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Yolanda Ivette Castillo Vázquez
Revista Líder Empresarial
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Reyes López Reyes a sus 61 años de edad es pura alegría y energía. Desde hace tres se disfraza como “Chavo del Ocho”, el más famoso personaje de Roberto Gómez Bolaños que le hace ganar el afecto de todo niño que visite el centro de la ciudad de Aguascalientes y le vea. Siguiendo el consejo de uno de los más importantes industriales del estado, el Sr. Jesús Ma. Romo –hace varias décadas, su patrón- dejó su trabajo para dedicarse por completo a la actividad que más le satisface: la magia y la prestidigitación.
¿Cómo es que llega a este lugar y con esta caracterización?
En realidad mi profesión es mago, ilusionista o prestidigitador que significa “manos rápidas”. Tengo 42 años en esto, divirtiendo criaturas aunque ahora más bien divierto a los hijos e incluso nietos de muchos de los que vieron mis funciones hace muchos años, cuando era yo joven. Algunos guardan testimonio de eso con fotos o video.

¿Siempre se dedicó a esto?
Pues trabajé en la empresa JM Romo donde al Sr. Jesús María Romo, un gran emprendedor y hombre de negocios –a quien le gustaba mucho la magia, por cierto- le pedía permisos continuamente para poder hacer mis funciones, hasta que un día me aconsejó que mejor me dedicara a eso por completo. Me dijo “Mira, dedícate a lo tuyo en eso sacas más, pero trata de obtener el sustento de diferentes formas; tu tienes esa capacidad” y al consejo de un gran empresario, no puede dejar de hacérsele caso.
¿Cuánto tiempo estuvo trabajando en esa empresa?
Ahí trabajé alrededor de quince años; hacía prácticamente todos los pendientes en los que fuera necesario salir a la calle: pagos en los bancos, llevar la raya de los trabajadores, ir a Hacienda, Telégrafos, etcétera…
¿Con qué otras actividades combinó sus presentaciones como mago?
Con la ventriloquia, fabricando muñecos. También como árbitro de fútbol trabajaba cuando no tenía funciones pero lo mío era la magia. Una vez de casualidad me vestí de Chavo del Ocho, y me gustó mucho porque tengo grandes recompensas: las caritas de los niños que vienen y me saludan, me besan, me traen dulces, una paletita, bueno, hasta me traen tortas de jamón. Es una cosa bonita de verdad. Yo les regalo un globito y ellos en su defecto me dan uno, dos, cinco pesos, lo que sea.
¿Hay personas que dependan económicamente de usted?
Sí, mi esposa y una de mis hijas. Mis otros hijos ya no viven con nosotros porque son casados pero todos fueron profesionistas y los recursos salieron de mis presentaciones, de la magia, el arbitraje y la fabricación de muñecos de ventriloquia.
Muchas personas salen a trabajar en la calle, orillados por una determinada situación o falta de oportunidades; en su caso vemos que es por decisión propia y por amor a su profesión…
Así es, es por amor a lo que hago. Estoy aquí en mis ratos libres pero voy a las escuelas a promover mis funciones, a las ferias en los teatros del pueblo y he trabajado en los circos aunque decir “trabajar” es un supuesto porque hacer una cosa que a uno le gusta no es un trabajo. Dios me dio esa dicha de ganar los centavos “sin trabajar”, se puede decir y le agradezco que me deje amanecer, tener salud y como en todo, a veces se tienen problemas económicos pero siempre he salido adelante gracias a mi oficio y teniendo mucha fe en lo que hago y en dios.
¿Ha tenido alguna dificultad por trabajar en la vía pública?
En la fachada de esta tienda donde me encuentro me dan oportunidad de colocarme; sólo en una ocasión los señores de reglamentos trataron de amonestarme pero ya viendo que soy atractivo aquí en el centro porque muchos niños vienen a ver “al Chavo” ya no me han molestado.