![]() |
![]() |
| · Año 11 · Número 129 · Septiembre 15, 2005 · |
|
![]() ![]() |
![]() |
|
![]() |
|
|
|
|
La Asociación de Bancos de México ha desplegado información a través de las sucursales bancarias respecto a la evolución del crédito bancario en México para el año 2004, destacando un crecimiento importante del 24% en la cartera vigente respecto al año anterior, con diferente comportamiento en lo relativo a empresas, vivienda y al campo. Esta cifra es sin duda alentadora, en términos de que significa mayores apoyos financieros que es lo que tanto urge en nuestro país. Sin embargo, el análisis a la información que presenta la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) relativa a Diciembre 2004, muestra claroscuros muy significativos, que distan mucho de aquel 30.0% que representaba el crédito bancario respecto al PIB al cierre de 1994. El financiamiento del sector privado formal en México, integrado por la banca, sofoles, arrendadoras, factoraje y uniones de crédito, ascendió a $1,156,113 millones de pesos, que representa en conjunto el 15.1% del PIB al cierre del 2004. De esta cifra, la banca participa con el 12.3%, las sofoles el 2.3%, las arrendadoras con el 0.2%, el factoraje con el 0.18% y las uniones de crédito con el 0.13% del PIB. Estos datos consideran el crédito otorgado por la banca al sector financiero, principalmente a sofoles, quienes realmente corren el riesgo de los agentes productivos.
Es decir: ¡El sector financiero privado en su conjunto significa una derrama crediticia equivalente a la mitad de lo que representaba solamente la banca hace 10 años, en términos del PIB!. Y sin embargo, la realidad es todavía más dramática, si consideramos que sólo el 40% del crédito bancario total se canaliza a la actividad productiva de empresas de todos tamaños (no existen estadísticas por estrato), el 16% a consumo, 11% a vivienda, 15% a gobiernos y 18% al IPAB. Esto no significa que el financiamiento al consumo, hipotecas y al sector gubernamental no pueda tener un efecto en la actividad productiva, por supuesto que lo tiene, no obstante se canaliza en forma indirecta a grandes empresas que son los verdaderos jugadores en este negocio. Mención aparte son los créditos al IPAB, totalmente improductivos para la sociedad y cuya existencia significa un sobre precio implícito en el mismo costo de financiamiento. Debe señalarse la derrama de apoyos financieros de las empresas de ahorro y crédito popular que, en efecto, se han convertido en la palanca para los empresarios de menor tamaño, sin embargo a diciembre 2004 alcanzaron $14,694 millones, según cifras del Consejo Mexicano del Ahorro y Crédito Popular, equivalente sólo al 0.19% del PIB. Con estos indicadores, es claro que el talón de Aquiles sigue siendo la falta de crédito para el grueso de las empresas que integran el sector productivo en nuestro país: la micro y pequeña empresa, que son las verdaderas generadoras de empleo. ¿Qué significa todo este juego de números, donde una parte maneja la información para reflejar su favorable posición respecto al riesgo crediticio y la otra parte reclama desde hace años el acceso al crédito? En primera instancia debe reconocerse el difícil proceso que el sector financiero ha vivido en México, particularmente la banca, lo que originó la compra y/o fusión de instituciones financieras mexicanas por banqueros internacionales, modificando los patrones de propensión y medición del riesgo. Por otro lado, las autoridades regulatorias también cambiaron su esquema normativo para evitar otro “Fobaproa”, apretando los requerimientos que deban cumplirse en términos de los antecedentes crediticios, calidad de la información financiera, coincidencia con declaraciones fiscales, calidad de las garantías, seguimiento en la aplicación de los recursos y, en general, una administración más rigurosa que se refleja en la revisión trimestral de la calidad de la cartera y la creación de reservas crediticias que aumentan con el deterioro de los riesgos, de manera permanente. Estos cambios han generado una cartera de calidad, selectiva sin duda, con niveles de morosidad inferiores al 3%.
El sistema financiero ha dado muestras de que quiere regresar al financiamiento a la actividad productiva. La generación de productos paramétricos por parte de la banca, sin garantía real, apoyados en la calidad y fortaleza de la información financiera y en algunos casos en la existencia de fondos federales y estatales como garantía financiera parcial, son una prueba que echa por la borda aquella máxima de que sólo se otorga crédito con la existencia de garantías hipotecarias exageradas. Este es un esfuerzo loable que sin embargo aún deja al margen a la gran mayoría de micro y pequeñas empresas. Las sofoles están aportando una alternativa importante, cubriendo nichos que la banca no atendió por algún tiempo como es la vivienda y que ha demostrado ser tan rentable que están siendo adquiridas por el propio sector bancario. El gran problema que representa la falta de acceso al crédito sigue latente para el segmento de las PYMES, limitando las posibilidades de desarrollo empresarial y generando, entre otros aspectos, la mortandad de empresas y en consecuencia de empleos, que es uno de los termómetros más críticos que enfrenta nuestra sociedad hoy en día a todos niveles. Por ello, considero importante llevar a cabo lo siguiente: 1) Los gobiernos federales, estatales y municipales deben profundizar con mayor cuantía y velocidad en los fondos de garantía y sobre todo en su cobertura a las empresas micro y pequeñas, retomando los modelos norteamericanos y europeos cuyos éxitos están reconocidos. 2) Las instituciones financieras del sector formal necesitan vincularse con la actividad productiva en su totalidad, flexibilizando los criterios de riesgo en tanto que permitan mantener una actividad lucrativa y apoyando perspectivas de negocio racionales de cualquier nivel de empresa, no únicamente a solicitantes con resultados históricos ya que ello anula a los emprendedores y a los proyectos de inversión. 3) Las empresas micro, pequeña requieren dar el salto cualitativo más importante, con el objeto de presentar un perfil de negocio financiable, apoyados en criterios de organización, eficiencia y eficacia. 4) Impulsar la creación de más organismos especializados en el crédito a la micro y pequeña empresa, con la regulación que deba aplicarse para mantener empresas sanas, pero que contribuyan en forma directa al impulso de la actividad productiva. El trabajo conjunto y coordinado de las partes debe enfocarse a recuperar terreno en materia de crédito a los niveles de hace 10 años y más, respecto del PIB, con la masificación del financiamiento a proyectos viables de emprendedores y de empresas de todos tamaños que han superado un proceso difícil de saneamiento financiero. Al segmento empresarial, en especial a las micro y pequeñas empresas, les corresponde hacer su parte operando con criterios competitivos y de organización. La clave es ofrecer un perfil de calidad que propicie una sana revolvencia de los apoyos crediticios y con ello se consolide y refuerce la confianza y la credibilidad perdidas. A México le urge, al sector productivo y a nuestras familias todavía más.
|
![]() |
|||||