· Año 11 · Número 128 · Agosto 2005 ·
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Christopher Jareño Henríquez
Publicista
krisja@publicist.com

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Se cuenta que cuando alguien va bien con su negocio, muchos quieren colgarse de las faldas de ese éxito.

Recuerdo que en Administración este efecto se denomina “falacia de la composición”: cuando alguien obtiene una buena pesca en el muelle, siempre habrá muchos que al instante querrán ubicarse al lado para recibir de tal excelente suerte.

Pero, ¿por qué al ponerse a su lado no se obtienen resultados?, difícil pregunta verdad, pero creo que hay una respuesta. El mercado suele responder a un primer y único llamado de su atención. Por eso no es de extrañarse que cuando utilizamos un mensaje añejo o un cómodo mensaje de moda, no tiene los resultados que se desean.

Para reformar este nuevo llamado a su mercado es necesario enfocarse en la esencia de su empresa; aunque estemos dentro de un giro comercial debemos concentrar nuestros esfuerzos en diferenciarnos: ¡Su empresa es diferente!, ¡ánimo! Por lo tanto alguna cualidad debe tener a su favor.

Busquemos: el trato a sus colaboradores, la dinámica laboral, la eficiencia en la entrega de productos, la buena relación con sus proveedores, la forma en que el mercado lo percibe, puede ser una muy buena referencia para obtener de eso, algo que decir de su empresa. El secreto está en identificar claramente las cualidades y atributos de su negocio para dar a su mercado, su mejor cara y por ende, una mensaje digámoslo, “único”.

Todo el conjunto de comunicación debe contener una promesa de venta, algo que posicione y cree la inquietud en el mercado. A continuación, enuncio tres importantes postulados que de seguro son indispensables como guías de elaboración de su nuevo y original mensaje.

No se ande con rodeos

Cuando hablamos de promesa de ventas, nos referimos a mencionar los beneficios que su mercado tendrá de su propuesta, tanto de su producto como de sus servicios. No haga que su mercado tenga una imagen dudosa de cómo es usted o qué es lo que su producto ofrece. Su público no quiere ser prevenido, quiere saber de usted de la forma más clara posible. Sea directo, diga lo que tenga que decir.

¡Espérenos!, ¡espéralo!, ¡muy pronto!, ¿no le parece que estas palabras han llegado a tal punto de saturar nuestros sentidos que cuando el producto por fin aparece, después de tanto esperar, no es ni la mitad de lo que esperábamos? Cuidado con las expectativas, sino tiene nada novedoso que ofrecer, por favor no las use.

No haga promesas incumplibles

Suena como a tono político, pero las verdaderas políticas que se ven afectadas son las de su empresa.

El famoso “mucho más que” sólo provoca desconcierto en el consumidor al darse cuenta que su empresa no es una fábrica de sueños. O el inigualable “y algo más” que no ofrece “nada más” al generar una categoría inexistente de productos.

No emita mensajes de moda

Lo que todos comunican a la vez, acaba con todos de una vez. Los encabezados y mensajes de moda generan una confusión y pronto cansancio del consumidor; el mensaje adquiere un posicionamiento personal, que desplaza lo más importante… Su marca. ¿Quién puede recordar cada marca que está detrás de un mismo mensaje?

Por eso, es inminente analizar lo que estamos comunicando, para que su empresa no desaparezca entre la multitud.

Tome su propio anzuelo y ¡láncelo!, verá que muy pronto muchos se acercarán.

 

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