· Año 11 · Número 125 · Mayo 2005 ·
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M. Teresa Pérez Cano
Departamento de Urbanística y
Ordenación del Territorio
Universidad de Sevilla

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Todo el mundo entiende como obvio, que el equilibrio económico consiste en gastar como máximo lo que se ingresa, o que sobre la base de determinados ingresos se establece un nivel de vida. Sin embargo este razonamiento que funciona bien al nivel de economía familiar, ni siquiera se plantea hasta ahora a escala urbana. Como ciudadanos, amparados en el anonimato de la masa, consumimos, gastamos, derrochamos, sin reponer nunca la despensa, como si los recursos fueran inagotables.

 

El concepto de sostenibilidad

La sostenibilidad se acuña en la Cumbre Mundial del Medio Ambiente de Río de Janeiro en 1992. Allí líderes de 172 países se pusieron de acuerdo en pensar que “la salud de la naturaleza era esencial para el bienestar y la supervivencia de la humanidad”. En el campo de lo urbano esto se traduce en el diseño, desarrollo y gestión de comunidades urbanas sostenibles o lo que algunos autores han dado en llamar Ecourbanismo.

Sumidos en este lenguaje, las ciudades empiezan a considerarse como complejos ecosistemas artificiales, construidos en primera instancia para satisfacer las necesidades humanas, pero también –y no por ello es menos importante- con capacidad para proporcionar un biotopo a otras especies y cuyo impacto sobre el entorno natural debe ser cuidadosamente gestionado.

El desarrollo urbano sostenible mantiene la calidad general de vida, asegura un acceso continuado a los recursos naturales y evita la persistencia de daños ambientales.

En ese mismo sentido, el desarrollo sostenible es aquél que satisface las necesidades de la generación actual, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas propias. Es una cuestión de solidaridad intergeneracional.

La revitalización de las ciudades históricas

La ciudad se distingue principalmente de otros ecosistemas, en que su soporte físico –el biotopo- es en gran medida producto de la actividad humana. Artificial, consecuencia de cada cultura, que lo hace singular e irrepetible. En los proyectos urbanísticos de revitalización, se hace referencia a la vida, evocan la idea de insuflar nueva vida a un tejido urbano agotado. Se intenta combinar ciudad y ciudadanos, binomio que por definición debiera de ser inseparable, pero que paradójicamente, marchan con mucha frecuencia de forma independiente.

Tendemos hoy en día, a convertir las ciudades históricas en biotopos vacíos, llenos de oficinas o de turistas, pero donde fracasa la relación habitante-espacio construido. La imagen de progreso vinculada al urbanismo moderno, puede poner en peligro la rica cultura tradicional de vida en comunidad.

Uno de los objetivos que busca este urbanismo de nuevo cuño o ecourbanismo es el de proyectar –en un sentido amplio- comunidades humanas que proporcionen un entorno adecuado para las relaciones sociales y una vida comunitaria diversa y saludable.

La influencia fundamental del turismo

El turismo es la industria más importante del mundo. Genera, directa o indirectamente, el 10.7% del producto interior bruto global y proporciona casi el 11% de todos los empleos existentes en el mundo. La actividad turística arroja uno de los índices de crecimiento más elevados y ha causado la destrucción de importantes ecosistemas en todo el mundo: playas, zonas costeras, montañas, humedales...

Las previsiones indican que es un fenómeno en auge, que va a más. Aunque no todo es negativo, ya que el turismo también pueda servir para la integración social de áreas pocos desarrolladas. El turismo aparece muchas veces como otra forma de explotar suelos, en principio con poca capacidad para el rendimiento productivo primario o secundario. Tiende a situarse en lugares de gran calidad paisajística y bonanza climática, de manera que se propicie el disfrute al aire libre, las prácticas deportivas, etc.

Cuando se habla de la necesaria planificación del turismo, para conseguir un turismo sostenible, se subrayan tres aspectos:

1º- La utilización del medio natural de manera que los impactos negativos puedan ser corregidos sin dejar una huella permanente.
2º- El diseño y establecimiento de un producto turístico que tenga suficiente aceptación en el mercado para sostener los flujos turísticos a un mismo nivel a largo plazo.
3º- El mantenimiento indefinido de la viabilidad económica del turismo, por medio de la adaptación constante al mercado.

Por ello el turismo sostenible será el que consiga el equilibrio entre “un medio turístico percibido por los usuarios en todo momento de alta calidad (lo que incluye la protección del medio natural y del patrimonio histórico) y una demanda constante”. El problema es que se subordina la sostenibilidad al mercado. Remediar las equivocaciones o corregir los excesos cometidos, empieza a ser fundamental para satisfacer las exigencias del turista a largo plazo.

La ordenación de la oferta turística pretende regular los servicios y establecimientos turísticos en general (actividades relacionadas con el ocio, alojamientos de todo tipo, restauración, intermediación, información...) en orden a establecer las “condiciones básicas que han de reunirse para respetar y proteger el medio ambiente, el paisaje y la cultura”.

Como conclusión, el medio ambiente debe ser ahora el motor de la planeación, sin olvidar lo aprendido en etapas anteriores. Los estudios de impacto ambiental, obligatorios para la planeación a gran escala, son sólo la punta del iceberg.

La salud de la Tierra es una tarea común y compartida. Este planeta es nuestro único hogar y si queremos detener su deterioro ambiental, hay que reconsiderar seriamente nuestros modos de vida urbana, desde el centro histórico a la periferia integrada en su territorio.

Son muy pocos los ejemplos que se han llevado a cabo con criterios de sostenibilidad en el mundo. Casi todo se queda en buenas intenciones. Quizá, y eso es alentador, hay más preocupación entre las nuevas generaciones. Ya no hay vuelta atrás...

 

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