba la pelota a los pies del párroco.
Sigue usted en el fútbol y en el arte…
Mi esposa dice que sufro con mis dos grandes gustos: la cultura y el fútbol. Estamos inmersos en ambas situaciones, pero el fútbol es algo transitorio, como los toros: es mejor verlos desde la barrera, no es bueno para la salud.


Hablábamos de los recuerdos de su niñez, de sus amigos en la calle Independencia…
Llegamos a León y entré a la primaria en La Salle. Me acuerdo de Max Navarro, de Ángel Ruiz Garnica, mi mejor amigo en la primaria y en la secundaria, que ahora es Superior General de los Siervos de María, siendo el primer mexicano en ocupar un cargo de esa naturaleza en una orden mendicante fundada en el medievo.
Recuerdo que me dio mucho coraje el día que me llamó para decirme que se iba al seminario, porque abandonaba al fútbol, a los amigos: su hermano Pepe, Gustavo Pérez Miranda, primo hermano de Eliseo Martínez Pérez y sobrino del cardenal Darío Miranda; Arturo Martínez Pérez, Gabino y Tito Fernández Hernández. Son los amigos que más recuerdo. Más adelante, la familia Marcusset: Don Ricardo y Doña Bertha, con sus hijos René y Ricardo, quienes me abrieron las puertas de su casa y prácticamente me convirtieron en un miembro de su familia después de morir mis padres.
Ángel Ruiz Garnica siguió siendo mi amigo, al grado que casó y bautizó a mis hijas y dio la primera comunión de la mayor, y hemos pasado navidades con él en Roma, donde ahora vive. De los lasallistas recuerdo al hermano Fermín, cuyas maravillosas clases nos comunicaban la pasión por la lectura; al hermano César, al hermano Bernett… mi infancia es muy marcada por el lasallismo y la adolescencia y la vida universitaria por el Opus Dei. Fueron dos corrientes que me marcaron muchísimo. Manuel Alvarez despertó en mí la curiosidad por los viajes; César Rangel, el gusto por la historia, la investigación, y el “Tío Lucas”, como le decíamos cariñosamente al hermano Luis Lozano, la disciplina y las matemáticas.
De ahí me voy en 1971 a estudiar Actuaría a la UNAM, junto con Tito Fernández, y regreso hasta 1988. Allá me casé en 1985, con Gaby, a quien conocí en la Universidad Panamericana, donde estudiaba Administración. En México viví en la residencia panamericana, una casa que gestionaba el Opus Dei, donde convivíamos alrededor de 80 estudiantes, 40 de los cuales eran sinaloenses. De ahí viene mi amistad con muchos de ellos.
Poco antes de terminar la carrera comencé a dar clases de matemáticas en la preparatoria del Instituto Panamericano de Humanidades. Ahí tuve como alumnos a los hijos de Miguel de la Madrid y de Emilio Rabasa, a Guillermo Prieto Treviño, actual presidente de la Bolsa Mexicana de Valores.
Después me invitaron a dar clases de matemáticas financieras, cálculo, estadísticas, y me nombran profesor de tiempo completo y coordinador del área de finanzas de la Escuela de Administración en la Universidad Panamericana. Tuve que combinar mi trabajo en Grupo Nacional Provincial, pero finalmente renuncié y me quedé como miembro del claustro de profesores de la Universidad. Fue una experiencia maravillosa.
En 1982 conocí a Gaby y nos casamos en 1985, en la Iglesia de San Ignacio de Loyola. Tenemos dos hijas, Gaby, la mayor, de 14 años, y María José, de siete años.
¿Cómo fue su ingreso en el sistema bancario?
En 1988, mi compañero de escuela Ignacio Rico entró a trabajar con John Smith, un “headhunter” muy conocido y me comentó que Banamex necesitaba gente en el área de banca patrimonial en León. Fue entonces cuando regresé. Se vino la reprivatización y Carlos Sánchez Urquiza me invitó a la banca comercial, con Jaime Lomelí. Después, Tito Fernández me llevó a Bancrecer, que había sido adquirido por Arnulfo y Librado Padilla. Ingresé en 1991 y estuve hasta 1999 como director regional; me ofrecieron la Dirección General de Bancresur, un proyecto con sede en Tapachula, Chiapas, donde estuve dos años.
Luego Bancreser y Bancresur se fusionaron con Banoro, de Sinaloa, y me nombraron director adjunto de la banca comercial y nos fuimos dos años a México, antes de irnos a Costa Rica, donde me ofrecieron la Subdirección General de Bancrecen, que era de los mismos accionistas de Bancrecer, donde permanecí un año, hasta que decidí independizarme.
Me independizo y fundo Investment, distribuidora de sociedades de inversión hoy muy en boga, pero en 1999 era algo novedoso. Somos una entidad autorizada por la CNBV y la primera empresa de su tipo en el país, por encima de Masfondos, de Televisa.
¿Cómo se inicia su liga con el arte?
De regreso en León conocí a Juan Carlos Gómez Velázquez, con quien formé la Sociedad Cultural Pedregal y comenzamos a hacer eventos de música clásica en la capilla de don Antonio Lomelí, quien fue nuestro benefactor. Hablamos con Rodrigo Moreno, entonces presidente del Consejo de la Cultura de León y nos invitó como consejeros, hace siete años. Juan Carlos no pudo aceptar por sus ocupaciones, pero yo sí.
Después conocí a Federico Zermeño, quien me transmitió sus experiencias de nueve años de consejero y en la administración de Luis Ernesto Ayala me ratificaron como consejero. Posteriormente me nombraron presidente y me ratificaron en la administración de Ricardo Alaniz, por lo que estaría cumpliendo siete años como consejero y seis como presidente.
