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| · Año 11 · Número 125 · Mayo 2005 · |
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Sin duda, a través de los años el obstáculo principal del liderazgo se ha localizado en la mente de quien lo ejerce, en la persona misma. La costumbre de hacer las cosas siempre de la misma forma, afecta esencialmente de dos maneras: la primera, impide al líder ver las situaciones de modo diferente, de ver más allá de lo ordinario, de visualizar nuevos escenarios, por lo que, las acciones cotidianas las convierten en hábitos o vicios que difícilmente las pueden cambiar. Además, la influencia del contexto refuerza el actuar diario, forzando en el cerebro determinados esquemas mentales, que hacen creer que la forma en que está actuando la persona es la mejor, y que difícilmente encontrará otras maneras de hacer mejor las cosas.
Cuando el ser humano, piensa, realiza una acción, o una tarea determinada, en el cerebro se lleva a cabo un proceso físico-químico, llamado sinapsis, el cual se realiza a través de las neuronas y los axones. Con el tiempo y la repetición se construyen rutas por donde ese proceso físico-químico se ejecuta, hasta llegar a dominar a tal grado el proceso, que las acciones se desarrollan automáticamente, en el interior del cerebro, por ejemplo, manejar una bicicleta, un automóvil o nadar, entre otros. Este fenómeno, tiene que ver no sólo con el aspecto psicomotor, sino también con situaciones cognoscitivas. Por lo que, una persona puede realizar diversas acciones al mismo tiempo una vez dominadas, gracias a los surcos mentales o bien, a los esquemas mentales formados en el cerebro. La segunda afectación que ocurre en el interior del cerebro, es que al no realizar nuevas tareas o actividades mentales diferentes, no se generan nuevas conexiones neuronales en el cerebro, por lo que, las neuronas que no se utilizan llegan a sucumbir por la falta de actividad, ya que, comúnmente siempre se usan las mismas conexiones, y se disminuye la posibilidad de mejorar la capacidad del cerebro. Por lo tanto, los esquemas mentales, la persona los construye por la experiencia previa que ha adquirido y la influencia del medio donde se desenvuelve, ya sea, en casa o en la escuela, en el barrio o la ciudad donde vive, también influye la cultura del país. Técnicamente un esquema mental se define como: la forma de pensar, de percibir el entorno o de hacer las cosas. También los expertos emplean otra acepción del concepto, esquemas mentales, y se les llaman, paradigmas o modelos mentales. Con seguridad, han escuchado la frase tan trillada, “la ceguera de taller no nos permite mejorar el área de trabajo”, la productividad, o superar a la competencia, dicha frase es una realidad del mundo laboral, e inclusive, en cualquier campo de la vida moderna. Es posible que alguien piense, yo no tengo ese problema, sólo a algunos les sucede, sin embargo, permítame decirles que es un problema común, la ceguera de taller es un excelente ejemplo de un esquema mental o un paradigma de la sociedad moderna, por esa razón, existen tantos errores, accidentes, pérdidas económicas, baja productividad y falta de competitividad en las organizaciones, lo cual, repercute en la competitividad de los países.
Veamos alrededor de nuestro entorno, por citar sólo un ejemplo, cuántas veces escuchamos, ¿para qué te esfuerzas?, no vale la pena, no reconocen nuestro trabajo, mejor haz como que trabajas, y las personas se dejan llevar por la corriente. Esta postura de las personas genera a través del tiempo esquemas mentales, que se convierten en vicios, ocasionando severos daños a la imagen y a la economía del país. O bien, sí usted es una persona que tiene que ver con la vida académica, cuántas veces ha visto en los equipos de trabajo de la escuela, cuando se les asigna alguna tarea, algún integrante del equipo, piense o inclusive lo diga, que fulano o mengano realicen el trabajo, al final me incluyen en la lista y tengo mi calificación. Todo es tan normal que se arraiga un paradigma de tal forma, que si alguien en el equipo exige que si no se trabajó por igual, no se les dé la misma calificación en el proyecto, esto, es mal visto por los jóvenes, ya que el esquema mental, es que sólo algunos trabajan, y terminan relegando a lo jóvenes que no están de acuerdo con los malos hábitos o los vicios. Con base en lo anterior, podemos decir que los paradigmas se construyen por la costumbre de ver o hacer las cosas, casi siempre de la misma manera, y cuando aparece algo diferente y la persona desea desplazar lo que ya existe en su mente, entra en conflicto y le es muy difícil cambiarlo o remplazarlo. Por lo que, el líder debe estar listo y preparado para aceptar nuevas propuestas, o buscar alternativas que sean innovadoras y le permitan mejorar continuamente, tanto en el aspecto personal como en lo profesional, ya que, la práctica permanente y sistemática generará un liderazgo innovador y creativo, fomentando en su gente el hábito de ver más allá de lo ordinario. Estimados amigos: no porque nos halla dado buenos resultados durante años la forma de hacer las cosas de la misma manera, no quiere decir que no existan otras formas de hacer las cosas, incluso mejor de cómo las hemos venido haciendo, les invito a que fomentemos una disposición al cambio, una renovación de paradigmas permanentemente.
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