Nada nuevo bajo el sol…
El vender productos en las calles y comercializarlos es una actividad tan antigua, como la misma necesidad del ser humano de subsistir. En la época prehispánica, en el imperio mexica existía ya una intensa actividad comercial entre los pueblos mesoamericanos; tenían, además del trueque, sistemas de valor y medida que se empleaban para el intercambio de mercancías. Sin embargo (a diferencia de hoy), los tianguis ( "tianquizco" nombre con el que se conocía a las plazas y mercados) estaban sujetos a reglamentos estrictos, cuyo cumplimiento era vigilado por inspectores especiales, que además imponían una organización del comercio a grandes distancias.
El comerciante que recorría largos trayectos era llamado entre los mexicas "Pochteca", él era quien intercambiaba los productos de la región con los de otros pueblos situados más allá de las fronteras del estado (mexica).

Teniendo esto como un breve antecedente del comercio en México, resulta paradójico que con sistemas de recaudación más sofisticados (y una evolución cercana a los 600 años) aún no se pueda adherir a todos aquellos dedicados a una actividad comercial, a un régimen de contribución equitativo y en el marco de la legalidad. Mucho se ha intentando, pero los resultados continúan siendo los mismos. Datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) señalan que la economía informal tiene un tamaño equivalente a 12 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) con unos 840 mil millones de pesos anuales. Otras mediciones apuntan que puede alcanzar incluso una quinta parte del valor de la economía o hasta 40 por ciento.
Líder Empresarial, preocupado por la forma en que esto impacta a la economía, a partir de este mes incluirá la sección titulada “Economía Informal”, donde presentará entrevistas, estudios y cifras relacionados con el mismo tema, dada la importancia que ha cobrado en los últimos años y que día a día crece y se afianza más entre los que orillados por las circunstancias o decisión personal, han elegido esta forma de trabajo como un medio de subsistencia, para hacerse de un ingreso.
Licenciado con matices dulces
Comenzaremos con un caso peculiar. Rubén González Coronado, egresado de la generación 1991-1996 de la Licenciatura en Comunicación Organizacional por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, desde el año de 1987 se ha dedicado a vender dulces en la vía pública. Mientras camina ofrece sus productos a los transeúntes y ya es conocido hace largo tiempo en oficinas y comercios del centro de la ciudad. Mostraremos pues en esta ocasión, una breve entrevista donde Rubén explica por qué ha dedicado gran parte de su vida a este negocio y las razones que lo llevaron a incluirse y mantenerse en el mismo.

¿Por qué razón comenzaste en este negocio?
Mientras estaba en la secundaria, durante las vacaciones de verano aprovechamos nuestro tiempo unos primos y yo vendiendo dulces afuera de nuestra casa, sin embargo al ver que no daba resultado, cambié de giro y ayudé a otro primo lijando carros y él me aconsejó que con el dinero que me pagara, lo invirtiera en comprar mercancía (dulces). Así lo hice y entre los vecinos todo se vendió en menos de media hora. Me decidí a comenzar entonces bien el negocio e irme a vender los domingos al tianguis de La Purísima, donde caminando ofrecía los productos, pues me di cuenta que mantenerme en un mismo lugar no tenían ningún efecto. Esta forma de comerciar, la utilizo a la fecha.
Así pasaron los años y todas las vacaciones durante mi vida estudiantil, incluso la universitaria me dediqué a esta actividad. Pensaba que si por alguna razón, no pudiera llegar a trabajar en lo que yo estudié, bien podría emplearme en esto que ya había yo hecho antes y que me daba buenos dividendos y de hecho, así fue.
¿Intentaste incorporarte al mercado laboral ejerciendo tu profesión?