Ha sido una experiencia importante que pongo arriba de los logros de Investment y del fútbol pero aún hay mucho por hacer. También estuve tres años como consejero del Instituto Estatal de la Cultura y ahora soy miembro del consejo del proyecto cultural Polifórum, a invitación de don Ernesto Gómez, primer presidente de la Fundación Cultural Guanajuato que conjuga la visión de Ernesto Gómez, de Roberto Plascencia, de Jesús Vázquez y de Luis Rodríguez Tirado, gente muy comprometida con la sociedad y con la cultura.
¿Qué es para usted la cultura?
El Hermano César definía la cultura como todo lo que nos enseña la sociedad. La cultura es algo más amplio de lo que absorbemos. El Instituto Cultural de León está acotado por las bellas artes. Cuando alguien nos habla de cultura pensamos en las manifestaciones estéticas, lo lúdico, pero la cultura es algo más amplio, aunque evidentemente el ICL no puede, ni debe, meterse en un campo tan amplio.
¿Qué es para usted el fútbol?
Es la actividad lúdica más importante que hoy practica el ser humano, que hace desaparecer los problemas raciales –hoy es escaparate de manifestaciones raciales, por la potenciación y difusión tan importante que tiene-por eso podemos ver un partido Irán-Estados Unidos. La FIFA tiene más afiliados que la Organización de las Naciones Unidas y, exageradamente, Jorge Valdano define al fútbol como la religión del siglo XXI. No lo es, pero tiene importantes connotaciones sociales y políticas, así como intereses económicos, al grado que la FIFA está en el top ten de las empresas que más facturan en el mundo. Pero sobre todo se maneja muchísima opinión pública. Es el evento social del siglo XX. Por eso muchos políticos se suben a este tipo de proyectos deportivos.
¿Ha participado en política?
No. He estado cerca de los políticos, los respeto mucho, pero necesitamos una clase política mucho más comprometida con los valores nacionales y con lo que representa México. No se ha dado el caso ni he buscado participar en política. Aquí estoy en Investment y con mi participación en el ámbito cultural. El fútbol espero dejarlo dentro de poco.
¿Qué equipo preside?
El Dorados de Sinaloa.
¿No ha participado en el León?
No, no se ha dado la oportunidad. Es otro grupo el que lo maneja. A Sinaloa me llevó como socio Eustaquio Nicolás, uno de mis compañeros y amigos universitarios. Lo compramos en primera A, ascendió y es un proyecto que nos ha quitado tiempo y nos ha dado muchas canas.
¿Es usted coleccionista?
Sí, pero sin ser obsesivo. El hermano de Ernesto Gómez, don Fito, de La Estrella, fue el primero en iniciarme en estos menesteres. Luego Federico Zermeño, David Ramírez, Eduardo Pons acrecentaron la afición, pero se ha dado en forma natural. Lo que más me gusta es coleccionar pinturas, aunque antes tuve el gusto por las antigüedades. Cuando estuve en Chiapas viajaba a Antigua, Guatemala, y ahí adquirí varias piezas.
¿Cuál es su pieza predilecta?
Una pieza atribuida a Juan de Juanes, un pintor español muy reconocido en el siglo XVI. Como yo nací el día de Santiago apóstol, buscaba un Santiago y lo encontré en Toledo. Fue muy difícil de sacar de España y tuve que hacer muchos trámites.
¿Cómo le gustaría ser recordado?
Por lo que pueda hacer en el ámbito cultural, pero en lo masivo. Las casas de la cultura de León son un modelo de convivencia familiar alrededor de los valores culturales. La población de León quiere y está ávida de espacios culturales. León reúne en la Casa de la Cultura “Diego Rivera” a 2,500 alumnos y a 200 en la “Efrén Hernández”; entonces, tenemos una casa y un cachito, cuando deberíamos tener por lo menos 15, estratégicamente ubicadas.
Más bibliotecas y más casas de cultura son necesarias como prevención de adicciones y conductas delictivas. Es un discurso que tiene siete años y que ha encontrado poco eco. Es maravilloso el proyecto cultural Polifórum, pero requerimos de más bibliotecas y casas de la cultura, necesitamos más esfuerzo.
¿Cómo ve a la ciudad de León?
Debemos estar orgullosos de ser leoneses, porque es leonés quien vive en León. Me siento leonés, quiero a esta ciudad que tiene mucha gente tratando de devolver a la ciudad lo que le ha dado, como Roberto Plascencia, Librado Padilla… debemos estar orgullosos de vivir en esta ciudad, que enfrenta el reto de la transformación industrial, de disminuir la dependencia que ha tenido por muchos años del sector cuero-calzado para moverse alrededor de los servicios.
El sector cuero-calzado va a seguir siendo importante, pero el gran reto va a estar alrededor de la llegada de nuevas empresas porque aquí hay mano de obra cualificada, que no es fácil de conseguir. Aquí deben llegar pronto muchas empresas que aprovechen esa mano de obra y que cada día sea menor el peso del sector cuero calzado. La ciudad tiene una ubicación privilegiada y la visión de hacer el proyecto Polifórum marcó el cambio, el cruce de caminos de la ciudad. Las 67 hectáreas de ese polígono son el corazón del desarrollo de nuestra ciudad y el gran reto de la ciudad es la diversificación industrial, la resolución del problema del agua y la formación de infraestructura cultural. Esos son los retos para los habitantes y para los políticos leoneses.