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Dr. Francisco Rangel Cáceres
Rector de la Universidad Tecnológica del Centro de Veracruz
frangel@artizon.com.mx
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Es por todos sabido, que el ambiente laboral se encuentra influenciado por tantos cambios tecnológicos donde las estructuras organizacionales, los sistemas y los procesos productivos se transforman constantemente para generar una ventaja competitiva en los mercados nacionales y mundiales, y además, el factor humano sin importar su posición jerárquica, tiene acceso a diversas fuentes de información para hacer mejor su trabajo, lo que ha provocado entre otros aspectos, que las aptitudes y actitudes que el líder requiere para asegurar la competitividad de su organización se renueven constantemente.

Se terminaron los años donde se dirigía por nivel jerárquico y posteriormente por carisma; hoy los “líderes de mañana” tienen que analizar a fondo las cosas esenciales inherentes a su función, con la finalidad de hacer que los colaboradores trabajen productivamente. Además de los conocimientos y las habilidades para dirigir el proceso y el sistema, es obligación del ejecutivo proyectar con claridad la visión de la organización a sus colaboradores, con el propósito de fijar una dirección nítida de lo que su institución entiende por “resultados”, esto quiere decir que el directivo tiene que proporcionar una comprensión clara, de cuándo es oportuno avanzar aquí o dar marcha atrás allá y cuándo es hora de abandonar algo.
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El gurú de la administración Peter Drucker, comenta que la función del líder en el siglo XXI, será mucho más parecida al oficio más complejo, que él conoce: dirigir una ópera. Ya que, el director tiene sus primas donnas y no les puede dar órdenes; tiene el elenco de apoyo y la orquesta; y por otro lado se encuentra el auditorio. Cada grupo es totalmente distinto, pero el director de la ópera tiene su partitura y todos tienen la misma partitura y hay que lograr que los distintos grupos coincidan para producir el resultado deseado.
Ésta es la clave para entender la función del liderazgo en el contexto del tercer milenio, no es cuestión de ser más importante o menos, sino ser importante de una manera distinta. No se trata de abstenerse de dar órdenes, sino de saber cuándo darlas y cuándo hay que tratar al prójimo como un socio.
Por lo tanto, si usted desea mejorar su estilo de liderazgo, con el propósito de ejecutar con eficacia su función directiva y obtener mejores resultados, debe fortalecer entre otros, las habilidades que le permitan: compartir las ideas eficazmente con su equipo de trabajo, favorecer las relaciones sinérgicas y una cultura con enfoque sistémico entre sus colaboradores.