· Año 11 · Número 124 · Abril 2005 ·
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Las empresas mexicanas han cometido graves errores al instalar software que permitiera la integración de sus cadenas productivas internas. ¿El futuro será diferente?

En las últimas décadas, la reingeniería y posterior integración de procesos de negocios internos a una organización fueron las pautas que siguieron los líderes mundiales en el aprovechamiento de las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) Hoy, la integración de cadenas productivas enteras a través de redes como Internet es la base de una economía competitiva.

El bajo rendimiento de las inversiones en tecnología que aqueja a muchas firmas mundiales se explica en gran medida por su incapacidad para conectar islas automatizadas al interior de sus organizaciones, o de enlazarse adecuadamente con sus proveedores, canales y clientes. A pesar de las promesas, las tecnologías disponibles en el pasado no fueron del todo fáciles de usar y quedaron fuera del alcance de muchos, y en particular, de las pequeñas empresas. La buena noticia es que en la actualidad existe un conjunto de herramientas basadas en estándares aceptados, los llamados Web Services, que prometen ayudarnos a construir una integración flexible, modular y accesible.

Los errores de las ERP’s

Las grandes empresas mexicanas apoyaron los esfuerzos de integración hace unos años con la implantación de aplicaciones empresariales integradas; software que se utiliza para automatizar procesos de administración, finanzas y producción. Entre este software destacaban las llamadas ERPs, por sus siglas del Inglés: Enterprise Resource Planning. Entre 1996 y 1999 se vivió el boom de las ERPs y el valor del mercado creció a una tasa media de 46% anual.

Los esfuerzos por enlazar a proveedores, canales y clientes a través de redes, iniciaron en los ochenta con el uso de formatos para intercambiar datos (electronic data interchange o EDI) El liderazgo en el uso de EDI lo han llevado desde entonces, las empresas que juegan un papel dominante en sus respectivas cadenas, como son las armadoras de automóviles, los bancos y los detallistas (retail); a pesar de su poder, siempre se han enfrentado a serias limitaciones para enlazar a sus asociados, particularmente a los más pequeños y de escasos recursos económicos y técnicos.

El auge de las ERPs abrió un nuevo camino; en teoría el enlace entre las ERPs de las empresas en una cadena, permitiría actualizar los planes de producción de los proveedores en función de las ventas al consumidor final, logrando minimizar el inventario. Sin embargo, siendo las ERPs soluciones no estándar, propiedad de un proveedor, el acoplamiento entre ellas sólo era viable cuando las contrapartes tenían una ERP de la misma marca o se desarrollaban interfases específicas que tomaban tiempo, eran costosas y servían para una sola ocasión.

El boom de las ERPs se dio gracias a las grandes corporaciones con recursos suficientes para adquirir licencias y servicios de consultoría e implantación de muy alto precio. Sin embargo, su presencia en empresas de menor tamaño era casi nula y por ende, jugaban un papel limitado en la integración de cadenas productivas.

En el segundo semestre de 1999 se inició un dramático desplome del mercado de las ERPs, que se agravó con la desaceleración económica que sufrimos desde finales del 2000; la tasa de crecimiento del valor del mercado mexicano pasó de +40% a 9% en ese periodo.

En los últimos años la industria de TIC ha empezado ha desarrollar una nueva arquitectura orientada a servicios (Web Services) cuya principal innovación consiste en acoplar recursos tecnológicos de entidades distintas y diversas índoles. Este acoplamiento flexible se logra con interfases que no hacen referencia al código específico de las aplicaciones, sino que las enlazan a través de mensajes que descansan en estándares como el Extensible Mark-up Language (XML) y el Web Services Description Language (WSDL), entre otros, que todavía están en desarrollo.

La integración vía Web Services es de naturaleza modular y por lo tanto flexible y barata; permite avanzar poco a poco, aprovechar la infraestructura existente y no “poner todos los huevos en una canasta”.

Es importante señalar que la arquitectura Web Services está en desarrollo y aún no reemplaza a las ERPs; su papel es más bien adecuado en la cadena productiva, para la interconexión de aplicaciones de diferentes empresas.

En los últimos años, los fabricantes de ERPs se han adaptado a las nuevas condiciones del mercado, bajando sus precios, estableciendo nuevos canales, modularizando sus aplicaciones y permitiendo su interconexión con las aplicaciones de terceros, mediante Web Services. La nueva oferta ERP, ya ha empezado a dar sus frutos; después de varios intentos fallidos, finalmente el mercado mexicano de empresas medianas ha empezado a crecer a tasas por arriba del 30% anual, a pesar de la crisis.

Las empresas mexicanas cuentan con la posibilidad de adoptar estas nuevas herramientas y avanzar competitivamente. Es necesario no cometer los mismos errores que se cometieron en el boom de las ERPs. La tecnología es sólo eso, una herramienta y no una solución utópica a todas nuestras carencias. Esta debe ser acompañada de una transformación integral de las empresas; que incluye la revisión de las organizaciones y los procesos de negocio, así como la motivación, cultivo y empoderamiento del talento humano.

En suma, el aprovechamiento de la tecnología exige un decidido liderazgo gerencial innovador, elemento escaso que explica nuestra débil posición competitiva. La tecnología de los web services brindan una oportunidad para que las cadenas mexicanas den un salto cualitativo en su competitividad; oportunidad que no debemos volver a desperdiciar.

 

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