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José Luis Díaz
Plató 54
luisdiazfoto@hotmail.com
Con la colaboración de Miguel Ángel de Alba |
Para Jesús Vázquez García, el éxito sólo puede medirse cuando se abandona este mundo dejando un recuerdo amable, agradable. Hombre de triunfo en la política y los negocios, considera que la superación dependerá de lo que pueda uno aportar al entorno… “Voy a servir a los demás como empresario, como hombre dentro de una comunidad, como mexicano y sigo y seguiré trabajando por alcanzarlo”, enuncia.

¿Dónde y cuándo nace?
Soy orgullosamente leonés, del barrio de San Juan de Dios. Nací el tres de diciembre de 1945 en la calle Vicente Guerrero, en el seno de una familia unida de nueve hermanos y unos padres, María de Jesús García y Ángel Vázquez Negrete que nos dieron ejemplo de trabajo, de bondad; que nos enseñaron a trabajar, a respetar a los demás y que, desde un principio, nos enseñaron el compromiso de trabajar y de hacerlo bien.
¿Qué recuerda de su niñez?
Recuerdo con mucho cariño mis trabajos en vacaciones. El primero fue a los siete años, en “El Libro Mayor”, papelería, librería e imprenta de don Carlos Markasusa y de doña Luz Díaz Infante. Me pagaban cinco pesos a la semana, que distribuía entre mi madre, ahorrar y darme mis “gustitos” -algunos dulces o cualquier pequeñez-.
Mis padres nos enseñaron a ahorrar, a disfrutar de lo obtenido en el trabajo y a ser siempre responsables, a dar algo a la familia. Después trabajé en el taller mecánico de la Chevrolet del Parque, con el maestro Pepe Gutiérrez; luego, en las Fábricas de Francia, con don Luis y don Pedro Pons.
¿Dónde realizó sus estudios?
En el Colegio La Salle y en el Instituto Lux. Tuve mi experiencia en la Comercial Bancaria y durante medio año me mandaron a tener una formación más ordenada al Colegio del Padre Lira, al Instituto Lourdes. Después estudié la preparatoria en la Universidad Militar Latinoamericana. De todos tengo grandes recuerdos y grandes amigos.
¿Qué le dejaron los hermanos lasallistas?
Una formación de valores, de principios, de respeto…
¿Y los jesuitas?
Me identifiqué mucho con ellos porque el pensamiento de su fundador, San Ignacio de Loyola me convence y lo llevo en mi corazón y en mi mente. El amar y servir, el ser hombres y mujeres para los demás, es algo que llevo conmigo.
¿Y el Padre Lira?
Una disciplina muy estricta, de mucha formación. Lo recuerdo con cariño.
¿La educación militar…?
Ahí aprendí lo que era la disciplina, el orden, la lealtad y querer mucho a México. Soy un hombre nacionalista. Todos los días pienso ¿qué puedo hacer por México? Y en mis actividades busco cómo poner mi granito de arena para dejar a las futuras generaciones un México mejor de cómo nos lo entregaron nuestros antecesores.
Nada más estudié hasta preparatoria, porque me vine a trabajar. Mi padre estaba en la política y no podía atender el negocio por lo que nos pidió -a Ángel, mi hermano, y a mí- que viniéramos a ayudarlo. Ángel siguió estudiando y yo me dediqué a los zapatos. Soy zapatero de vocación, de formación y de convicción. Me gustan los zapatos, nací entre ellos y la vida me ha dado la oportunidad de también desarrollarme entre ellos.
¿Qué recuerda de su niñez?
Mi niñez fue muy feliz. No recuerdo nada negativo, nada malo. Como fui el quinto hijo, era el “sándwich” con mis hermanos: Magdalena, Lala (Eulalia), Ángeles, Ángel (qepd), Paqui (Francisca), Pepe (José María) (qepd), Failo (Rafael) y La Chata (Luz María).
¿Quiénes eran sus amigos?
Mi capital siempre han sido los amigos con los que he contado. La amistad es una de las cosas más grandes que hay. La familia y la amistad son prioritarias en mi vida. Respeto a mis amigos, los quiero y los acepto tal como son. He aprendido mucho de ellos. Conservo amigos desde la primaria, pero Dios y mi Ángel de la Guarda son mis mejores amigos.
Me gusta mi religión, sin llegar al fanatismo. Trato de practicarla. Me gusta estar cerca de los valores que mis padres me fomentaron desde pequeño y trato de acercarme cada día más con Dios, platicando con él.
