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| · Año 11 · Número 127 · Julio 2005 · |
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El factor de riesgo se ha incrementado en el desarrollo de los negocios por una característica que llegó para quedarse: el cambio en el entorno, como única constante. Las empresas participan en el mercado de la administración de riesgos, las más competentes lo consiguen y generan beneficios importantes, otras fallan. Es un hecho, las estadísticas nacionales y estatales que reflejan la mortandad de más del 80% de las empresas de reciente creación, durante su primer año de operaciones, no sólo ejemplifican la difícil situación económica, también son una muestra contundente de que el proceso de medición de riesgos por parte de esas empresas no fue el adecuado y en la mayoría de los casos sencillamente no se ejerció. El riesgo es un factor asociado a los procesos de toma de decisiones en general y en materia financiera se vincula a la utilización de instrumentos de crédito y de inversión. El beneficio que se pueda obtener por cualquier decisión que se adopte, debe asociarse necesariamente con el riesgo inherente de dicha decisión o acción. En materia financiera, el concepto de riesgo se relaciona con dos aspectos: 1) Determinar la pérdida potencial que puede sufrir una inversión durante un periodo de tiempo específico y con un nivel de probabilidad definida. 2) Optimizar el rendimiento de la inversión, con un entorno de riesgo considerado aceptable. En ese sentido, el proceso de administración de riesgos implica la realización permanente, dinámica, de varias acciones: • Identificar riesgos. Existen diversos tipos de riesgos financieros, entre los que destacan: Riesgo de Mercado. La pérdida que puede sufrir una inversión por cambios en los factores (volatilidad) que inciden la determinación de los precios, denominados factores de riesgo (tasas de interés, tipos de cambio, energéticos, etc.) Riesgo de Crédito. Pérdida potencial producto del incumplimiento en una operación que incluye un compromiso de pago (apalancamiento por arriba de la deuda sostenible), de realizar en efectivo, la inversión realizada. La otra forma de ver el riesgo de liquidez es la imposibilidad de vender un activo en el mercado, sobre todo en situaciones de crisis cuando hay únicamente vendedores. Riesgo Legal. La posibilidad de no poder exigir los derechos asociados a una inversión por una inadecuada instrumentación jurídica o por omisiones en la contratación. Riesgo Operativo. Pérdidas potenciales asociadas a fallas humanas, en los modelos, en los sistemas, fraudes, falta de capacitación del personal que instrumenta las operaciones financieras, concentración de funciones y atributos en una sola persona, etc. Riesgo de Reputación. Pérdidas potenciales derivadas de errores generados por una institución y que son percibidos por el mercado (falta de pago, falta de pago oportuno, intervención externa, quiebra, etc.) Con base en lo anterior, el objetivo de la administración de riesgos debe expresarse en dos sentidos: 1. Mejorar el desempeño financiero (productividad) de la inversión, tomando en cuenta el rendimiento ajustado por el riesgo. 2. Asegurar que el inversionista no sufra pérdidas económicas, por factores no identificados.
Estos objetivos se consiguen mediante el análisis y seguimiento de las variables que puedan afectar la inversión realizada y a través de la diversificación de los activos, es decir aquí aplica el criterio de no invertir en un solo producto y no concentrar créditos importantes en un grupo reducido de clientes. La administración de riesgos requiere de la utilización de diversas técnicas matemáticas y estadísticas para monitorear de manera permanente el comportamiento de las variables de riesgo, su efecto en el portafolio de inversiones y la definición sustentada y oportuna de las alternativas que puedan ejercerse para acotar y/o anular dichos riesgos. Existen diversas metodologías, por cierto con algún nivel de sofisticación, como son el RAROC (Risk Adjusment to Return on Capital), el VAR (Value at Risk), Credit Metrics, etc., que se han estandarizado a través del tiempo, utilizadas por las instituciones financieras para medir el riesgo de sus posiciones y para ofrecer alternativas de cobertura de riesgos a sus clientes. De hecho, la evolución de los mercados permite acceder a derivados, opciones, futuros, forwards y a diversas coberturas de: I) tipos de cambio, II) tasas de interés, III) energéticos, IV) commodities, V) seguros sobre cultivos, VI) seguros de daños, VII) seguros al comercio exterior, entre muchos otros.
La cultura de la administración de riesgos debe estar sustentada con el criterio de la prevención, en el sentido de reconocer que como participantes en el mercado existen riesgos que tienen que enfrentarse y así son las reglas del juego, pero también que es posible determinar la existencia de riesgos que pueden anularse o controlarse realizando las acciones y utilizando los instrumentos disponibles para ello. Los negocios con mayor exposición al riesgo por su tamaño, segmento de mercado, tipo de producto, estructura de financiamiento, etc., deben considerar y cuantificar con toda frialdad el entorno particular que enfrentan y el que encontrarán en el futuro cercano y más vale que estemos preparados para ello.
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