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| · Año 11 · Número 128 · Agosto 2005 · |
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Ante el evidente fracaso del gobierno de Vicente Fox Quesada para alcanzar un crecimiento de la economía que produzca “bienestar general de la población” y eliminar todo riesgo de inestabilidad social en el país, la interrogante es: ¿Cómo reconstruir la economía en México, en un contexto de transición democrática, con un gobierno “delgado” y “débil” en la aplicación del Estado de Derecho? La falta de imaginación de los discípulos de George Shultz, de la escuela de los Chicago Boy, incrustados en el gobierno de Fox, hace valorar mucho más las propuestas económicas y sociales del programa de gobierno del PRD y volver la vista al demagogo de Andrés Manuel López Obrador. Ante la renovación del gobierno federal, los empresarios, industriales y los votantes de México, tal vez quieran corregir el camino y prefieran elegir un Gobierno fuerte, con un Presidente fuerte. México necesita instituciones dignas y respetables que garanticen la transición democrática, fomenten la inversión, garanticen el Estado de Derecho y apliquen una economía con rostro humano. Veamos lo siguiente: Si hipotéticamente aceptamos que nuestro sistema financiero presenta graves problemas para justificar su deterioro y que las inversiones especulativas superan a las inversiones productivas y de infraestructura, entonces nos podríamos explicar razonablemente la crisis de nuestra economía. Francis Fukuyama (1) intenta explicar que las recetas de políticas públicas dictadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), así como los excesivos controles de gestión que los “donantes” internacionales imponen, como condición para apoyar los programas sociales en los países en desarrollo como México, han fracasado debido a lo que denomina “hábitos de pensamiento”. Manifiesta que tanto en la administración privada como en la pública, las recetas aplicadas en otras partes del mundo son incapaces de evaluar las normas informales de conducta de los países y trabajadores de las empresas, es decir, los “hábitos de pensamiento”. Fukuyama afirma que los estados débiles, incompetentes o inexistentes, son la fuente de los graves problemas económicos y sólo provocan pobreza, enfermedades, drogadicción y terrorismo. Sentencia que los conflictos provocados por la imposición de las “recetas económicas” a los países en desarrollo, radican en los “hábitos de pensamiento”, en el desarrollo cultural de esas sociedades. Señala que la salida al problema se encuentra en escuchar y atender el “conocimiento local”: de ahí la tendencia al federalismo y la descentralización de muchas decisiones de gobierno.
Si adaptáramos la hipótesis de Fukuyama a la situación de México, deberíamos reconocer que el “relativo” éxito de las políticas privatizadoras en las administraciones gubernamentales presididas por Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, así como el “adelgazamiento” del gobierno mexicano, obedecieron a la existencia de un “gobierno fuerte”. Luego entonces, a contrapelo, tenemos que aceptar que el “relativo” fracaso de la administración de Vicente Fox, en materia de privatización, por ejemplo de la energía eléctrica, ha obedecido a la existencia de un “gobierno delgado, débil e incompetente”. A partir del año 2000, en México se presenta una transición democrática que, por ahora, ha derivado en un sistema de gobierno “débil e incompetente” y que “aparenta” ser democrático. Tal vez por esa razón, las políticas públicas impuestas por el FMI y el BM, han resultado hoy, imposibles de aplicar, por el gerente Fox. Hoy, tanto el FMI y el BM, como los empresarios, industriales y hasta algunos inversionistas y especuladores financieros, “sufren” las consecuencias de la alocada gerencia de la administración Fox Quesada, y del “adelgazamiento” del gobierno mexicano. La economía mexicana no crece al ritmo necesario como para garantizar el bienestar de la población, la reducción de los salarios de los trabajadores, y el creciente desempleo, está incubando una situación de crisis social. La evidente debilidad del gobierno de Fox, en la aplicación del estado de Derecho, resulta preocupante para las inversiones y las políticas