· Año 11 · Número 127 · Julio 2005 ·
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En Líder Empresarial, siempre promoveremos la veracidad y la responsabilidad de la información, y daremos seguimiento a los compromisos, iniciativas y responsabilidades de los líderes de opinión. En este caso presentamos a usted apreciable lector, comentarios de tres conocedores en materia de competitividad, que opinan sobre el “Acuerdo de voluntades por el desarrollo de Aguascalientes”, que propuso el Consejo Coordinador Empresarial de Aguascalientes al gobierno estatal y a la comunidad empresarial.

La presentación de este documento, se llevó a cabo a principios del 2005, el Gobierno del Estado recientemente, anunció a través de la Secretaría de Desarrollo Económico, que hasta finales del 2005, presentará una agenda conjunta con el CCEA en materia de competitividad.

Ficha Técnica del Acuerdo

Ejes Estratégicos: 1. Competitividad; 2. Cultura Laboral; 3. Seguridad y Estado de Derecho; 4. Vinculación.

Líneas Estratégicas: 18 en total, tomando en cuenta los 4 ejes.

Acciones: 69 en total, tomando en cuenta los 4 ejes.

Comisiones del CCEA, creadas para su ejecución: “16 más el Consejo Directivo del CCEA”.

 

Otto Granados Roldán
otto.granados@itesm.mx

Desde hace varios años, el respetado economista Paul Krugman demostró, con base en la evidencia empírica internacional, que muy rara vez los empresarios son buenos economistas ni, menos aún, buenos planificadores de políticas públicas. Las razones son varias. Para empezar, salvo escasas excepciones, suelen no tener una formación teórica que les permita entender, integralmente, la dinámica de los procesos de crecimiento y de competitividad de las regiones y los países. En segundo lugar, carecen por lo general de una visión de estado y de largo plazo, básicamente porque lo suyo es hacer dinero, y con eso es suficiente. Y, finalmente, porque ignoran por completo la forma de diseñar y, sobre todo, de operar, una política en el complicado contexto en que funciona la administración pública. Si con trabajo comprenden las cosas los que están adentro, menos, por supuesto, los que están afuera.

Esas deficiencias explican claramente por qué la propuesta del CCEA no es más que un catálogo de buenas intenciones, pero pésimas ideas.

Para empezar, casi nada en el sofisticado mundo de la globalización económica funciona a partir del vago concepto de “voluntades”. La voluntad sirve para muchas cosas en la vida de los seres humanos, pero el crecimiento, la competitividad, el comercio exterior, la innovación tecnológica o el estado de derecho, dependen de otros factores menos sentimentales.

En segundo lugar, hay un gravísimo problema conceptual en los redactores de la propuesta del CCEA. El texto lo dividen en 4 ejes: -a) competitividad, b) cultura laboral, c) seguridad y estado de derecho y d) vinculación-, de los cuales los únicos que más o menos tienen sentido común son el segundo y el tercero. Los otros dos son un verdadero galimatías.

Como lo muestran ampliamente los países asiáticos los antiguos “nic´s” (newly industralized countries)-, los conceptos centrales en cualquier estrategia inteligente son crecimiento y competitividad, los cuales forman el círculo virtuoso del desarrollo. Es decir, si el CCEA se hubiera tomado la molestia de estudiar (y entender) un poco más los modelos exitosos, se habría dado cuenta que ese doble objetivo sólo se logra mediante: a) la acumulación de factores humanos, físicos y de capital; b) el progreso educativo y tecnológico, y c) los aspectos institucionales.

Por tanto, el programa (si a eso llega) debió incluir respuestas para las siguientes preguntas, al menos: ¿qué hacer con la educación y la tecnología?, ¿cómo mejorar el estado de derecho?, ¿qué inversiones en infraestructura hay que hacer?, ¿cómo mejorar el ambiente institucional?, ¿cómo aumentar el capital humano?, ¿qué hacer para elevar la calidad del gobierno? ó ¿cómo abrir más nuestra modesta economía y estimular más la competencia?; ¿cómo impulsar la productividad?, ¿cómo acelerar la transición del campo?, entre otras muchas preguntas.

