· Año 11 · Número 131 · Noviembre 14, 2005 ·
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Beatriz Escalante Buch
Ejecutiva de Cuenta de
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Mantener una figura esbelta es señal de una vida saludable sin embargo, no solamente hay que preocuparse por la grasa que, a simple vista, puede estropear nuestra imagen exterior; más importante son aquellas grasas que circulan al interior del organismo, las cuales pueden afectar nuestras arterias y el corazón.

“La ingesta de colesterol a través de una dieta rica en grasas saturadas, origina que en México se registren índices de obesidad de entre 25 a 27 por ciento de la población, por lo que es muy probable que en los próximos años se incremente la frecuencia de enfermedades cardiovasculares”, advierte el Dr. Rodolfo Ocampo, médico adscrito a la Unidad de Cardiología del Hospital General de México.

“El principal problema por el cual ha aumentado la prevalencia de enfermedades cardiovasculares como infarto del miocardio, se debe a los malos hábitos de vida entre hombres y mujeres, tales como falta de ejercicio, tabaquismo y estrés, pero principalmente por una mala alimentación rica en grasas saturadas”, afirma el cardiólogo.

Aunque el colesterol contenido en las grasas saturadas es una sustancia importante para muchos procesos en el organismo, su incremento en las arterias como consecuencia de una dieta inadecuada se asocia con el desarrollo enfermedades cardiovasculares, mismas que según la Encuesta Nacional de Salud 2000 (ENSA 2000), ocupan la primera causa de mortalidad en México.

El cardiólogo explica que el colesterol se obtiene a través de dos vías; el que se produce en el hígado y el que se obtiene de la ingesta diaria de alimentos altos en grasas. “Cuando los niveles de colesterol en sangre se incrementan (más de 200 mg/dl), la persona se encuentra en riesgo potencial de desarrollar un infarto del miocardio, enfermedad coronaria o un accidente vascular cerebral”.

Por ello –aconseja- toda la población debe procurar una alimentación baja en grasas saturadas, a partir de cortes magros de carne roja, pollo o pavo; pescado, frutas y verduras, aceites vegetales (oliva, maíz o girasol); leche o yogurt bajo en grasas o sin colesterol, quesos bajos en grasa (tipo panela), entre otros.

Y, entre los alimentos que se deben evitar, están los cortes grasos de carne roja, pollo frito, mariscos, aguacate y coco, papas fritas, mantequilla, manteca, mayonesa, leche entera, huevo, quesos cremosos y lácteos fabricados a partir de leche entera, pastas y la mayor parte de los pasteles, galletas y tartas.

Sin embargo, -asegura el también miembro de la Sociedad Mexicana de Cardiología- en algunos casos una dieta baja en grasas no basta para bajar el colesterol; por ello es importante el empleo de terapias farmacológicas encaminadas a controlar tanto el colesterol producido en el hígado como el que se ingiere en la dieta.

A decir del doctor Rodolfo Ocampo, “Una estrategia farmacológica innovadora para reducir el colesterol de manera efectiva es mediante la terapia dual, que combina en una sola tableta el empleo de dos compuestos como simvastatina y ezetimiba. El primero bloquea la formación de colesterol que el organismo produce en el hígado, mientras que el segundo evita la absorción del colesterol que se consume con los alimentos”.

Finalmente, con una dieta equilibrada, actividad física regular y tratamientos innovadores para bajar los niveles de colesterol, estaremos libres de esa grasa que afecta nuestra figura, pero también de aquella grasa interna que daña nuestro corazón.

 

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