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| · Año 11 · Número 132 · Diciembre 14, 2005 · |
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El 20 de noviembre se conmemora un año más de una guerra civil que en México derivó en la Constitución de una República Representativa Democrática y Popular. Suman 95 años de cambios sistemáticos de gobierno y de involución en políticas públicas. Durante este largo período parece que regresamos al siglo XIX: pasamos de la revolucionaria aspiración jacobina de gobierno, a la involución dogmática religiosa y desnacionalizada del pensamiento presidencial. La Soberanía Popular que emana del pueblo, es cada día más ilegítima. Nuestro presidente de la República viaja por todo el mundo hablando en inglés, abandona la esencia nuestra cultura y se olvida que nuestra nación es México. Fox rechaza el uso de nuestra lengua oficial, el español. Es grave su ignorancia de lo que significa nuestra patria y considera que el mundo lo podrá comprender mejor si se expresa en otro idioma. Fox como representante de México se ha sometido de forma tácita al pensamiento de otra nación. El sólo uso de un lenguaje ajeno, en actos oficiales, es la mejor muestra de que nuestra soberanía ha sido vulnerada y la del pueblo que le otorgó ese poder.
Las fuerzas reales de poder que integraron el pensamiento liberal de 1917 vigente en nuestra Constitución, hoy parecen haber cambiado radicalmente. La injusticia social prevalece y la aspiración democrática y popular de la soberanía resulta una utopía. Así las cosas, podría afirmarse que nuestra revolución ha sido corrompida. La injusticia social se respira en la gran masa laboral; el sistema económico se sostiene sobre una indescifrable desigualdad de oportunidades y nuestro sistema político aparece como una especie de capitalismo feudal con un régimen oligárquico. El individualismo que promueve el sistema capitalista clásico como método natural para que la sociedad alcance el bienestar común, está en crisis. Pero no sólo en México el modelo parece estar agotado. La teoría ya no aplica, vemos que aunque los salarios son presionados a la baja debido al desempleo cíclico, el ahorro de los grandes capitalistas no parece aumentar, por lo que la inversión se retrae. Ya de nada sirve a la sociedad que la producción industrial genere un creciente número de subempleados y desempleados que compitan desvalorizando su mano de obra, si este fenómeno no deriva en la reinversión del capital. En cuanto a la democracia en su aspecto electoral podemos especular que la corrupción de la revolución está orientada hacia la reducción de la participación ciudadana en los comicios. Todas las señales nos indican que el pueblo someterá a juicio sumario la capacidad de ejercicio de nuestros gobernantes. La razón es simple: la revolución ha sido corrompida por el abuso de poder y la complicidad de hijos y nietos de los revolucionarios con una oligarquía capitalista global. Los partidos políticos mayoritarios en México se sirven de la corrupción para alcanzar el poder, ahora resultan una gran familia con domicilios diferentes, pero sus dirigentes y candidatos se nutren del mismo tronco común.
Aparentemente la única salida que tendrán los ciudadanos para expresar su inconformidad, será la ausencia de las elecciones federales del primer domingo de julio del año 2006. Pero esta negativa ciudadana no operará en su propio beneficio, sino en su propio perjuicio. Es de esperarse que en el 2006, la abstención electoral supere el 60 por ciento de los empadronados. Es decir, podría haber una votación total no mayor a 25 millones. Por lo tanto, sería un presidente de la república electo con el voto efectivo de tan sólo 10 millones de mexicanos. ¿Esta ridícula votación no pone en riesgo la soberanía popular? El presidente Zedillo fue electo con 17 millones de votos. El Presidente Fox obtuvo unos 13 millones. Hoy existe la posibilidad de que el próximo presidente de la república sea electo con 10 millones de sufragios efectivos. Estas cifras por sí mismas podrían no ilustrar la gravedad del conflicto, pero si son comparadas con el desempeño cuestionado del gobierno y los altos índices de desempleo y subempleo, podríamos construir una hipótesis que expresara lo siguiente: “La Economía y el bienestar común de los trabajadores mexicanos tienen una consecuencia directa con el índice de participación ciudadana en los comicios, pues reducen el grado de legitimidad del poder político responsable de velar por el bienestar general, y vulnera y debilita su poder frente al gran capital”. Si aceptamos que la Revolución Mexicana se ha corrompido al grado de que hoy tenemos un gobernante que se avergüenza hasta de su idioma, ¿qué podemos esperar de los próximos comicios? ¿qué opciones tenemos para elegir?: 1. ¿El asistencialismo democrático representado por Felipe
Calderón? La corrupción de la revolución confunde. Lo que debemos elegir no es el individuo, pues nadie tiene el consenso de la población. Tenemos que votar por el mecanismo económico más adecuado para que el trabajo de millones de mexicanos se vea reflejado en la economía y bienestar general de la sociedad.
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