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| · Año 11 · Número 126 · Junio 2005 · |
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En este artículo me gustaría realizar un análisis de la situación de México ante el mundo en estos últimos años, desde diferentes temas, tanto sociales como económicos. ¿Sabía usted que México pasó de ser la novena economía del mundo a ser la catorceava por debajo de Brasil y Canadá, en términos de Producto Interno Bruto (PIB). Además que nuestro país ocupa uno de los últimos lugares en el sector educativo conforme a su nivel cualitativo y al impacto social que de esto se deriva? ¿Sabía usted que la principal actividad generadora de divisas en México es el envío de remesas a las familias mexicanas por parte de nuestros “ilegales” y conacionales que trabajan y/o viven en los Estados Unidos, actividad que supera a la inversión extranjera directa y a las exportaciones de petróleo? Empezaremos a comentar sobre este último tema, ya que de ser la cuarta actividad generadora de divisas en los años noventa detrás del turismo, de la inversión extranjera y del petróleo respectivamente, hoy en día ocupa el primer lugar en la economía mexicana en el rubro de generador de divisas, gracias a las eficientes políticas económicas y a los eficaces apoyos de los últimos años que han realizado mis progresistas gobiernos al generar los suficientes empleos para cubrir la oferta de trabajo que se genera año tras año y que en la actualidad es de alrededor de un millón de empleos por año. Las remesas de recursos que generan los trabajadores latinoamericanos que laboran en Estados Unidos para América latina son de aproximadamente 46 mil millones de dólares, de los cuales un 33% de esta cantidad se envía a México o sea alrededor de 15 mil millones de dólares. Conociendo estas cifras parecería ser que nuestro gobierno propicia esta situación por lo que les representa estos ingresos al país; (además faltaría saber la cantidad de ingresos que no están contemplados en la cifra anterior). Pero ¿detrás de dichas cifras que hay?, primero una necesidad del emigrante de obtener recursos y trabajo a costo de arriesgar su vida, de una desintegración familiar con repercusiones sociales muy altas al existir niños y mujeres abandonadas por meses, de un mal trato por las personas que los contratan, de salarios por debajo de lo que pagarían a una persona nativa, de prestaciones nulas para los trabajadores mexicanos, de vivir con la amenaza de ser denunciados, de ser extorsionados por autoridades tanto norteamericanas como mexicanas, etc, etc. Desde el punto de vista de los beneficios que generan por su trabajo, es sumamente importante si tan sólo se envían 15 mil millones de dólares de remesas, imagine que volumen de recursos, de empleo, impuestos, crecimiento, etc., se destinan tanto a la economía norteamericana como mexicana, ¿Usted cree que si se dieran las reformas estructurales de nuestros recursos energéticos coadyuvaría a absorber la oferta de trabajo para que nuestros nacionales dejaran de migrar a los países del norte? En mi opinión NO, ya que de darse la apertura a la inversión privada necesariamente habría actividades que dejarían de hacer las empresas paraestatales y tendrían que reducir su planta laboral. Con esto no estoy diciendo que no sean necesarias las reformas estructurales sino lo contrario, creo que en México se requieren cambios de fondo, cambios en nuestras instituciones, cambios en la forma de hacer y dejar hacer. Hablando de cambios tocaremos el tema de la educación, es importante señalar que nuestro sistema educativo se ha ido deteriorando conforme pasan los años con relación a la educación del mundo, cada día tenemos menos talentos, menos investigadores, cada vez más avanzamos en los niveles de corrupción, de inseguridad de homicidios de secuestros, de la ilegalidad, etc. Nuestro sistema educativo prepara seres humanos con una vocación de servicio a un jefe o patrón, sin inculcarnos esa fuerza de creatividad e independencia para crear nuestro propio negocio. Tenemos un sistema educativo que no trabaja los valores como: la honradez, el respeto, el trabajo en equipo, la constancia, el afrontar las consecuencias de nuestras decisiones y actos, el formar hombres responsables, íntegros con una conciencia individual y social que busque el bien común. En conclusión, si queremos cambiar a nuestro país no sólo por uno mismo sino por nuestros hijos... Idealicemos que sociedad queremos y llevémosla a cabo, para que nuestro hacer sea congruente con nuestro pensar. Sabemos que tenemos que realizar modificaciones de fondo, cambios en nuestras instituciones educativas y sociales para establecer una cultura y una sabiduría de acuerdo a nuestro pensar, cambios en la política económica para desarrollar condiciones de crecimiento y empleo para las futuras generaciones. Un México en donde exista la confianza de invertir, en donde existan los apoyos y condiciones para crear pequeñas y medianas empresas, en donde prevalezca un estado de derecho justo y equitativo para cualquier miembro de la sociedad, en donde cualquier mexicano pueda cumplir sus ideales sin voltear a la frontera norte y lo más importante en donde existan expectativas de desarrollo para nuestras futuras generaciones.
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