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| · Año 11 · Número 128 · Agosto 2005 · |
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El Banco Central de China ajustó la paridad del yuan a 8.11 / dólar el jueves 21 de julio y vinculó la moneda china a un sistema de bandas de flotación con respecto a una canasta de divisas, lo que le permitirá moverse en un rango de 0.3% frente al dólar y de 1.5% en relación al resto de las monedas que conforman esa canasta. Esta medida representa una revaluación del 2.1% y pone fin a una década en la que estuvo atado al dólar. Desde 1997, la paridad fue de 8.28 yuanes por dólar, aunque el gobierno chino permitió variaciones en un rango de 0.2% desde el 2002.
A pesar de la presión internacional para desacelerar la tasa de crecimiento de la economía china del 9.5% a una tasa por debajo del 8% anual y evitar así un sobrecalentamiento de la economía mundial, algunos analistas consideran que la revaluación del yuan podría causar una desaceleración en exceso, lo que afectaría a los mercados a nivel mundial, en particular a los de materias primas, y muy en especial a los de petróleo, acero y cemento, cuya recuperación y tasa de crecimiento desde el 2003 se explican por la enorme demanda por recursos naturales del aparato productivo chino. Sin embargo, la reevaluación del yuan debe explicarse como una respuesta del gobierno chino a las presiones que Estados Unidos ha ejercido de manera constante desde hace casi dos años pero que no habrá de tener repercusiones significativas en el comercio internacional. El Presidente Hu Jintao visitará al Presidente Bush por primera vez en septiembre en Washington rodeado de un ambiente de críticas dirigidas hacia el incremento de la economía china y de la creciente preponderancia de ese país tanto en los mercados textiles como de su poderío militar y de su influencia en la cuenca del Pacífico, la que se consideraba hasta hace unos años una zona pro-estadounidense. El Comisionado Europeo de Comercio Internacional, Peter Mandelson, y el gobierno estadounidense consideran la revaluación como un gesto de buena voluntad previo a la reunión presidencial, pero que no afectará la balanza comercial entre China, los 25 miembros de la Unión Europea y Estados Unidos. El gobierno del Presidente Bush ha hecho estimaciones que señalan que para iniciar una corrección del déficit comercial – el que superó los $162,000 millones de dólares en 2004 y que representa el mayor déficit bilateral de ese país - se requiere de una revaluación al menos del 27.5%, lo que implicaría una paridad de 6 yuans por dólar. El superávit comercial de China frente a Estados Unidos creció 30.6% en 2004 y se explica por las bajas tasas de ahorro en Estados Unidos, el tamaño del déficit presupuestal y los menores costos de producción que ofrece el mercado chino. El monto del déficit comercial de Estados Unidos frente a China no debe esperarse que fluctúe mucho en los próximos 18 meses en tanto que el comercio entre ambas naciones refleja la reubicación tanto de la producción como de las importaciones que solían hacerse desde otros países de la región. La diferencia en los costos de producción y las ventajas que brinda el mercado laboral chino son tan significativas que es imposible pensar que aquellos productos que hoy se manufacturan en China se podrían hacer en Estados Unidos, o incluso en América Latina en condiciones más favorables de las que prevalecen en tal país asiático. Otro factor que hace prevenir que la revaluación del yuan no tenga mayores consecuencias en los mercados internacionales es la relativa estabilidad y seguridad que ofrece China a los inversionistas extranjeros, a diferencia de las condiciones que prevalecen hoy en día en América Latina y el Caribe. El gobierno chino dio a conocer en el 2002 sus planes económicos para los ciclos 2003-2007 y 2003-2012, donde establece como sus prioridades la promoción de las exportaciones, la atracción de inversión extranjera y la estabilidad de su moneda como base para mejorar la alimentación, el empleo y el bienestar en general de la población. Ningún país del hemisferio cuenta con ese horizonte de planeación. Por su parte, el gobierno chino, por medio de un editorial en el periódico oficial del Partido Comunista, indicó que la revaluación del yuan es una medida de una sola vez y que no debe considerarse como el inicio de un proceso gradual. Ello responde a algunos mercados de derivados financieros que consideran una paridad de 7.7 yuans / dólar para julio del 2006, un ajuste del 5.1% respecto al valor del 21 de julio. Si el gobierno chino ha sido capaz de soportar por casi dos años las presiones de Estados Unidos y de otros países, las condiciones de la economía hacen prevenir que el gobierno chino no habrá de realizar otros cambios, a menos que las relaciones políticas lo empujen a ello. Asimismo, la revaluación tendrá un impacto relativo en los compromisos generados por el gobierno chino con algunos países latinoamericanos –en particular Argentina, Brasil, Colombia, Cuba y Venezuela– para la compra de recursos naturales por poco más de $40,000 millones de dólares. A excepción de Cuba, el resto de las monedas de las economías latinoamericanas que se verán beneficiadas se deprecian de manera sistemática vis-à-vis el dólar, lo que compensará en menos de seis meses cualquier pérdida que hubiera entre el yuan y el dólar. Tampoco debe esperarse un cambio sustancial en la relación comercial entre México y China. Nuestro país importa desde China una variedad de productos que se vuelve más amplia día a día, en su gran mayoría manufacturas y productos intensivos en mano de obra. Por su parte, las restricciones de crecimiento, la falta de ejercicio del gasto público y las medidas para el combate a la inflación previenen la creación de condiciones para la producción de estos mismos productos en el territorio nacional, en particular cuando la creación de nuevos empleos en México es mucho más cara que en otros países. México sigue enfrentando los problemas derivados de carecer una política comercial. El ajuste de la paridad del yuan no tendrá un efecto significativo en la balanza comercial entre Estados Unidos y China, por lo que debe esperarse que la penetración de las importaciones chinas continúe en los mercados estadounidenses. Hoy en día, el único programa definido por lo que resta al gobierno del Presidente Fox parece ser la Alianza para la Prosperidad y la Seguridad, el que crece en importancia ante el entorno.
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