· Año 11 · Número 128 · Agosto 2005 ·
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L.A.E. Ma. Guadalupe González Madrigal
Presidenta de Mujeres Empresarias
Mexicanas, A.C. (MEMAC)
memac_lm@yahoo.com.mx

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No basta con tener una idea, hay que ser lo suficientemente “terco” para convertirla en empresa.

Cuando mi madre hablaba de mí, decía que yo era “perseverante”, pero que mi padre era “terco”; al final de cuentas, la característica es la misma, sólo las distingue el “cariñito” con el que la persona lo diga.

En la ocasión en que platiqué con un grupo de alumnos del Tecnológico de Aguascalientes, la pregunta latente era: “¿Podré yo tener mi propia empresa?” Lo que más asustaba a los alumnos de la clase de Emprendedores, precisamente, era pensar en que eran personas sin dinero, la mayoría sin trabajo, y sin mucha confianza en que su idea pudiera resultar de éxito.

Así que, en aquella tarde, hablamos de las alternativas que los emprendedores podían buscar y de las cualidades personales que deberían tener. De estas últimas, encontramos las siguientes:

1. El deseo de tener su propia empresa; que es la base de cualquier emprendedor o emprendedora, puesto que es lo que lo define como tal: una persona, con un sueño, al que le da un plan de acción, y lo lleva a cabo. Esta visión de sí mismo como empresario o empresaria, con una buena dosis de humildad y de entusiasmo, hará posible que inicie “de la nada”, trabajando largas jornadas, con labores que nada tengan que ver con su profesión y con una mesa a razón de oficina.

2. Fe en sí mismo. Indispensable para los momentos difíciles y para las miles de opiniones que nos darán, aún cuando no las hayamos pedido; que lamentablemente, suelen ser desalentadoras. Habremos de creer en que “si queremos, podemos” y por supuesto, hacer lo imposible para lograr lo que nos propusimos. Fortaleza para seguir creyendo en nuestra propia visión.

3. Conocimiento o disposición para adquirirlo. Generalmente recomiendo que una persona inicie un negocio de algo que domine. Si usted es bueno en la cocina, e instala un restaurante, en un momento dado podrá salir a flote si su cocinero decide renunciar o, como sucede en la mayoría de los casos en que se comienza con poco capital, usted será el cocinero o cocinera hasta que los ingresos den lo suficiente para que pueda adiestrar perfectamente a alguien que lo supla, con su supervisión.

4. Por supuesto, disposición para trabajar al 120%. Por ello, trabaje en algo que disfrute, para que las largas y agotadoras jornadas no mermen su espíritu, por el contrario, le den satisfacción. Quien piensa que emprender es tener siempre quien haga todo por uno, está muy lejos de lograr una empresa que lo lleve a ese punto. Olvídese de las jornadas de ocho horas y preestablecidas; para alguien que está emprendiendo, no hay horarios, sólo pendientes por atender. El trabajo no termina “hasta que se termina”.

5. “Queme sus naves”. Estoy convencida de que quien pretende establecer un “negocito” que vaya arrancando mientras sigue en un empleo seguro, y al cual renunciará cuando el negocio dé lo suficiente para mantenerse, por supuesto, más que el sueldo; normalmente no lo logra. ¿Por qué? Porque requerimos de toda nuestra fuerza, de todo nuestro empeño y ¿por qué no decirlo? de una gran necesidad de que aquello funcione. Además, a un negocio que arranca, no se le puede dedicar el 30% de nuestro tiempo, ya hablamos de trabajar al 120%. Es mejor si el emprendedor o emprendedora pretende iniciar cuando es estudiante y no tiene grandes responsabilidades económicas, pues no tendrá encima la presión de sostener una familia, o a sí mismo, y contará con un plazo más holgado para esperar el momento de retirar un sueldo adecuado para sí.

6. Orden. Adminístrese desde el principio. Todos los negocios, por pequeños que sean, requieren de administración. Si no tiene el conocimiento para ello, busque apoyo. No haga a un lado “las cuentas” ni las formalidades que debe cubrir. Debe saber si su negocio está siendo negocio, identificar el costo de lo que está vendiendo y llevar sus obligaciones fiscales en regla, y si tiene personal, contratarlo adecuadamente, para que el día de mañana no resulte con graves problemas por “pequeños detallitos” que no tomó en cuenta. El ahorro es una disciplina necesaria para administrarnos y la única forma de acumular riqueza.

7. Tenga ética. Aplique los buenos valores universales como la honestidad, la honradez, el respeto; considere a sus trabajadores tanto como se considera a usted mismo; recuerde que “tratar a los demás, como queremos que nos traten” es un principio que sigue en pie. La ética de una persona se trasmina a las organizaciones y si usted comienza haciendo un pequeño negocio con políticas “medio chuecas” terminará teniendo un negocio con grandes corrupciones.

8. Optimismo. No conozco a un empresario o empresaria, grande o chico, que vea negativamente las cosas desde el principio. De ser así, simplemente no habrían hecho nada. Emprender es arriesgarse. Por ello, usted requiere de optimismo, que va mezclado con la fe en sí mismo, y el deseo de ser empresario o empresaria.

9. Agudeza visual. No física, sino mental, para ver oportunidades en los problemas que enfrente. Ver los problemas o los grandes cambios como oportunidades le permitirá sacar un mejor partido a las situaciones, y muchas veces, emprender nuevos caminos que lo lleven a crecer. Ser observador permanentemente lo hará captar cosas que otros no perciben y saber lo que está pasando a su alrededor.

10. Finalmente, terquedad. O perseverancia, como usted quiera llamarla. Para no dejarse vencer al primer obstáculo, ni al segundo, ni a los muchos que muy probablemente llegarán. Perseverancia que raye en la terquedad cuando tenga que levantarse en medio de una crisis, cuando todos le insistan que ya deje ¡que se busque un empleo! y para volver a empezar, si es necesario.

Además de estas cualidades, tendrá que saber de mercados, de finanzas, de derechos laborales y de administración de empresas y de su tiempo; pero estos son conocimientos que puede adquirir, y áreas en las que se puede apoyar con profesionales que trabajen por horas en su negocio. La disposición para aceptar que no sabe todo y que necesita ayuda es parte de sus cualidades personales, que lo ayudarán a crecer, aún cuando tenga los conocimientos en las áreas mencionadas. Recuerde que todo cambia, y algunas cosas más rápido que otras, así que, dispóngase a aprender constantemente.

Ser empresario o empresaria puede resultar muy satisfactorio. Si sueña con ser independiente, solucionar sus propios problemas y fijar sus propias metas, muy probablemente sea el camino que está buscando. Porque la satisfacción no llegará cuando alcance la meta final, que es la multimillonaria corporación que se está imaginando; las satisfacciones habrán de sentirse cuando logre arrancar, cuando tenga su primera venta, cuando se dé cuenta que ya su competencia lo viene a investigar, o cuando la gente llegue a pedirle trabajo porque sabe que ahí hay buenos patrones; igualmente cuando compre nuevo equipo, o instale su nueva oficina, y cuando termine de pagar el crédito con el que inició el negocio... en fin, la satisfacción está en el camino mismo, donde se forman los empresarios y empresarias, que está lleno de retos, y por consiguiente de triunfos, cada vez que logre pasar a la siguiente etapa.

 

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