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| · Año 11 · Número 124 · Abril 2005 · |
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La intensidad y la diversidad de la información son dos aspectos que caracterizan a la era del conocimiento. El número de publicaciones científicas y técnicas de cada año es superior a la de los años anteriores hasta el punto que, en los últimos cinco años se ha producido más conocimiento que en los primeros cinco mil años de historia.
El exceso de información ahora presente y la rapidez con que se generan nuevos conocimientos, favorece la existencia de sociedades cada vez más sofisticadas y preparadas. Las nuevas circunstancias del siglo XXI demandan líderes con competencias acordes a la nueva realidad, con habilidades que les permitan aprovechar oportunamente los avances del conocimiento, de utilizar e innovar las tecnologías oportunamente, pero sobre todo de la capacidad para conformar y dirigir equipos con una diversidad importante de capacidades y caracteres. La pulverización de la información hace más difícil el ejercicio del liderazgo, ya que atender y satisfacer las necesidades de un entorno tan dinámico, no puede realizarse de manera individual, sino de forma colectiva. La sociedad del tercer milenio está inmersa en una época donde “la unidad de trabajo son los equipos más que el individuo mismo”, por lo que a este paradigma se le define como la “inteligencia colectiva”.
La función que desarrolla un equipo de trabajo en la sociedad del conocimiento, se ha enriquecido con las competencias de la inteligencia colectiva, ya que ésta, integra las competencias para explorar, interpretar y aplicar el conocimiento disponible. El trabajo en equipo debe ser un hábito de la persona, un estilo de vida, donde el poder colectivo supere siempre la actuación individual, que le permita al grupo apropiarse, utilizar, compartir y agregar valor a la información disponible. Es aquí, donde el rol del directivo juega un papel vital para conformar equipos exitosos, pues, la organización depende de la capacidad del líder para integrar equipos con diversas habilidades, actitudes y valores, pero finalmente la prueba de fuego se da, cuando cada uno de los individuos comparten sus capacidades y las conjugan con el propósito de obtener el mejor provecho de ellas. Se nos educa para ser excelentes especialistas, pero con enfoque individual, sin embargo la persona resuelve, en la mayoría de los casos, situaciones o problemas donde necesita del apoyo y la intervención de otros individuos. Para lograr conformar equipos con inteligencia colectiva, es necesario desarrollar esta inteligencia desde la infancia, durante los primeros años de formación y así a través de todo el sistema de educación, utilizando modelos de valuación innovadores que fomenten la búsqueda, la interpretación y el intercambio de información, así como el poder colectivo del grupo a través de la conjugación de cada una de sus capacidades y caracteres.
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