Sí, pero como era ya muy popular en esta actividad, quienes me reclutaban me tenían encasillado como vendedor de dulces. La gente ya no veía mi capacidad como profesionista y lo que podía otorgarle a una empresa; me limitaban y discriminaban laboralmente por la imagen que tenían de mí, sin embargo sí he podido ejercer mi profesión pues fui profesor en la Universidad Cuauhtémoc. Después, trabajé en Aeroméxico pero fue por poco tiempo y aún así, seguía vendiendo dulces, incluso cuando fui profesor. Esto lo hacía por amor al oficio, más que a la profesión y me parece que esto es tan digno, como cualquier otro empleo. Hasta ahora y desde ese tiempo he podido gozar de estabilidad laboral y gracias a esto obtuve mi casa, mi carro, puedo salir de vacaciones y practicar el deporte que más me gusta, que es el ciclismo.
Cuando piensas en una persona que comercia en la calle, pensamos en alguien que lleva una vida muy limitada, incluso involucrado en algún tipo de vicios. Nos damos cuenta que por el contrario, se puede vivir muy holgadamente y hasta con cierta seguridad económica.
Si sientes que tu capacidad es limitada así será. Por fortuna todo está en ti y en el empeño que pongas.
¿Qué estrategias has manejado para mantenerte en el gusto del público a lo largo de estos años?
Debes ser muy observador y hay algunas cosas muy sencillas que se pueden hacer. Por ejemplo, no surtir los productos menos vendidos, pero ir rotando lo que se vende. Me fijo también en las envolturas que la gente tira en la calle, pues eso es lo que está consumiendo. Además tengo una ruta de ventas. Por la mañana, a partir de las 7:30 a.m., visito las primarias, antes de que los niños entren a la escuela y todavía tienen dinero pues no lo han gastado en el recreo. Sigo con las oficinas, aproximadamente a las 9:00 a.m., pues los que trabajan en ellas aproximadamente a esa hora toma su café y a partir de las 10:00 a.m. visito los locales comerciales y abordo a los transeúntes, terminando a las 2:30 p.m. de lunes a viernes, pues los sábados muchas de las veces los empleo para surtir la mercancía. Otra cosa importante para mantenerme en esto, ha sido el buen trato al cliente. Aunque los formalismos casi no se dan en estos tiempos, trato de ser muy amable y al retirarme siempre digo una frase de cortesía al final.
¿Cuál es la situación económica actual de tu negocio?
Se puede decir que estamos en una época de crisis, y sin duda los dulces ya no se venden como antes, como cuando pude comprar mi casa y otras cosas. De un tiempo acá ya es difícil que una persona pueda subsistir con la venta de dulces pero si se lleva un método de ahorro y optimización de recursos todo es posible. Estudiar me hizo posible aprender administrarme.
¿Has pensado en establecerte en un local comercial de manera formal?
Tengo un punto de referencia. Si la cajita donde traigo los dulces, se me acabara diariamente, eso sería posible. Pensé en hacerlo hace como 4 años, cuando la situación era mejor.
¿Qué consecuencias consideras que pueda tener que el desempleo se haya agudizado en Aguascalientes a últimas fechas?
Creo que además de promover que la gente se vea orillada a trabajar en la informalidad, -que esto perjudica directamente al gobierno- es la delincuencia. Cuando la gente está sin trabajo puede verse tentada a robar y eso lo conduce a otras situaciones, como el uso de drogas, grafittear y otras actividades, todas derivadas de la ociosidad.
¿Crees que algún día será posible que el gobierno pueda implementar un método para hacerles atractivo el pago de impuestos a los informales para que también tributen?
Pues el Municipio de Aguascalientes a mi cada mes me cobra por el derecho de piso, así que yo pago impuestos de algún modo, pero creo que sí debe de cobrar una especie de cuota fija a todos pero además sería bueno ver los resultados tangibles en beneficios sociales, pues nosotros no contamos con sindicatos, vacaciones y otras prestaciones de las que se gozan cuando se trabaja en un lugar normal. Por fortuna cuento con seguridad social y servicios médicos por mi esposa, que labora en una empresa donde le otorgan este beneficio.