ELLOS SON
Arturo Joel Padilla Urenda
 

José Luis Díaz
Plató 54
luisdiazfoto@hotmail.com

Arturo Joel Padilla, nació con el arte en sus venas. Apenas con 6 años de edad, descubrió él y los que le rodeaban el innegable talento que poseía para el dibujo y la pintura, que en un futuro se convertiría en más que una afición: una forma de vida y sustento, un don que debía aprovechar… “De niño, recuerdo que me concentraba tanto, que un día estaba dibujando con el lápiz de color y de pronto el silencio me despertó de la atención que tenía sobre el dibujo. No vi a nadie en el salón: todos estaban detrás de mí, viéndome dibujar”.

¿Cuándo y en dónde nace?

En la ciudad de Aguascalientes hace 72 años, pero me adopté leonés el tres de noviembre de 1955. Mi padre, Hipólito Padilla, amaba la pintura pero era trabajador ferrocarrilero. Emigró a los Estados Unidos antes de que yo naciera y, al regreso de uno de sus viajes, cuando yo tenía seis años, me regaló un estuche profesional de pinturas... Era un ser humano inquieto, que vivió su tiempo y su lugar. Mi madre fue María del Carmen Urenda. Fuimos cuatro hermanos: Alfredo (†), Gloria (†), Gilberto y yo.

¿Qué pasó con esas pinturas?

Despertó algo que estaba dentro de mí; mi pintura era formal, no era el simple juego con los colores... Había algo de eso pero sigo creyendo que era parte del placer del niño de disfrutar del color. Mi primer caballete fue una silla, luego un banquito…

Entras al colegio y descubres que dibujar es un placer. Todos buscábamos la hora de dibujo porque era como un momento de descanso, de recreo. Recuerdo que me concentraba tanto, que un día estaba dibujando con el lápiz de color y de pronto el silencio me despertó de la atención que tenía sobre el dibujo. No ví a nadie en el salón: todos estaban detrás de mí, viéndome dibujar.

Hay personas que nacen con ese don, con esa capacidad de poder desarrollarse en este ejercicio porque dibujar no es el simple hecho de hacerlo: es sentir, es saber ver… algunos lo tenemos pero muchos no lo han descubierto; el dibujo forma parte de ti, no es algo independiente de tu naturaleza.

 ¿Dónde estudió?

En el Motolinia, un colegio mixto, segundo y sexto años; el resto, en el Colegio Portugal. Antonio Lomelí y Heriberto Llamas (†) son dos compañeros que recuerdo.

¿Cómo se da su desarrollo dentro de la pintura?

La vida de los seres humanos no es igual. Buscaba cómo desarrollarme más en el dibujo. Tienes imágenes, y en Aguascalientes había imágenes muy fuertes: en el campo de la caricatura, de la ilustración, estaban Guadalupe Posada y Antonio Arias Bernal, cuyos dibujos me fascinaban.

En 1953, estaba en el bar Madero con Antonio Arias Bernal después de salir del periódico –fui el primer ilustrador de un diario de Aguascalientes- porque me gustaba platicar con él, tomar la copa; ahí conocí a gente que era cotidiano ver porque era parte de un mundo natural para mí -como Nemesio García Naranjo y Alberto Isaac- y, sobre todo, seguir con esta inquietud de buscar las imágenes que conoces. Ahí José Vasconcelos pidió conocerme y me invitó a visitarlo en México porque quería saber qué iba a ser de mí. Con esas vivencias te alimentas, porque vives un mundo muy diferente.

Hay imágenes importantes de Aguascalientes, como Saturnino Herrán, Manuel M. Ponce; era un mundo que tocabas, era tu casa. Hay imágenes importantes en relación con la música, la pintura, el grabado. En León, a principios del siglo XIX era Mateo Herrera y, a finales, Jesús Gallardo, quienes nos dejaron una herencia importante.


Pequeño gran artista
Durante su niñez, conoció el talento con que había nacido y vocación por el dibujo y la pintura.
En la gráfica el día de su primera comunión

¿A quién buscaba seguir?