Pero, en tercer término, en lugar de formular ideas creativas al respecto, el CCEA propone ¡válgame Dios!- “sustituir a los proveedores foráneos por locales”; “otorgar preferencia a las empresas locales” en compras de gobierno (es decir, eliminar la competencia y dilapidar el dinero de los contribuyentes con tal de gastarlo aquí); hacer campañas para que se consuma “lo hecho en Aguascalientes” (es decir, preferir camisas “La Purísima” en lugar de Hugo Boss o Zegna, o Brandy Leal en lugar de Cardenal de Mendoza); “otorgar apoyos técnicos y económicos a todas las personas que deseen instalar su propia empresa” (ni con el dinero de Slim alcanzaría) o “difundir las tradiciones culturales y religiosas del estado” (es decir, aprovechar la relevante Feria de la Guayaba de Calvillo o la fiesta del Santo Patrón de Norias del Borrego para que NISSAN MEXICANA o CEMEX amplíen sus inversiones).

En suma, si de lo que se trata es de no hacer el esfuerzo de pensar o de ganar protagonismo en tierra de ciegos, el CCEA está en lo correcto. Pero si la idea es progresar entonces la ecuación es otra: para crecer hay que ser competitivos y para ser competitivos hay que crecer. Y ese binomio sólo se alcanzará si los agentes económicos y el gobierno tienen la lucidez para identificar cuáles son las políticas apropiadas para ello.

Aguascalientes, ciertamente, se encuentra en una situación crecientemente desventajosa: desde hace pocos años ha perdido competitividad y de ser una entidad dinámica que competía con estados más grandes y consolidados, pasó a ser una región mediocre y sin brújula.

Este es el dilema crucial del estado: Aguascalientes necesita desde luego muchas cosas con urgencia gobiernos de calidad, educación de excelencia, infraestructura moderna, etc., pero también empresarios y dirigentes empresariales serios, rigurosos, informados, inteligentes, profesionales y, en especial, con un mínimo de sentido común y de cordura. El esfuerzo del CCEA es plausible en cuanto a las cosas sensatas que propone en su documento -lamentablemente las menos- pero en el resto no estarán en condiciones de proponerle nada a nadie si, por principio, no tienen claro su papel ni los conceptos básicos con que se mueve la economía o el desarrollo.

Sí el gobierno no tomó en cuenta las sugerencias empresariales, francamente considero, hizo muy bien.

 

Salvador Rodríguez Aldrete
srodriguez@sryamex.com

El Consejo Coordinador Empresarial, propone un “Acuerdo de Voluntades por el Desarrollo de Aguascalientes”. La primera pregunta que me surge ¿Es necesaria una nueva estrategia de competitividad para Aguascalientes?

Me parece que la respuesta es un rotundo “SI”. Nadie puede discutir que Aguascalientes fue, en la década de los 90's, un ejemplo nacional e internacional de atracción para empresas e individuos.

Sus índices de crecimiento económico, bienestar social, comercio nacional e internacional, educación, seguridad pública y calidad de vida eran el punto de referencia para otras ciudades del país e incluso extranjeras.

Sin embargo, derivado de cambios en el entorno y de nuestra incapacidad para adaptarnos a la nueva economía, el estado ha caído en un marasmo que nos ha llevado a perder posición en la carrera por ser más competitivos. Como me dijo un amigo empresario de otra ciudad que vino a tratar de hacer negocios en el Estado: “Es que en Aguascalientes viven muy agustito (sic)”. ¡Será que por vivir “agustito” hemos perdido nuestra capacidad de innovar y crecer!

Diversas publicaciones y estudios han dado cuenta de la caída de la competitividad del estado. Sin pretender entrar en polémica sobre la validez de la metodología, hago referencia al último estudio que publicó la revista Expansión en su número de Junio 8 y que coloca a la ciudad de Aguascalientes en el lugar 31 de las 60 mejores ciudades para invertir en México, por debajo de Puebla (2), Zacatecas (4), Tijuana (7), Reynosa (9) y Matamoros (30).

Aceptando que es necesario, por las razones ya expuestas, el diseñar un plan emergente de mejora de nuestra competitividad, el hecho de que el CCEA haya propuesto un “Acuerdo” puede considerarse como un paso positivo hacia dicho plan. Sin embargo, la lectura del documento me deja con muchas dudas acerca de la validez de las propuestas que, en algunos casos, francamente representan lo peor del pasado.

El primer elemento a revisar en cualquier plan es: que tengo que mover para obtener el resultado deseado. En términos de competitividad podemos enunciarlo como: ¿Cuáles son las variables que determinan el crecimiento de la economía en el mundo de hoy?

Un análisis de los casos de éxito en el mundo, nos muestran que el crecimiento de la economía actual, sólo se puede dar en regiones o países en los que se invierte de manera importante en tres sectores: Educación orientada a la innovación, Infraestructura física y tecnológica y capital de riesgo para las empresas de innovación. Todo lo anterior, dentro de un marco legal claro y predecible y con un gobierno que aplique la ley fuera de consideraciones políticas o de otra índole.

