· Año 11 · Número 130 · Octubre 14, 2005 ·
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Dr. Francisco Rangel Cáceres
Rector de la Universidad Tecnológica
del Norte de Veracruz

frangel@artizon.com.mx


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Uno de los obstáculos que más afectan el desempeño de los profesionistas en las organizaciones del tercer milenio, es la falta de capacidad para manejar diversas situaciones, concurrentemente, cuando estos ejercen su liderazgo en el trabajo. En la realidad del presente siglo, los dirigentes que sólo pueden realizar una tarea a la vez, son obsoletos, ya que a mediano plazo generan baja productividad y pérdida de competitividad en las organizaciones.

La falta de habilidad de los líderes para tomar decisiones oportunamente, asignar roles y delegar tareas a su gente, identificar lo ordinario de lo urgente y manejar con eficacia sus emociones, entre otros, se debe a muchas situaciones. Sin embargo, en esta ocasión, me referiré a un factor que es determinante en la vida de los seres humanos, y que repercute directamente en el liderazgo.

La educación, es un aspecto clave para transformar el estilo de liderazgo de las personas ya que en ésta desde los primeros años de edad, es donde el ser humano tiene la oportunidad de extraer lo mejor de sí; de formar además de las actitudes, las aptitudes necesarias para hacer frente a las demandas de las nuevas sociedades. No obstante, es impresionante observar cómo el entorno y la forma, se han transformado vertiginosamente, en tanto que muchos otros aspectos que intervienen en la tarea de educar prácticamente no se han adaptado a la nueva realidad.

Mientras las fronteras del país permanecieron cerradas para intercambiar bienes y servicios con otras naciones, las exigencias de los perfiles de los puestos de trabajo del mercado laboral fueron relativamente mínimas, ya que, en la mayoría de los casos, se requería de profesionistas que realizaran tareas repetitivas, donde el nivel cognitivo prácticamente no era exigido; donde el creativo, el pensante, el que tomaba las decisiones era el directivo y los demás, sólo eran seguidores. Bajo este esquema, el modelo educativo no tuvo problemas significativos, ya que su estructura estaba diseñada para formar actitudes y aptitudes que respondieran a entornos más o menos estables.

Sin embargo, con la apertura de los mercados nacionales, la realidad laboral en México se transformó, y hoy, se exigen actitudes y aptitudes que antes no se le pedían al profesionista, competencias que le permitan atender con eficiencia y eficacia las demandas de la nueva realidad del mercado laboral. Hoy, la organización moderna, entre otras cosas, exige que el profesionista sea pensante y dinámico, que sea un agente de cambio en la organización.

En los albores del tercer milenio, se requiere que el profesionista posea las competencias para adquirir nuevos conocimientos o habilidades a lo largo de la vida, memorizar ya no es suficiente; hoy se requiere que sea creativo, innovador, independiente, que se autoadministre y posea un conjunto de habilidades técnicas que le permitan desarrollarse transversalmente con eficacia en la organización. Además, la capacidad de manejar sus emociones, aún bajo circunstancias adversas, para tomar decisiones oportunamente, y desarrollar un rol sobresaliente con su equipo de trabajo, es vital para la sobre vivencia en el mundo moderno.

Con el propósito de atender las necesidades de la sociedad moderna, además de evitar que la brecha entre los programas de estudio y los puestos de trabajo del mercado laboral sean cada vez más grandes, en diversas partes del mundo, incluyendo México, se ha iniciado una renovación educativa sin precedentes, que busca enriquecer la manera en que se han venido haciendo las cosas en los últimos siglos; cientos de investigadores, así como los principales responsables del quehacer educativo buscan la manera de erradicar los viejos paradigmas de la educación y establecer nuevos esquemas que permitan asegurar la formación de profesionales con las características que la sociedad moderna requiere.

Con el compromiso de los principales actores del quehacer educativo y la puesta en marcha de nuevos esquemas formativos, fuertemente articulados a las necesidades sociales y al entorno global, en los próximos años los profesionistas ejercerán un liderazgo multifuncional.

 

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