En la pintura, a Saturnino Herrán. En el campo de la caricatura política –donde por cierto no me pagaron ni un centavo- firmaba como Pierre, y recuerdo que había un gobernador interino muy criticado por los medios. Además de ilustrador en el periódico, trabajaba por las noches como empleado de ferrocarriles y me seguían unos judiciales. Tenía 19 años… después descubrí que era un instrumento de los hombres que están en pugna.

En la caricatura periodística ¿hay un compromiso, una visión de la sociedad?

Hay una falta de conciencia de lo que realmente está sucediendo. Pero lo que pasa en ti es la posibilidad de ver impresos tus dibujos; casi era una fantasía que se publicara un dibujo tuyo pero sobre todas las cosas estaba el gran deseo de estar dibujando: iba al periódico todos los días, de seis a diez de la noche y hacía ilustraciones para deportes. Mi deseo era dedicarme por completo a dibujar… y cuando llegué a León a donde iba por diez días a la Editorial Panamericana, con Gabriel Vargas, ese sueño casi se hizo realidad.

¿Qué hizo en León?

En 1955 llego a hacer trabajo comercial, supliendo a Carlos Gómez, un extraordinario dibujante a quien la adicción al alcohol volvió irresponsable. Él hizo que me quedara en León, porque ya no regresó y me quedé haciendo los anuncios para las Fábricas de Francia: de moda, de muebles... Manejábamos materiales que ya no existen. En ese momento decía ¡Guau, qué maravilla! ¡Estoy realizando un sueño a mis 21 años!


Su pintura... "El vínculo con la vida. El modo de descansar mi mente"

¿Con quién se contrata entonces?

Con El Sol de León, de donde pasé a El Heraldo. Me interesaba seguir mi proceso, no quedarme ahí. Después me encontré en Aguascalientes con Pedro Lozano, subdirector de El Día, en la ciudad de México, y quise concretar la intención de ir a la ciudad de México, para convertirme en triunfador. En Aguascalientes, en León, no había universidades; no tenías dónde estudiar, pero tenía un sueño, un sueño que perseguir.

Un día me encontré con dos actividades que me quedaron perfectas: ser el encargado de ABC publicidad, de las ocho de la mañana a las cinco de la tarde, y colaborar en El Día… pero Pedro Lozano me iba a pagar 100 pesos por cartón y yo no podía vivir con eso. ¡Ahí rompí mi sueño de la ilustración, del cartón, para dedicarme a la pintura!

¿Dónde aprendió a pintar?

Aprendí haciendo: aprendí pintura en los museos de la ciudad de México a donde fui durante casi un año. En el Museo de Arte Moderno fui a descubrir a gozar la evocación de la creación… que luego se convirtió en una necesidad; ahí conocí la obra de Henry Moore, los caballos de Venecia -me preguntaba cómo los habían hecho- Soy un autodidacta.


"Soy un autodidacta"
Con 18 años de cátedra universitaria, aprendió pintura haciendo en los museos
de la ciudad de México a los que acudió durante casi un año

Sin embargo, lleva 18 años en la universidad, enseñando…

Cuando ya no pude seguir estudiando, a los 14 años, comencé a incorporarme al trabajo en Luévano y Ortega, leoneses radicados en Aguascalientes, que fabricaban papel para cuadernos. Mi vida ha estado siempre ligada al papel, a la tinta.

Le toca trabajar por la familia…

Me casé con una persona muy sana, a quien cuando conocí pensé que sería la madre ideal para mis hijos. Y así fue: María de Jesús Córdoba. El día que fui a pedir permiso para una relación formal, estuve hablando con su papá, el fotógrafo Córdoba, cerca de una hora, de pintura. La petición se hizo en diez minutos.

¿Cuántos hijos tienen?

Tres: María del Carmen, Leticia y Arturo Joel, arquitecto.

 ¿Cómo haría un retrato de Arturo Joel?

