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Ing. Salvador Rodríguez Aldrete
Director General de Asesores Patrimoniales CAS del Bajío, S.C.
srodriguez@sryamex.com
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Los recientes acontecimientos electorales, desde la campaña presidencial hasta la declaración de Felipe Calderón como Presidente Electo por el Tribunal Electoral y las subsecuentes protestas anunciadas y ya ejecutadas por el candidato perdedor y su coalición, enfrentan al empresariado del país y en general a todos los mexicanos a una situación que merece nuestra mayor atención. Los aspectos políticos y sociales de los eventos electorales han sido ampliamente comentados por los analistas tanto locales como nacionales. El propósito de esta colaboración es comentar los posibles efectos de la situación actual sobre el desarrollo económico de nuestro país y nuestro papel como empresarios ante ellos.
Un recuento muy rápido de los sucesos políticos de este año arroja, entre otras, las siguientes conclusiones:
- Las elecciones más competidas de la historia moderna.
- Una participación abierta del sector privado inédita en la historia de nuestro país.
- Un candidato opositor que tenía tanta ventaja que nunca consideró el escenario de perder.
- Un candidato del partido en el poder que no era el favorito del gobernante en turno.
- Un partido que, detentando el poder por muchas décadas, en menos de una pasó a ser una distante tercera fuerza.
- Un electorado centrado en la elección presidencial y que escasamente conoce a los miembros del Legislativo que eligió.
- Un rol capital del Poder Judicial.
- Etc, etc.
Todo lo anterior por sí mismo son buenas noticias o por lo menos no malas (con la excepción del desconocimiento de nuestros Diputados y Senadores). Lo que sí son pésimas noticias es la fractura posterior a la elección y el comportamiento de los extremistas del bando perdedor y de algunos, también extremistas, en el grupo ganador. Particularmente preocupantes son, el desprecio por las instituciones que el candidato perdedor ha declarado públicamente en su ya famoso “Al diablo con las instituciones”, la actuación partidista del Gobierno de la Ciudad de México en los plantones y la falta de acción de los Gobiernos estatales y federales en el caso de Oaxaca.

La literatura económica consigna repetidamente que existe una relación directa entre la institucionalidad de un país o región y su desarrollo económico. De hecho, “El impacto de la institucionalidad se ve reflejado no solo en el nivel de ingreso sino en la tasa de crecimiento del mismo y en la volatilidad del crecimiento” (IMF World Economic Outlook, April 2003)
La institucionalidad se puede definir de diversas formas. Douglas North define las instituciones como: “Las reglas formales e informales que gobiernan las interacciones humanas”. Es la anterior una enunciación amplia del término pero que en mi opinión expresa correctamente el alcance del mismo. Otras explicaciones, se basan en elementos de una sociedad como el grado de protección a la propiedad intelectual y el nivel de corrupción, la equidad con la que se aplican las normas y leyes. La de North es particularmente amplia porque se refiere a las normas que gobiernan las interacciones ENTRE TODA LA SOCIEDAD.
Pero independientemente de la definición que seleccionemos, lo importante es que mantener una institucionalidad o respeto a las normas que gobiernan las acciones entre los diferentes actores sociales y económicos es un elemento clave para el desarrollo de un país. Los indicadores económicos y de desarrollo social muestran relaciones perfectamente correlacionables con la calidad de las instituciones de un país.
¿Qué nos ha pasado en estos últimos meses? Los hechos muestran que a pesar de los eventos postelectorales no han ocurrido catástrofes mayores de tipo económico como pudiera ser una salida masiva de capitales o movimientos bruscos en la paridad de nuestra moneda. Esto no es casual. Es un resultado directo de la substancial mejoría a nivel institucional de nuestro país. El que existan órganos ciudadanizados como el IFE y un Poder Judicial autónomo que calificó las elecciones le da certeza al inversionista nacional y extranjero.
Por esto, me parece que los mexicanos y en especial los empresarios que tenemos una alta responsabilidad en el desarrollo de nuestro país, estamos obligados a ser activos en la promoción, desarrollo y fortalecimiento de nuestras instituciones. Las épocas en que los empresarios éramos “Soldados del Presidente” ya deben de quedar totalmente olvidadas. No podemos aceptar de nadie, independientemente de su filiación política o social, desprecie las instituciones que tanto trabajo ha costado construir. Y esto incluye a quienes de manera discursiva y en las acciones las violan, burlan o simplemente desprecian.
Nuestra obligación no se limita a oponernos de manera verbal a los bloqueos de reforma o los discursos del zócalo o los eventos de Oaxaca. En nuestro entorno tenemos la absoluta responsabilidad de enfrentarnos a actos de corrupción, explícita o disfrazada, de autoridades nombradas o electas; de oponernos a modificaciones legales pactadas entre grupos de interés, de limpiar nuestras organizaciones de corruptos y negligentes sin tener piedad alguna y, por sobre todas las cosas, de observar un comportamiento ético en todas nuestras acciones, públicas y privadas, que impacten a la sociedad.
No podemos exigir respeto a las instituciones cuando nosotros actuamos despreciándolas. Como empresarios tenemos obligaciones superiores. Si, por ejemplo, consideramos que el servicio del IMSS es deficiente y nos cobra a nosotros y a los trabajadores, lo que no da, nuestra obligación es luchar mediante el cabildeo con nuestros representantes legislativos y autoridades del ejecutivo para corregir el servicio pero no usar esto como excusa para no pagar o pagar parcialmente. Si participamos en un organismo empresarial nuestra actuación tiene que ser en beneficio de la mayoría de los socios, no de nuestros allegados o peor, de nosotros mismos. Si no estamos de acuerdo con un impuesto, deberemos de impugnarlo por la vía legal pero no evadirlo.
Exijamos respeto a nuestras instituciones, trabajemos conjuntamente para mejorarlas y asegurémonos de respetarles. Es nuestra obligación para con México.
Hasta el próximo número de Líder Empresarial.