ECONOMÍA INFORMAL

La lucha de la vida

 

Yolanda Ivette Castillo Vázquez
Revista Líder Empresarial

En México, la lucha libre es un deporte que por muchas décadas ha deleitado a un público heterogéneo, pero integrado en su mayoría, por la población infantil. Esos héroes y villanos, que despiertan admiración o aversión sobre el ring, han sido la motivación para que una familia, integrada por dos pequeños y sus padres decidiera salir a las principales avenidas de nuestra ciudad y montar un número acrobático sobre los cruces peatonales donde, además de emular a sus ídolos del cuadrilátero, buscan provocar una sonrisa y principalmente, encontrar la forma de subsistir. Líder Empresarial platicó con Ana Hilda, madre de estos intrépidos niños y compartió lo que a continuación presentamos.

¿Cómo nace la idea de venir a un cruce peatonal y hacer este espectáculo?

A todos nos gusta la lucha, en especial a los niños, quienes desean algún día ser profesionales pero en un principio comenzamos a venir porque tanto mi esposo como yo no teníamos trabajo. El se dedicaba a hacer trabajos que le surgían esporádicamente, como pintar una casa o algún trabajo sencillo de albañilería y yo en algún momento trabajé en una fábrica de plástico en San Juan de Los Lagos, de donde somos originarios. Aquí tenemos ya cerca de 10 años, a donde llegamos en busca de nuevas oportunidades.

¿De qué forma les reciben los automovilistas?

Bien, porque a la mayoría de la gente le gusta la lucha. Algunos que se molestan, lo hacen por dos razones: creen que les pegamos a los niños o los golpeamos mientras hacemos el número y otros, porque piensan que les explotamos al traerlos a los semáforos. Esas personas que se molestan no saben que estamos aquí en gran parte porque los niños quieren hacer esto y sueñan con ser algún día luchadores profesionales. Otras personas también nos felicitan, porque participa toda la familia en esta actividad, lo que significa que estamos unidos, cuidando y vigilando de esta forma a nuestros hijos, evitando que adquieran vicios. Vamos ya por el segundo año de estar haciendo esto y se puede decir que en general nos ha ido bien.


Los pequeños apasionados de la lucha libre, Jorge Adrián de 10 años y Jaime Fernando de 9, tienen ya decididos sus nombres profesionales: Niño del Limbo y Halcón Galáctico.

¿Los niños asisten a la escuela?

Si, por la tarde y aunque no está bien que yo lo diga, son muy inteligentes, muy aplicados. A esto de la lucha le dedicamos una hora y media o dos horas diarias, por lo que no permite que se distraigan de las obligaciones de sus estudios. Los dos van muy bien, son muy responsables. Algunos de sus compañeros los han visto aquí y sus maestros saben que luchan y los apoyan.

¿Le gustaría tener un trabajo formal?

Sí, claro que me gustaría tener un trabajo estable, con un sueldo seguro porque aquí no se sabe. A veces nos va bien y por lo menos sin comer no nos quedamos. Para lo que ocupan los niños en la escuela también sale de aquí pero además tenemos un bebé de un año y medio y los pañales y la leche generan otros gastos, pero vendemos hamburguesas por la noche en nuestro domicilio y con eso nos ayudamos un poco más. La verdad no he buscado un trabajo así porque como ya comenté, esto me permite estar al pendiente de mis hijos. Lo bueno también de un trabajo estable son los servicios médicos, porque al estar así, no contamos con ellos.

 

¿Qué razones les llevan a trabajar en los lugares donde lo hacen?

Pues aunque sí buscamos los cruceros de mayor afluencia, más bien trabajamos donde se puede. A menudo llegan los policías y nos dicen que no podemos estar aquí, que nos retiremos pero no entiendo por qué se portan así, si no hacemos nada malo, estamos sólo trabajando; malo sería si le faltáramos el respeto a los conductores y nosotros a diferencia de los que piden limosna tratamos de hacer algo para alegrar a la gente, de ganarnos la vida dando algo a cambio. Afortunadamente hay quien sí aprecia nuestro trabajo, por lo que nos han contratado, sobre todo a los niños para ir a fiestas infantiles con el espectáculo. También en una ocasión alumnos de una universidad los llevaron como parte de un homenaje que hicieron a El Santo, lo que llevó al grupo a ganar un premio. La verdad es que esto nos ha llevado a tener muchas satisfacciones y la más grande es que nuestros hijos hacen esto que les encanta y de algún modo, están preparándose en lo que quieren sea en un futuro su profesión.