· Año 11 · Número 127 · Julio 2005 ·
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Lic. Leopoldo Chao Rodríguez
Director de Administración y Finanzas
Colegio Carl Rogers

einsoflagler@yahoo.com.mx

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Aunque es cierto que siempre ha habido cambios, nadie puede negar que en la actualidad hay más cambios, son más rápidos, más profundos y generan una sensación de pérdida de control y de incertidumbre respecto al futuro. Parece como si hoy todo fuera provisional, como si nada fuera permanente y estable.

Por otra parte, los son cada vez más amplios y afectan a todos los elementos que configuran nuestro actual sistema social y económico. Se están produciendo:

• Cambios sociales emergidos de nuevos valores, de nuevas necesidades de servicio, de nuevas exigencias que obligan a la segmentación extrema de los mercados, porque éstos, siendo cada vez más globales tienen al mismo tiempo necesidades más diferenciadas. Dichos cambios sociales reflejan nuevos hábitos de consumo creados por los países diseñadores y países ejecutores que absorben sus diseños.

• Cambios económicos, políticas monetarias y/o fiscales que tratan de implementar nuestras autoridades para tener una mayor recaudación de impuestos y una mejor estabilidad de nuestras variables económicas, como son inflación, tasas de interés, endeudamiento, inversión, empleo, etc. y que de estas decisiones pueden afectar la operación y/o el crecimiento de las empresas. Por ejemplo, la incertidumbre que da tener una miscelánea fiscal año tras año, que no sabemos que sectores pueden ser afectados o la creación de nuevos o mayores impuestos o las llamadas reformas estructurales para abrir a la inversión privada los sectores que a la fecha sólo administra el gobierno federal o la fiscalización feroz del IMSS por obtener recursos a toda costa sin importar la situación de la empresa. Lo que sí es un hecho es que el gobierno requerirá una mayor necesidad de recursos año tras año y que saldrán de los únicos generadores de riqueza de este país, las empresas.

• Cambios legales que van configurando una mejor apertura de las fronteras del trabajo y el comercio, tratados de libre comercio que representan a las empresas mexicanas un mayor número de competidores y a la vez un mayor número de consumidores, sin embargo, puede existir una inequidad en la competencia con empresas extranjeras por los apoyos que pudieran tener, como son; fácil acceso a créditos, tasas de interés menores, subsidios, menor erogación en impuestos, IMSS, insumos básicos más baratos (luz, agua, gas, etc.).

• Cambios tecnológicos que están en una vía de aceleración creciente, la sociedad virtual, la sociedad de la información, en la que se rompan las barreras del tiempo y del espacio para las relaciones humanas, y las transacciones comerciales, en donde los países fuertes dictan los cambios tecnológicos y son los primeros a tener acceso a ellos creando una brecha de oportunidad en el tiempo para nuestras empresas generando una inequidad en la competencia.

Éstos son sólo unos pocos ejemplos de los cambios que podemos leer, escuchar ver y sentir en nuestra vida cotidiana, el reflejo de la realidad y del nuevo orden social y económico.

Es tan grande e imprevisible el impacto de estos cambios, que nadie de momento puede saber, con absoluta certeza hacia dónde vamos y cuál será su impacto sobre las empresas, comunidades, las instituciones públicas y privadas y nuestras propias vidas.

¿Qué podemos hacer ante un entorno turbulento? Si no hacemos nada, no significa que no pasa nada, mientras estás parado, otros estarán pensando cómo sacar beneficio de la indecisión y la espera. Los entornos de cambio son momentos de grandes oportunidades.

Es por eso que la función directiva de las empresas debe de estar alerta a los diferentes cambios que se le presentan, con un conocimiento de su producto, mercado y competencia logrando una toma de decisiones rápida y eficiente, adaptando sus estructuras y las forma de hacer las cosas, aplicando una metodología que garantice el éxito y evite los fallos. Existe la obligación y la necesidad de hacerlo bien, porque no habrá nada tan importante para la empresa o para la persona que tiene el poder de decidir, que cambiar, ya que de ello va a depender su supervivencia.

Entre mayor receptivos e informados estén los empresarios sobre los cambios que se les presenten, una ventaja que vislumbrarán será la capacidad de adaptabilidad de la empresa a los nuevos entornos, la flexibilidad de actuar bajo nuevos retos, variables y exigencias. Para lograr esta capacidad de adaptación al medio, la empresa debe ser capaz de aprender, ya que las estructuras, comportamientos y decisiones que fueron útiles e incluso decisivos en el pasado pueden ser perjudiciales en el futuro, porque las nuevas situaciones y retos necesitan nuevas respuestas.

Por tanto, las empresas tienen en la experiencia el acervo del conocimiento para mantenerse vivas. El capital monetario constituye el oxígeno de las empresas, pero su propio conocimiento de su producto, mercado, competencia y su hacer es lo que va a permitir innovar y con la innovación perdurar.

Convertir en realidad lo antes comentado conlleva como efecto mejorar continuamente, crear valor, cuya perspectiva económica es la valía, y su dimensión psicológica es la valentía, lo primero que hay que hacer es arriesgarse.

“La gloria no estriba en no fracasar nunca, sino en levantarse cada vez que se caiga”.
Proverbio chino

 

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