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| · Año 11 · Número 129 · Septiembre 15, 2005 · |
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Los últimos 20 años han sido descritos como la época de la globalización, de la apertura de mercados, de la explosión del comercio mundial y las transacciones financieras, del desarrollo de nuevos instrumentos y de tecnología para mejorar las comunicaciones entre naciones y de un largo etcétera... En el campo de la economía, esto ha venido acompañado por la introducción masiva de políticas neo-liberales que siguen estos principios y, en el caso de los países en vías de desarrollo, por la ‘imposición’ de políticas de apertura de mercados y de minimización del papel del estado en la economía por parte de las instituciones internacionales (que a su vez, están controladas por EUA). Hoy en día, con los resultados de estas nuevas ideologías más visibles que nunca, es imposible esconder los efectos que han tenido sobre las economías que no estaban preparadas para ellas: crisis económicas, aumento de la inequidad en la distribución del ingreso y de la renta, aumento de los niveles de pobreza, incremento del desempleo y grados de desarrollo económico similares a los alcanzados en 1980. Estos acontecimientos han hecho aumentar el número de personas que se ven forzadas a dejar su país en busca de trabajo e ingresos que les permitan mejorar su calidad de vida. Así, en el 2000, 20.7 millones de mexicanos se encontraban residiendo en Estados Unidos, de los cuales 2.7 millones eran inmigrantes ilegales.
Esta migración, por su parte, tiene un impacto económico muy importante que hasta hace poco tiempo había pasado desapercibido: el dinero que estos trabajadores envían a las familias en su país de origen (las remesas de los inmigrantes). Durante el 2001 los flujos financieros en concepto de remesas de inmigrantes de los Estados Unidos a México alcanzaron la cifra de 9 billones de dólares, convirtiendo a México en el país de Latino América que recibe más transferencias por este concepto y el cuarto a nivel mundial. Esta cantidad representa el 13% de las exportaciones de manufacturas, el 80% de la inversión directa extranjera, dos tercios de las exportaciones petroleras y 1.3 veces los ingresos por turismo. Por muy importantes que sean las cantidades involucradas en estas transacciones, estudios recientes sobre su efecto en la economía del país recipiente tienden a demostrar que la mayor parte de estos fondos son recibidos por familias pobres que los destinan principalmente al consumo. Así, el impacto de las remesas sobre el desarrollo regional y nacional es mucho menor al que se podría conseguir si se pudieran canalizar parte de estos fondos hacia inversiones más productivas dirigidas a asegurar la autosuficiencia de las familias receptoras, disminuyendo así su dependencia económica, las cifras de población pobre, y avanzando el desarrollo económico del país en general. En este contexto, hay una serie de medidas concretas que se pueden implementar dirigidas principalmente a: 1) Reducir los costos de las transacciones de los inmigrantes que envían dinero a su familia. El Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) del Banco Interamericano de Desarrollo se ha centrado en esta labor de reducir los costos y comisiones de las remesas impulsando la competencia entre los proveedores de servicios de transferencia de dinero (tradicionalmente monopolizado por Western Union y Money Gram). Así, el costo promedio de enviar 200 dólares a Latino América desde Estados Unidos se ha reducido de 40 dólares en 1999 a 20 dólares en 2002. 2) Acceso de los inmigrantes a cuentas bancarias en el país receptor. Los inmigrantes ilegales que no tienen acceso a la apertura de cuentas bancarias deben pagar un costo mayor para enviar dinero a su país ya que las compañías de servicios de transferencia de dinero cobran mayores comisiones que las instituciones financieras. El gobierno mexicano, con ayuda del FOMIN, ha impulsado un programa con la colaboración de las autoridades estadounidenses para proveer a los inmigrantes con una identificación consular con fotografía (´matrícula´) que identifica a la persona titular como ciudadano mexicano y puede ser utilizada por los inmigrantes que quieran abrir una cuenta bancaria en EUA. 3) Canalización de estos flujos financieros hacia la inversión productiva por parte de las familias receptoras. El Banco Central de México estima que el 90% de las remesas recibidas son destinadas al consumo. En segundo término, estos recursos se utilizan para la compra o construcción de la vivienda. Se debe intentar canalizar un mayor porcentaje de estos fondos hacia ahorros e inversión productiva como por ejemplo la compra de una vivienda o un pequeño negocio o la educación superior de los hijos. De esta manera, las familias de los inmigrantes serán capaces de desarrollar sus propias fuentes de ingresos de manera sustentable y duradera. Este objetivo se puede conseguir ofreciendo cuentas de ahorros, créditos y otros productos financieros a esta franja de la población que recibe las remesas.
El FOMIN financia proyectos para ayudar a cajas de ahorro y crédito e instituciones micro financieras latinoamericanas a ingresar al mercado de las remesas mediante alianzas con proveedores de servicios en países industrializados y así poder ampliar su oferta de prestamos a micro y pequeñas empresas y ofrecer a las familias receptoras mas opciones de ahorro y inversión. Un ejemplo de estos proyectos que reciben ayuda financiera del FOMIN es el caso de BANSEFI, que en 1998 empezó un programa piloto con el objetivo de promover hábitos de ahorro entre las familias receptoras de remesas y de disminuir los costos de estas transferencias. Por medio de acuerdos con diferentes compañías de transferencia de dinero al extranjero, si la remesa se deposita directamente a una cuenta de ahorro de BANSEFI o de alguna de las entidades financieras que participan en esta iniciativa, la comisión cobrada es menor y las familias receptoras tienen la posibilidad de acceder a préstamos con tipos de interés reducidos y créditos para comprar casas. Las instituciones financieras asociadas al proyecto van a centrar sus esfuerzos en comunidades pobres, con bajos ingresos pero receptoras de remesas y van a ofrecer a esta franja de la población estos productos y servicios financieros a los que tradicionalmente no tienen acceso. El objetivo final del proyecto es reducir los costos de transacción y crear una red de productos de valor añadido para las familias receptoras que permita transformar las remesas en un conjunto más amplio de servicios financieros a través del cual las familias receptoras puedan maximizar los beneficios de sus ingresos implementando proyectos productivos que promuevan el desarrollo económico y social de sus comunidades.
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