· Año 11 · Número 123 · Marzo 2005 ·
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Lic. Ma. Guadalupe González Madrigal
Presidenta de Mujeres Empresarias Mexicanas, A.C.
memac_lm@yahoo.com.mx

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“Mujeres juntas, ni difuntas”. Dicho popular que durante décadas ha dictado una cultura generalizada que aboga por la imposibilidad de que las mujeres desarrollen el sentido de la solidaridad y subsidiaridad entre ellas mismas.

Desde tiempos muy antiguos, tanto como la familia, las mujeres han desarrollado altamente el sentido del trabajo en equipo, al aceptar que cada miembro de la misma realice diferentes funciones y sirviendo de órgano coordinador de los esfuerzos de todos para un fin común, como la subsistencia, y la vida en sociedad. Las mujeres son solidarias y subsidiarias no sólo con la familia, sino con otras mujeres en similitud de circunstancias, como las madres que se apoyan al llevar y recoger a los hijos en las escuelas, las que apoyan con comida a la que no tiene, las que dan asilo a otras e infinidad de muestras de mujeres que individualmente se muestran preocupadas y hacen algo por su prójimo femenino y masculino.

De manera organizada, en grupos de trabajo, las encontramos en la Iglesia, en las voluntarias que se hacen cargo de diversas labores de ayuda social, desde recolectar bienes para repartir entre la población más pobre, hasta generar ingresos para la parroquia que apoyan. En las escuelas, con las organizaciones de padres y madres de familia, en donde frecuentemente coordinan verbenas y otras acciones para construir aulas, hacer festejos para los niños y mejorar el ambiente escolar donde están sus hijos. Y a otras escalas, en diversas asociaciones o grupos civiles luchando por causas de beneficio social o ecológico.

En el ámbito productivo, en los sindicatos, donde resultan apasionadas defensoras de su encomienda y comprometidas líderes con las causas que representan; y más recientemente, las mujeres nos hemos agrupado en asociaciones empresariales encontrando que el esfuerzo de equipo nos hace más capaces para enfrentar la problemática de la vida empresarial, desmintiendo dichos y creencias, demostrando que nuestra capacidad de asociación también es alta.

“Dos cabezas piensan más que una” es otro dicho popular que expresa una gran verdad: cuando dos voluntades se unen, las ideas crecen y el resultado puede superar, incluso, lo esperado. Aún cuando el modelo de agrupación empresarial no es conocido por todas, las mujeres que buscan un medio para desarrollarse como empresarias y deciden incursionar en el mundo de las asociaciones empresariales, encuentran mucho más de lo que inicialmente esperaban.

De entrada, tienen contacto con otras mujeres que experimentan una problemática similar, lo que las hace afines. Además, encuentran un medio para manifestar sus ideas respecto a situaciones de la vida cotidiana empresarial, que luego van convirtiéndose en demandas del sector. Por otro lado, su clientela se ve potencialmente incrementada, de inmediato, al tener acceso a un directorio de otras organizaciones que bien pueden requerir sus productos o servicios.

Adicionalmente, se detecta la necesidad de la capacitación y formación empresarial y se le dan opciones para cubrir esa necesidad, con programas acordes a sus ocupaciones. Eso, sin contar con los beneficios que da la representación de grupo, lo que resulta en convenios atractivos con diversos servicios o grandes empresas comerciales que están dispuestas a otorgar descuentos y prestaciones adicionales a los grupos empresariales. Todos esos beneficios y más, dependiendo el organismo empresarial de que se trate, se pueden obtener al integrarse a una asociación, colegio, cámara o grupo de representación, cualquiera que sea su denominación.

En esta época de alta competencia y cambios constantes en el mercado y en la forma de hacer negocios, las empresarias y los empresarios deben formar parte de por lo menos una agrupación empresarial que los mantenga informados de lo que acontece en el mundo económico más allá de su percepción cotidiana. Los organismos empresariales son cúpulas a las que la información llega más pronto y se tiene acceso a los órganos de gobierno e iniciativa privada donde se toman las decisiones que afectarán nuestra propia actividad. Por ello, la participación de empresarias y empresarios en asociaciones es necesaria y provechosa para todos.

Respecto a las mujeres empresarias, su incorporación a las asociaciones empresariales es todavía más provechosa, toda vez que es un sector aún no explorado por muchas de ellas.

¿Por qué asociaciones de mujeres?

Porque el género representa una afinidad de por sí, con una problemática que al igual que a los organismos que afilian a un sector de la industria o del comercio, nos hace tener un reto común, que en el caso de las mujeres tiene mucho que ver con el equilibrio de la vida familiar.

Las mujeres tenemos un amplio sentido humano en nuestra percepción de las demás, yendo más allá de la visión de un ente económico y productivo hacia la parte sensible, apoyando a las que enfrentan problemas que no tienen qué ver con las empresas, pero sí con las personas; formando grupos solidarios y subsidiarios de mujeres apoyando a otras mujeres y a sus familias y a la sociedad.

Es satisfactorio ver cómo el potencial que cada líder femenina trae consigo va descubriéndose una vez que la mujer encuentra un punto de apoyo en un grupo donde se siente aceptada; tiene parámetros de comparación de su actuación misma y de su problemática y donde se le dan herramientas de trabajo para acrecentar su capacidad creadora, humana y empresarial.

No obstante la corta trayectoria con que cuentan las asociaciones empresariales femeninas, han desarrollado modelos propios que están encontrando la forma de impulsar el genio emprendedor de las mujeres, donde, además, se da paso a lazos personales de fraternidad, amistad, solidaridad y verdadera subsidiaridad.

Basadas en valores como la integridad y la búsqueda del bien común, las asociaciones de mujeres pueden representar una verdadera palanca para la incorporación del género femenino en la vida productiva del país. Las alianzas de empresas micro y pequeñas son inicialmente uniones de confianza entre las personas que las encabezan, y en estas asociaciones se fomenta la creación de nuevas empresas a partir de la unión de esfuerzo y de habilidades, para convertirse en entes más capaces, fuertes, diversificados y más competitivos.

Hoy por hoy, en épocas donde se habla de empresas globales, economías de mercado y tecnología de punta, las pequeñas empresas no debemos actuar aisladas; hay un mundo de posibilidades cuando más de dos mentes se unen para buscar soluciones, y una asociación es una forma de unión muy válida.

Si usted tiene una micro, pequeña o gran empresa y piensa que ya sabe todo respecto a los negocios, regálese la oportunidad de compartir sus experiencias y de recoger las de otros… quién sabe, a lo mejor encuentra una nueva forma de hacer más negocios, y les da a los demás la opción de hacer negocios con usted.

 

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