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| · Año 11 · Número 127 · Julio 2005 · |
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Hace ya algunas décadas, un científico comentó que no son las especies más fuertes las que sobreviven, sino aquellas que tienen la capacidad para adaptarse al entorno donde se desarrollan. Sin duda, esta aseveración con el paso de los años ha estado vigente no sólo en la vida de los microorganismos, ya que también se observa en la forma de comportarse y de relacionarse de los seres humanos. El liderazgo, es una función de vital importancia para las organizaciones, que con el paso de los años se ha adaptado a las circunstancias que cada generación ha demandado, ya que, cada época ha estado caracterizada por sus propias realidades. Desde un liderazgo con base en la fuerza y la autoridad, hasta llegar a adaptar un estilo, según las circunstancias que rodean cada situación. Como lo hemos mencionado en otras ocasiones, en los albores del siglo veintiuno, el líder requiere de utilizar una variedad importante de conocimientos y habilidades, pero sobretodo necesita desarrollar la habilidad de manejar sus emociones con eficacia durante su tarea de liderar a sus colaboradores. Sin embargo, aún nos encontramos en las organizaciones con líderes arcaicos, con actitud retrograda y con falta de visión, ya que se resisten a evolucionar y a mejorar sus estilos de liderazgo que tanto impactan en el logro de las metas de las organizaciones. Hace algunos años la Universidad de Harvard realizó un experimento, con el propósito de demostrar cómo los seres vivos nos adaptamos con tanta facilidad a los cambios y cómo en muchas ocasiones pueden llegar a perjudicarnos cuando no los percibimos; en la primera parte del ejercicio, utilizaron una rana y un frasco de vidrio con agua, al cual se le aplicó temperatura hasta alcanzar su punto de ebullición. Al momento de introducir a la rana en el recipiente, sintió lo caliente del líquido y saltó bruscamente. En la segunda etapa del experimento, usaron los mismos elementos, el frasco de vidrio, la rana y el agua, sólo que ahora el líquido se encontraba a temperatura ambiente, por lo que, al meter a la rana en el recipiente con agua, se sumergió hasta el fondo con facilidad. Posteriormente, la temperatura se incrementó gradualmente en intervalos de tiempo y la rana no se movía de su lugar; la temperatura siguió aumentando y mientras esto sucedía, continuaba inmóvil, hasta el punto en que el agua estaba hirviendo, por lo que, prefirió cocerse; porque su sistema biológico está diseñado para detectar cambios bruscos, no aquellos que son imperceptibles al nivel conciente. De la misma manera les sucede a los seres humanos y también a los líderes, ya que, el medio en donde se desenvuelven evoluciona permanentemente, el mundo está revolucionado en todos los ámbitos constantemente, que no es anormal tanto avance e innovación tecnológica, los profesionales de la era del conocimiento, se encuentran inmersos en una cultura donde las actualizaciones están a la orden del día: en la medicina, la electrónica, la mecánica, la aviación, las relaciones humanas, la administración y en muchas otras áreas más. Este fenómeno, ha bloqueado por a sí decirlo, la capacidad de respuesta del cerebro, evitando la exploración de nuevas conexiones neuronales, lo que limita la capacidad creativa y la toma de decisiones del líder. Las organizaciones cultas de la nueva generación requieren de líderes, que además de sus conocimientos, su capacidad técnica y sus aptitudes, desarrollen la capacidad de escuchar a sus subordinados y al medio donde se desenvuelven con la finalidad de actuar congruente y oportunamente; además, deben desarrollar el hábito de explorar el entorno con el propósito de identificar comportamientos y tendencias que puedan afectar positiva o negativamente el futuro de la organización. Por último, es de vital importancia crear la habilidad de aprender y desaprender permanentemente. Estas tres capacidades entre otras, son esenciales para el liderazgo de la nueva civilización, ya que fomentan la apertura para aceptar sugerencias, permiten anticiparse a los problemas, pero sobretodo generan un liderazgo compartido con los colaboradores.
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