¿Hay alguien en quien usted se inspire?
Soy de lecturas sencillas. Me gusta la filosofía de Og Mandino, de Peter Drucker, de grandes políticos como Adolfo López Mateos, Juan José Torres Landa y mi padre, don Angel Vázquez, gente que hizo un gran esfuerzo por servir a los demás. Admiro a Juan Pablo II, a la madre Teresa de Calcuta y a Vicente Fox.
¿Qué le deja ser hijo de un ex presidente municipal?
Me sensibilizó para sentir más de cerca las necesidades de la población; vi cómo mi padre se entregaba para dar mejores servicios con respeto a la ciudadanía. En varias ocasiones nos dijo que estábamos comprometidos a dar lo mejor de nosotros a los demás y respetarlos por la oportunidad que a él le daban de servir. Somos gente comprometida con la comunidad.
Además, haber sido primer regidor y primer síndico municipal me dio la oportunidad de conocer los problemas de la gente y ver que hay mucho por hacer. Yo nací para servir y así voy a continuar hasta que Dios me recoja. Voy a servir a los demás como empresario, como hombre dentro de una comunidad, como mexicano. Hay muchas trincheras desde las cuales se puede servir.

Joven de espíritu emprendedor: con Adolfo López Mateos, a los 19 años
¿Cuál es su mayor satisfacción?
El que en 1978-79 me hayan dado la oportunidad de ser presidente de la Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato –CICEG-; que me hayan tenido la confianza para ser el primer director del Centro de Convenciones de León, y ahora vivo con la ilusión de poner mi granito de arena para el Museo Nacional de la Piel y del Calzado –MUNPIC-.
Trabajar en el turismo federal, en el área de turismo de negocios, también me da mucha satisfacción porque aporto algo de lo poco que sé y lo hago con mucho gusto.

Siempre promotor del cambio y del progreso en su ciudad.
En la gráfica, instalando la primera Piedra del Centro de Convenciones de León.
¿Qué significó recibir el San Crispín?
Tengo un gran agradecimiento y lo recibí a nombre de todos los que me han ayudado en la vida. Puedo decir que Dios me ha dado muchos ángeles de la guarda, representados por gente buena, que ha tenido confianza en mí, que ha creído pues realmente deseo servir a los demás. Ángeles de la Guarda que se manifiestan en gente como Pepe Noriega, como Gustavo Velázquez, y de manera muy especial recuerdo don José Julio Ramírez. Todos ellos me ayudaron a salir adelante y siempre confiaron en mí como nuestros proveedores, clientes y colaboradores, que han creído en una empresa con alto espíritu de superación, con deseos de hacer mejor las cosas cada día y, sobre todo, tomando muy en cuenta el factor humano. Entre ellos el apoyo de mis hijos, José de Jesús como gerente general y de Ana Paulina en desarrollo Humano.
¿Cuándo y en dónde conoce a Constanza Rico, su esposa?
La conocí en 1962, en unas vacaciones de la UMLA, en su casa, en la colonia Andrade. Reconozco todo el apoyo que me ha brindado, aunque sé que no le ha sido fácil aceptar muchas de mis ausencias por servir. Gracias a Dios este año cumplimos 40 de casados. Nos casamos en 1966, el 26 de diciembre, en el Santuario de Guadalupe, fecha en que cumplían 20 años de casados mis suegros, don Juan Ramón Rico y la señora Boni Meade, quienes fueron como otros padres para mí.
Al regreso del viaje de bodas, mi papá me dijo que ya era harina de otro costal y tenía que trabajar por mi cuenta. Me dio mucho gusto, pero también mucho susto, porque era inexperto, cometí muchos errores y tuve momentos difíciles y comprometidos, de los cuales pude salir gracias a mis ángeles de la guarda. Todo era rezar y llorar, pero tenía confianza en Dios, en los demás y, por supuesto, en mí, en que podría salir adelante. Monté entonces mi primera fábrica, Lord Jim, de zapato de hombre.
Afortunadamente, todos los problemas que tuve los convertí en oportunidades, con una actitud firme, decidida, consciente de mis limitaciones para equilibrarlas con las buenas voluntades que hay en el mundo para ayudarlo a uno.
El 15 de noviembre de 1967 fui padre por primera vez, de Jesús. Después vinieron Boni, Pavis y Denisse, todos buenos hijos, muy respetuosos, muy cariñosos y quienes me han ayudado. Luego han venido 13 nietos, de los cuales la mayor, Paola, cumple 15 años en este mes.