de “libre mercado”. La solución a los conflictos provocados por la aplicación de políticas públicas privatizadoras -dice Fukuyama-, se encuentra en la “fuerza del Estado”. Critica la “dieta”, que el FMI ha impuesto a los países en desarrollo. Es una “receta” –dice-, que no solamente los “adelgaza”, sino que los “debilita”. Este economista recomienda el “fortalecimiento del Estado”, y por ende de los gobiernos. Si entendemos su propuesta, entonces tendríamos que aceptar que un “Estado fuerte”, no puede verse como un obstáculo para el crecimiento, sino todo lo contrario. Es decir, en su estudio, Fukuyama plantea algo así como “volver atrás” y considerar que “ninguna receta económica es universal”. Hoy mismo, en los Estados Unidos de América se presenta un debate muy interesante entre dos visiones de desarrollo económico, veamos: Por un lado se encuentran los demócratas que defienden la “antigua” política del “bienestar general”, instaurada en 1935 por Franklin D. Roosvelt, y que tiene como líder al ex senador Lyndon LaRouche, enemigo declarado de las políticas privatizadoras de George Bush. Por otro lado se encuentran los republicanos del “grupo Vulcano”, que preside el influyente economista George Shultz, jefe de los Chicago Boy, asesor económico de los gobiernos de Nixon, Reagan y Bush (padre), e integra a la hoy poderosa Condoleezza Rice y Paul Wolfowitz. El debate consiste en la privatización del sistema del Seguro Social en los EUA, que Bush propone bajo el mismo modelo aplicado hace 25 años en Chile durante la dictadura militar de Pinochet. Hoy los trabajadores chilenos de la Central Unitaria de Trabajadores que dirige Arturo Martínez, cuestionan su ineficiencia y lo consideran un fraude. Por lo que hace al sistema de ahorro para el retiro y sus administradoras en México denominadas AFORE, el Congreso del Trabajo y en general el movimiento sindical aún no reciente sus efectos negativos, pero sin duda muchos trabajadores ya padecen las consecuencias de su deficiente aplicación. LaRouche, llama mentiroso al Presidente Bush, quien argumenta en su favor la quiebra financiera del Seguro Social en los EUA. Lyndon afirma que si acaso existe un déficit financiero, este no se debe al sistema del Seguro Social norteamericano, sino al desvío ilegal de esos recursos al pago del déficit del gobierno de Bush, y al desmantelamiento de la economía física en los EUA. Los seguidores de este opositor a Bush, sustentan que en la medida en que el Gobierno norteamericano ha retirado la inversión en estos reglones de la economía, ha provocado una caída en la productividad física de la nación. Y que en contraste, aparentemente, ha provocado una bonanza monetaria en beneficio de especuladores financieros, al recortar los salarios y el gasto de inversión del Estado. Estos economistas proponen una receta para “arreglar” la economía norteamericana que consiste en: La emisión de crédito a largo plazo, respaldado por el gobierno federal, para ejecutar un programa a gran escala, de construcción y mantenimiento de la infraestructura en todo el país, lo que conlleva a la creación de millones de empleos nuevos de mayor permanencia, por lo tanto la reactivación de la industria para reabastecerlos. La propuesta de Lyndon LaRouche para “arreglar la economía de los EUA”, parece ir en contra de las políticas globales del FMI y del BM, impuestas particularmente en México, y por lo visto, no tendrá mayor eco en los planes del gobierno de George Bush, y su elitista “grupo Vulcano”. Por lo tanto, muy pronto seremos testigos de como los futuros pensionados y jubilados norteamericanos sufrirán los miedos a la vejez, que hoy padecemos los chilenos y mexicanos. Lo preocupante es que los economistas mexicanos no parecen tener la intención de proponer nada nuevo respecto de cómo arreglar la economía de México. Nada más allá del control de la inflación aplicando cortos al circulante, recomendar recortes salariales, adelgazar el aparato gubernamental, o contratar ineficaces gerentes despedidos por la iniciativa privada y que han demostrado su incapacidad para conducir la administración pública. (1) Fukuyama, Francis, “La Construcción del Estado”, hacia un nuevo orden mundial en el siglo XXI, Ediciones B.
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