Mi exterior proyecta algo que yo sé que no saben que está dentro de mí: un hombre temeroso, lleno de miedos, muchos de ellos enseñados. Una persona introvertida, que en el proceso de la vida traté de trascenderlo. Cuando voy a dar una plática, una conferencia, tengo miedo. Lo que más me desagrada de mi existencia es esa pareja con la que nací; somos como dos personas, esos miedos que están siempre a mi lado, que no puedo divorciarme de ellos. Si hiciéramos una reflexión, veríamos que todos los tenemos. ¿Por qué la gente se vuelve adicta? Porque quiere silenciar a sus demonios internos, quiere olvidar, aquietar la cabeza; queremos aparentar lo que no somos; la mayoría de la gente vive una transformación. Es parte de la historia del hombre.

Más que pintar o dibujar, me interesa la esencia de los seres humanos: preguntarnos quiénes somos, por qué actuamos como lo hacemos. ¿Por qué no podemos ser conscientes y tener un gran compromiso de ser mejores seres humanos? No es posible que las ciudades estén enfermas, que se estén destruyendo. Lo más importante es ser seres humanos, no máquinas; ser conscientes de que tenemos el privilegio de la existencia y estamos por sobre todas las cosas. Todo lo demás son egos. No hay culpables, que quede claro; todos somos responsables, pero nadie queremos serlo.

¿Cómo transmite a sus hijos estas experiencias?

Nosotros heredamos las estructuras mentales de nuestros padres, como ellos lo hicieron de sus padres. Nunca pude aceptar el debes y el tienes; siempre lo rechacé y tampoco lo aplico; me parece fuera de respeto hacia los demás. Con mis hijos, trato de estar al cuidado de su desarrollo individual, no metiéndolos a mis egoísmos o compartiendo mis miedos con ellos. Hay que cuidar nuestra salud física y mental.

¿Cuáles han sido sus experiencias de vida?

¿Por qué puedo hablar de esto con cierta vehemencia? Tuve un hermano enfermo, esto no es teoría; fue una experiencia terrible. Mi hermano era un estudiante brillante y enfermó de esquizofrenia. Estuvo enfermo de los 20 a los treinta y tantos años, lo que desquició a toda la familia. Fue una cosa terrible y esto te lleva a una reflexión enorme, porque formas parte de ello, forma parte de la naturaleza humana, aunque eludimos esa responsabilidad.

Al descubrir cómo una persona que tenía todas esas cualidades se transforma, no por su deseo, te preguntas ¿por qué él y no yo? Es un dolor tremendo. Y en nuestra sociedad suceden estas cosas más frecuentemente de lo que imaginamos, pero no nos enteramos porque ocurren al interior de las familias. Los jóvenes que se suicidan… es falta de salud mental. Yo no estoy sano mentalmente. Soy uno más que vive con sus propias patologías y busco la forma de trascenderlas.

¿Por qué estuvo a punto de morir?

Viví una depresión grave, de las de muerte, de esas que llaman los médicos la depresión mayor. Descubres, primero, que estás solo; los deseos que tenemos porque las cosas sucedan es grandísimo, son una ausencia total de conciencia de la realidad; ¿cómo puedo ampliar el conocimiento, cómo puedo ver de una forma más integral la realidad? Platón decía que sólo vemos el reflejo de la realidad; el día que estemos en la realidad quedaremos asombrados. El compromiso es ese: acercarnos a la visión de la realidad.

¡Toqué fondo! Me sentía atrapado en un cubo, que flotaba en el espacio. Esa experiencia me llevó a descubrir cosas hermosas, porque me di cuenta que estaba atrapado en el fondo de los conceptos: tienes que ser un triunfador… hablamos del amor, de la belleza, del arte, pero nadie sabe qué es eso. Estamos perdidos en el mundo de los conceptos.

