· Año 11 · Número 131 · Noviembre 14, 2005 ·
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Lic. Oscar López Velarde Vega
Notario Público No. 27
lopezvelarde_o@hotmail.com

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El gran reto del Siglo XXI es combinar población con desarrollo. Por ello, uno de los problemas actuales más graves del Estado de Aguascalientes, con su millón 36 mil habitantes, es la irracional concentración de casi el 80 por ciento de la población, las actividades económicas y los servicios en la zona conurbada de la ciudad capital con Jesús María y San Francisco de los Romo.

Es preocupante la tendencia que existe de propiciar, que en los próximos cincuenta años, la ciudad de Aguascalientes se convierta en una megalópolis insustentable, por la irresponsabilidad de sus autoridades y de la sociedad, al permitir o tolerar que el interés social y el orden urbano se subordinen a la especulación inmobiliaria.

Seguramente nadie pensó que la capital del Estado pasaría de 93 mil habitantes en 1950, a cerca de 800 mil en su zona conurbada en este año. Estoy seguro que ahora nadie se imagina o desea una ciudad de Aguascalientes con dos o tres millones de habitantes en el 2050.

Las fallas y grietas geológicas, la escasez de agua, el tráfico vehicular, la contaminación ambiental, el cambio climático, el déficit de vivienda y servicios básicos, los altos precios de la tierra urbana, la incorporación desordenada de tierras agrícolas, la afectación del patrimonio cultural, la pobreza y los asentamientos humanos irregulares, la inseguridad y los trastornos psicosociales como la drogadicción, el alcoholismo y el suicidio, nos acreditan suficientemente que nuestra ciudad capital y su zona conurbada están llegando a los límites de su crecimiento y que en los próximos veinte años (al 2025), no deben sobrepasar el millón doscientos mil habitantes, que representan todavía un incremento poblacional del 50 por ciento de los que aquí residimos actualmente.

Con frecuencia he alertado en la opinión pública, que el Libramiento Carretero al Poniente, el Tren Suburbano, la urbanización desenfrenada con más de 150 desarrollos inmobiliarios autorizados por la administración estatal anterior y el intento con el proyecto Puerta Dorada, de incorporar injustificadamente y en contravención de la planeación urbana vigente 11 mil hectáreas al suroeste de la mancha urbana de la ciudad de Aguascalientes, en lugar de resolver los problemas los están agravando, ya que en vez de frenar el crecimiento urbano insustentable lo están propiciando, en detrimento de todo el Estado.

Seguir insistiendo en el desbordamiento de la ciudad de Aguascalientes es una decisión gubernamental equivocada en perjuicio de las generaciones presentes y futuras. Después de la Capital del Estado no existe otra ciudad media alterna con más de cien mil habitantes, que induzca el ordenamiento del territorio y el aprovechamiento de las potencialidades de todas las subregiones y municipios.

Baste pensar, por ejemplo, en el Estado de Guanajuato, que cuenta con uno de los sistemas de ciudades más equilibrado a nivel nacional, en el que su población, actividades económicas y servicios se distribuyen en varias ciudades medias y no únicamente en la ciudad de León, sino también entre otras como su capital Guanajuato, Celaya, Salamanca, Irapuato, Silao y San Miguel de Allende.

Ha llegado el momento de que en Aguascalientes se tome una decisión de vanguardia con visión de futuro al impulsar la fundación de una nueva ciudad media alterna que asegure que en el siglo XXI, el Estado se siga distinguiendo en el país, con reconocimiento internacional, por contar con ciudades con los mejores niveles de calidad de vida, infraestructura, equipamiento y servicios urbanos.

A los que consideren que esta propuesta, que he reiterado en múltiples ocasiones y foros, es utópica y muy difícil de realizar, los invito a reflexionar que la ciudad de Aguascalientes, que hasta hace algunos años ocupaba el primer lugar de calidad de vida y que ya vamos en descenso, no fue obra de la casualidad. Fue la decisión efectiva y oportuna de sus autoridades y de la sociedad por edificar en la mitad del siglo pasado, una ciudad media planeada, con tres anillos de circunvalación, entre otras obras de infraestructura y equipamiento.

Si pudimos edificar entre 1980 y el año 2000, más de cien mil viviendas en la ciudad de Aguascalientes y su Zona Conurbada, ante todo en fraccionamientos de interés social promovidos por el Gobierno del Estado, para responder al alto incremento demográfico y el acelerado proceso de urbanización, podemos en los próximos cincuenta años, construir las casas que requeriría una nueva ciudad media alterna para albergar a una población equivalente a la que en este momento tiene nuestra Ciudad Capital.

Considero que la ciudad media alterna, que permitiría la consolidación de la Ciudad de Aguascalientes como capital del Estado y la preservación de su patrimonio histórico y estructura urbana, debiese fundarse al noreste de la entidad, entre Pabellón de Arteaga, Asientos y Rincón de Romos, lo que impulsaría además, el desarrollo regional y a los municipios del medio rural.

Su ubicación precisa requiere de profundos y objetivos estudios de impacto ambiental, urbanos y socioeconómicos para seleccionar las mejores reservas territoriales, que cuenten con áreas de preservación ecológica, garantizar el suministro y tratamiento del agua, proyectar la infraestructura, equipamiento y servicios que se requieran, definir las prioridades de actividad económica, garantizar la generación de empleos permanentes y diseñar una ciudad sustentable en la que se viva y conviva en comunidad.

La universidad pública y el hospital general que se requieren al norte del Estado, así como el proyecto estratégico de fomentar los servicios especializados en la actividad económica local, pueden ser las palancas para detonar la nueva ciudad media alterna, que representaría una opción para los inversionistas locales, nacionales y extranjeros; optimizaría el destino del gasto y de la deuda pública con acciones, obras y servicios que trascenderían a sexenios y partidos políticos.

Este ambicioso pero viable proyecto, requiere de decisión política y de consenso social. Sigamos el ejemplo de las generaciones que nos precedieron, que con un gran esfuerzo y limitación de recursos, hicieron de Aguascalientes, el mejor lugar para vivir.

 

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