Entonces, hay una serie de niños y niñas que te mantienen con una gran esperanza en las nuevas generaciones y muy agradecido con Dios, que me ha dado más de lo que merezco, razón por la cual estoy comprometido a dar a los demás. No es una gracia lo que yo hago, es un compromiso.
Cuando nació Chuy, yo tenía 21 años. Era muy joven, pero ahora, a los 61, tengo la oportunidad de ver a las nuevas generaciones, de jugar con ellos, de platicar como amigo con mis hijos, con mis nietos. Como papá, uno tiene que formar a los hijos; como abuelo, nada más chiquearlos.
¿Por qué etapas ha pasado en el trabajo?
He incursionado en cosas donde la gente cree que puedo ser útil. Me esfuerzo por tratar de cumplir con esa confianza que depositan en mí.
Como hombre de empresa, creo que los empresarios tenemos una hipoteca social que pagar, que retribuir a la sociedad por darnos la oportunidad de desarrollarnos. Siento que la estoy pagando y que me falta mucho.
¿Ha incursionado en la política?
Sí, como primer regidor municipal en la administración de Harold Gabriel. Fue una gran experiencia, como comisionado de Hacienda y Reclusorios. Después, con Antonio Hernández Ornelas y con Arturo Villegas Torres, como primer síndico, comisionado de Hacienda y Educación. Lo hice con gran gusto.
Después fui candidato a diputado federal. Los votos no me favorecieron y regresé a mis actividades. Con esa derrota aprendí que a veces se gana y otras se pierde. Gracias a Dios yo tenía mi empresa a donde regresé a seguir desarrollándome.
Interpreto la política como una oportunidad de servir a los demás y desde mis actividades la desarrollo en bien de mi comunidad y del país. Generar fuentes de empleo es servir. Así lo interpreto yo, la política es servicio.
¿Se siente una persona frágil?
No. Soy muy sensible, pero mi formación en el hogar y la milicia no me permiten ser frágil. Me emociona ver felices a los demás; la sonrisa de un ser humano me hace vibrar... Y si yo colaboro en esa felicidad, más.
¿Cuáles son sus pasatiempos?
La fotografía. Se me hace algo trascendente. He sacado miles de fotografías, porque son un punto de referencia. Yo quiero ver a mi ciudad cada vez más superada. Con mis fotos trato de captar lo mejor de otras ciudades para buscar que algún día lo tenga la mía. Y, por otro lado, disfruto mucho un amanecer y poder dar gracias a Dios por vivir un nuevo día y ser mejor. El atardecer me trae paz, tranquilidad, y la satisfacción del deber cumplido. La fotografía es una oportunidad de trascender.
¿Por qué el empeño en construir el MUNPIC?
Soy depositario de un anhelo de muchos años de gente que puso un gran empeño en que se construyera en León como una reafirmación de nuestra identidad y como un reconocimiento a obreros y empresarios que han construido las industrias de la piel y del calzado que han dado brillo a la ciudad.
La CICEG me invitó, por conducto de José Antonio Salim, a hacerme cargo del proyecto que iniciaron Carlos Julsrud, Antonio Romo Hernández y el Tecnológico Regional. Iniciamos el 16 de junio de 2003 y estamos trabajando con un grupo de personas identificadas en el deseo de dar a nuestra ciudad un museo que será orgullo de la región del estado y del país, porque va a ser un museo de primer mundo.
¿Sería su gran obra, la obra de su vida?
No. Mi gran obra será que cuando yo ya no esté me recuerden con cariño, como un hombre de bien.
¿Qué le gustaría dejar como herencia a sus hijos y a sus nietos?
Un ejemplo de hombre trabajador, de empresario ético con un liderazgo integrador, transformador y humanístico, que buscó poner lo mejor de él en los equipos de trabajo en que participó, capaz de crear una empresa altamente productiva y plenamente humana.
¿Cómo quisiera ser recordado?
Mi máxima aspiración es ser un hombre respetuoso, respetado y respetable... Tengo que trabajar mucho para lograrlo. Me gustaría que me recordaran como alguien que logró el equilibrio como empresario, entre lo económico y lo humano. Y que quede bien claro que para mí la familia es lo primero
Pensé una vez en volar.
Realmente no pudo ser,
Necesitaba unas alas
Y no las podía tener.
Después pensé en correr.
¡Y eso sí que lo logré!
Aunque después de mi tranco,
Yo cansado me senté
Y llegué a la conclusión
Que ni volar ni correr,
Más vale vivir la vida,
al paso que debe ser.