· Año 11 · Número 132 · Diciembre 14, 2005 ·
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Lic. Oscar López Velarde Vega
Notario Público No. 27
lopezvelarde_o@hotmail.com


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Qué duda cabe, que el dragón chino, los tigres asiáticos, Japón, Corea del Sur y Taiwán, la enigmática India y Singapur, son la punta de lanza de que el siglo XXI será caracterizado por una nueva Era Asiática, que hará resurgir los imperios milenarios del origen de la humanidad y la civilización, con un incontenible poderío económico, político, social y cultural, que ya empieza a sentirse globalmente y que terminará desplazando a los Estados Unidos, que fue la superpotencia mundial del siglo pasado. En el Continente Asiático habita poco más de la mitad de la población del planeta, con casi cuatro mil millones de consumidores.

China se convierte aceleradamente en la segunda economía más abierta y globalizada en el orbe a partir de su adhesión a la Organización Mundial de Comercio en el 2001 y cuenta con 1,300 millones de habitantes.

En la última década, China no ha dejado de asombrar al mundo. Su economía crece al 8% anual, superando por mucho el promedio mundial de crecimiento que es del 2.5%, lo que se refleja en que en ese lapso, 240 millones de chinos -más del doble de la población total de México-, salieron de la pobreza extrema, según cifras del Banco Mundial. Ahora cuenta con una nueva clase media, conformada por 400 millones de personas; casi la población total de Europa Occidental.

Sus exportaciones, incluidas las de Hong Kong, llegaron en el 2004 a 688 mil millones de dólares contra 750 mil millones de Estados Unidos y las alemanas en poco menos de esa cifra. Se estima que en el año 2006, China superará a unas y a otras y se convertirá en el exportador más grande de la historia con un billón trescientos mil millones de dólares anuales.

China tiene un crecimiento económico imparable. Los analistas financieros como Goldman Sachs pronostican que el Producto Interno Bruto chino rebasará al de Alemania en el 2008, al japonés en el 2016 y al estadounidense en el 2041. Como muestra, en este año, se reevaluó el yuan, la moneda china, frente al dólar americano.

Estoy convencido de que Taiwán, con sus 23 millones de habitantes, terminará por reincorporarse a China, tal y como sucedió con Hong Kong, lo que incrementará el poderío de la República Popular ideada por Mao Tse Tung en 1949.

Japón reacciona frente a China, reorientando progresivamente su poderosa economía para conducirla a un impulso sin precedentes a la sociedad del conocimiento y la información. La terciarización de su actividad económica, lleva a los japoneses incluso a invertir fuertemente en la industria china con tecnología nipona o reubicar fábricas nacionales en otros países, como es el caso de Nissan en Aguascalientes. Por su parte, Sony realiza el 80% de su producción fuera del territorio japonés.

La unificación de las dos coreas está por venir; mientras tanto, el auge de las empresas de Corea del Sur es evidente. LG penetra a nivel mundial con productos electrónicos y aparatos domésticos como refrigeradores y lavadoras.

La India será muy pronto el país más poblado del planeta, dejando a China en el segundo puesto. Baste señalar, que en los últimos treinta años duplicó su población y se estima que en el año 2050 alcanzará la cifra de 1,530 millones de habitantes. Con múltiples contradicciones internas y externas ese país emerge como una potencia económica; por ejemplo, en la industria textil, ya produce el 15% de las prendas de vestir que se usan en Estados Unidos. Los científicos hindúes en fisicomatemáticas han desarrollado empresas de alta tecnología que exportan sus servicios a todo el mundo con valor de alrededor de 65 mil millones de dólares.

Singapur dejó de ser un fumadero de opio en el sudeste asiático para transformarse gracias a la visión de su líder Lee Kuan Yew a partir de 1959, en uno de los países más desarrollados, basado en el comercio internacional y en un estricto gobierno ajeno a la corrupción y al desorden en todos los aspectos. Tiene poco más de 4 millones de habitantes, con un ingreso individual promedio anual de 25 mil dólares americanos, que contrastan con los 6,300 de los mexicanos.

Ante ese panorama mundial, con el arribo a una nueva Era Asiática con influencia global, México no debe achicarse y mucho menos cerrarse, sino aprender de la experiencia de países que como China o Singapur, han demostrado que sí se pueden lograr las metas de progreso económico y superación de la pobreza cuando hay decisión política y consenso social para alcanzarlas.

Es urgente que México avance en las reformas estructurales fiscales, laborales y energéticas, para volver a ser competitivo y atraer de nuevo la inversión extranjera y fomentar la nacional, que le permita salir del estancamiento económico en que nos encontramos y poder elevar el nivel de calidad de vida de la población.

Hay que aprovechar nuestra vecindad con Estados Unidos, canalizando a nuestro país el empuje económico asiático. Aguascalientes fue pionero desde hace 25 años con la industria automotriz japonesa, por lo que es momento de consolidar el esfuerzo.

 

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