Aún la estrategia china, de la que nos quejamos ampliamente, presenta aspectos muy importantes a considerar en la formulación de una propuesta para Aguascalientes. Por ejemplo, el énfasis que han puesto en la educación tecnológica, la creación de empresas de innovación, las seguridades a la inversión en el largo plazo, la mejora en infraestructura, etc. Son cuestiones que no solo no debemos de soslayar, sino estudiar con detalle y buscar su adaptación a nuestro entorno.

¿Cómo se ve la propuesta del CCEA ante este breve análisis de los casos de éxito en el mundo de hoy? Lamentablemente, en mi opinión, muy débil y con propuestas francamente fuera de cualquier lógica económica moderna. Hablar de preferencia hacia los proveedores locales por su sola “regionalidad” y no por ser los más competitivos, es utópico si se habla de proveeduría a la empresa privada y francamente inmoral si se habla de proveeduría al sector público.

¿Qué considero rescatable de la propuesta? Me parece que los comentarios sobre la aplicación de la ley y el “cero tolerancia” son importantes, aunque me preocupan que a este nivel se incluyan programas con una gran etiqueta como “lucha contra los vehículos ilegales”. Finalmente la ley se debe aplicar para todos y en todos los casos y no para favorecer especialmente aun sector.

Ojalá y los empresarios aprendamos a ser mucho más innovadores en nuestras empresas. Ya es tiempo que dejemos de estar “agustito” mientras que la competencia, nacional e internacional, está “tensionadita”.

 

Leopoldo Chao Rodríguez
einsoflagler@yahoo.com.mx

Este documento refleja, lo que ha al CCEA le falta, que es la cultura empresarial y esto no se obtiene de la noche a la mañana, o pidiendo al gobierno políticas proteccionistas para unos cuantos, cuando las demás empresas de México y el mundo juegan con reglas y circunstancias iguales. Esta propuesta, me indica, que el CCEA conoce que sus agremiados tienen problemas de competitividad muy serios y que hoy en día la mayor parte de la proveeduría a las grandes empresas de este Estado y del gobierno es foránea.

En los años noventas Aguascalientes se distinguía por ser un Estado próspero con crecimiento económico y por ende productivo, un estado atrayente de inversión, que cumplía con los “ejes estratégicos“ que plantea el CCEA, y que estos engranes del crecimiento se han perdido en la actualidad.

El CCEA cree que otorgando contratos de proveeduría a empresas locales resolverían sus problemas de competitividad y que imagen de inmoralidad y ética darían nuestros gobiernos al aceptar este tipo de propuestas.

La cultura empresarial empieza desde nuestro proceso educativo en donde siempre teníamos una persona (autoridad) que nos decía qué hacer, cómo hacer y que muchas veces terminaba por hacerlo, desgraciadamente ese tipo situaciones se nos repiten en nuestra vida estudiantil y laboral y lo único que provocan es matar nuestra creatividad y el valor de arriesgar.

El hablar de competitividad, es hablar de crecimiento, y si las células del crecimiento en una economía como la nuestra, son las empresas, no cabe duda, de quien puede detectar los problemas de productividad son las mismas empresas, estas conocen que cambios necesitan realizar, para ir mejorando su productividad, solo estas conocen su poder de adaptabilidad y cambio y en base a estas dos variables mejorar su productividad. Ningún agente externo es responsable de la productividad de una empresa.

La propuesta refleja una sensata preocupación por la problemática local que estamos viviendo, una falta de crecimiento, empleo, inversión y desarrollo, empresas con baja productividad, bajas ventas y dificultad de acceso a otros mercados regionales, nacionales o internacionales, incertidumbre laboral con bajos niveles de responsabilidad y capacitación, inseguridad social y un estado de derecho en donde la justicia no es igual para todos. Por ello, también es sensato decir, que en lugar de realizar un “Acuerdo de Voluntades” deberíamos de hacer lo que a cada quien nos corresponde, y si cada quien asume su responsabilidad dentro del papel que realiza en la sociedad, podrán venir los cambios que deseamos y generar así un círculo virtuoso de crecimiento y desarrollo.

En conclusión, desconozco si esta propuesta presentada por el CCEA a los gobiernos estatal y municipal si fue tomada en cuenta o no, espero que no, ya que propuestas de este tipo solo deterioran la imagen de nuestras autoridades con políticas paternalistas y proteccionistas y ponen entre dicho la administración sana de los recursos y comportamiento ético de nuestros gobiernos.

 

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