Descubrí que nunca debemos vivir sin la fe. Si dejas de estar en contacto con la parte no material, te mueres, te autodestruyes. ¿Cómo salir de eso? Tenía dudas de si iba a salir de esa situación, si alguna vez me iba a sentir bien

De Erich Fromm, de Anthony de Mello pasé a la filosofía asiática. Fromm dice que el zen y el psicoanálisis son mundos paralelos que llegan a un solo lugar: el conocimiento de nosotros nos permite curarnos, porque la enfermedad que padecemos es colectiva. ¿Cuál es esa enfermedad? lo relaciono con los temores, porque no somos capaces de descubrir el regalo de Dios, que es la existencia.

Me fui a la filosofía oriental y descubrí cosas hermosas, como la meditación que las cosas son para el hombre, no para las cosas, y la parte del espíritu, la energía, la recuperé poco a poco. Anthony de Mello dice que adoptó un árbol. Entonces yo iba a correr a la Deportiva, adopté un árbol y me abrazaba a él.

¿Qué le dice Víctor Frankl?

Víctor Frankl se iba a hacer meditación entre los cadáveres porque era el único lugar donde podía encontrar tranquilidad. A pesar de ser prisioneros de guerra, él y un científico sobrevivieron. El científico decía que lo que estaba creando nadie lo podía hacer, por lo que tenía que vivir para terminarlo. Víctor Frankl sobrevivió por el amor que le tenía a su esposa, sin saber si vivía o no. Es un impulso enorme en tu interior para poder seguir teniendo sentido tu existencia.

La sociedad avanza rápidamente, pero no somos mejores; como seres humanos dejamos de evolucionar: seguimos como zombies, atrapados por la fuerza de la costumbre.

Frankl me lleva a reflexionar sobre el sentido de la vida, el cual perdí. Nos gustan las cosas cómodas, queremos que todo nos llegue… por eso a veces no hacemos caso a la filosofía popular -ayúdate que yo te ayudaré- y queremos que Dios nos resuelva todo; olvidamos la fuerza de la fe, que nos lleva a resolver todo.

Esas experiencias ¿las lleva al caballete?

Un día descubrí que soy lo que pinto. Ahí me puedo observar. Y cuando me ví en mis pinturas, sentí mucho dolor por verme jodido, por el dolor que todos conocemos y no sabemos que existe porque no lo queremos evocar, porque buscamos más las apariencias; no nos desnudamos porque duele. Generalmente tenemos que decir que nos duele algo para sacar el dolor interior, pero debemos dejar de ser egoístas, dejar de pensar en nosotros mismos.

¿Qué representa su pintura?

El vínculo con la vida. El modo de descansar mi mente, para no estar pensando tonterías. Es terapéutico. Soy una persona afortunada: conozco mis temores y los tiro a la basura. Entonces me siento bien, libre; me quito la dependencia, las actitudes necrofílicas de la sociedad, porque actuamos más en el sentido de muerte y no en relación de la vida; pensamos en mí, no en ti; cuando estoy contigo, estoy conmigo. No te amo a ti, me amo a mí porque estoy contigo. Tengo que dejar de pensar en mí para pensar en los demás.

¿Es afortunado?

Sí, porque tengo la riqueza de mis amigos. No tengo muchos, pero son de calidad. La amistad la condicionamos en nuestra sociedad, pero la amistad no es condición: es una forma de amarnos y el amor es un estado del ser, una ausencia de temor. Si quito mis temores, estaré viviendo algo bello.

En mis pinturas hay algo de dolor, de honestidad, de sinceridad. Y creo que ese dolor ya va a desaparecer de mis pinturas. ¿Cómo no iba a estar el dolor en mis pinturas, si yo era así?

¿Qué lo inspira para seguir pintando de tiempo completo?

Para mí es una sorpresa, aunque es algo que he anhelado toda la vida. Tengo la posibilidad de asomarme más de cerca a lo que somos los seres humanos: seres vivos, y despertar a esa realidad. Si estás cerca de la naturaleza, de la vida, no puedes morir; tienes un gran incentivo para seguir viviendo, para dar evidencia de que sí se puede vivir en paz en un mundo que se está destruyendo.

Pero necesitamos amarnos primero… y para eso tenemos que dejar de ser egoístas, dejar de ser soberbios; quitarnos todas las emociones que nos destruyen.