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| · Año 11 · Número 123 · Marzo 2005 · |
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En una conferencia reciente a la que tuve oportunidad de asistir se le preguntó a Federico Reyes Heroles cuál era la opinión de los empresarios internacionales al respecto de sus colegas mexicanos, a lo que contestó de una manera muy franca a pesar de estar ante un auditorio lleno de empresarios: MUY MALA, principalmente en temas de corrupción. La respuesta de Reyes Heroles mueve a preguntarnos si esta opinión que supuestamente los extranjeros tienen sobre nosotros es verdaderamente cierta y si así es: ¿Qué razones tienen para ese pensamiento? Mi experiencia personal de trato con empresarios y representantes de otros países me lleva, lamentablemente a coincidir con el conferencista. Con sus matices, dicho comentario que se tiene en el extranjero de los mexicanos como empresarios no es bueno. Se nos acusa de muchas conductas que en la visión de algunos extranjeros, son inmorales. Considero que, o vale la pena el entrar en una discusión acerca de la validez de la opinión de los extranjeros sobre nuestros hombres de empresa y tampoco sobre el derecho que de expresarla tengan. Me parece mucho más importante el hacer un auto análisis sobre la realidad de la empresa y el empresario mexicano. Veamos algunos elementos globalmente aceptados como buenas prácticas corporativas y su aplicación en el mundo empresarial mexicano: 1. Libre competencia
En principio, la empresa debe de promover y vivir la libre competencia bajo condiciones de equidad para todos los actores. Esto significa que los empresarios deben, ante todo, ser ejemplo de prácticas competitivas dentro y fuera de la empresa. La realidad mexicana nos indica algo un poco diferente. Si bien en los últimos veinte años el mercado mexicano se ha abierto a la competencia internacional, todavía existen muchos empresarios que siguen pensando y actuando en el México de los monopolios. Afortunadamente cada vez menos, estos empresarios buscan arreglos de fijación de precios, reparto de mercados y otras prácticas no dignas de la empresa moderna. Quizá en esta área el principal culpable es el gobierno. Es increíble que un país del siglo XXI todavía tengamos que sufrir monopolios como PEMEX, la CFE y otros servicios gubernamentales. Aquí la responsabilidad del empresariado está en insistir de manera enérgica, en la necesidad de aprobar y ejecutar las reformas estructurales de las que tanto se han hablado. 2. Gobierno corporativo Las empresas modernas, de cualquier tamaño, requieren de tener reglas claras de Gobierno Corporativo. En México esto es, aún al nivel de la gran empresa, una ocurrencia más bien rara. Los Consejos son grupos de familiares y amigos que se reúnen para alabar al presidente en turno. Son extraños los Consejos con Consejeros verdaderamente independientes. Mucho tenemos que avanzar en este camino. Por otra parte y en esta misma área, existe una falta de respeto para los accionistas minoritarios y una concentración de acciones de control en unas cuantas manos. Esto ha generado, en parte, el que nuestro mercado de valores sea muy pequeño y con bursatilidad baja, exceptuando unas cuantas empresas. Por ejemplo, si vemos la composición del Índice de la Bolsa Mexicana de Valores, podremos observar el abrumador peso que una sola familia, la de Carlos Slim, tiene sobre de éste. Esto no es responsabilidad del Sr. Slim, sino del bajo atractivo que para las empresas mexicanas tiene el mercado de valores como fuente de financiamiento. La realidad es que nuestras empresas tienen temor a enfrentarse a un conjunto de reglas que todas las empresas públicas deben de adoptar. Y cuando un inversionista, nacional o extranjero, considera nuestro mercado de valores como opción, no puede menos que recordar los casos de abuso de los derechos de las minorías que tanto se han publicitado. 3. Responsabilidad fiscal El objetivo de una empresa es generar riqueza y esta debe de ser repartida entre todos los que contribuyen a su éxito. La sociedad debe de ser retribuida en forma de impuestos justos. En gran medida, generado por la complejidad del sistema tributario mexicano, la empresa típica gasta una cantidad importante de dinero en evitar impuestos de forma legal aunque algunas veces moralmente discutible. Aún peor es el caso de los empresarios que evaden impuestos de forma ilegal. Considero que si tuviéramos una combinación de un sistema fiscal justo y simple, y empresarios fiscalmente responsables, la situación fiscal de México sería considerablemente mejor. 4. Transparencia La sociedad de nuestros días exige que todas las organizaciones operen bajo reglas estrictas de transparencia. La empresa no puede eximirse de este concepto. Sin embargo, muchas de nuestras empresas suelen ser cajas negras cuyas informaciones guardan celosamente aún de nuestros propios colaboradores. No se trata de compartir secretos industriales o propiedad intelectual. Se trata de participar a la sociedad nuestros objetivos, nuestras mejores prácticas, los valores de la empresa y las acciones que pueden beneficiar y perjudicar a la sociedad. 5. Corporativismo
Probablemente uno de los problemas más serios de nuestro entorno empresarial. Organizaciones de empresarios que no defienden los intereses de sus socios sino de aquellos que están en el poder. Asociaciones que buscan ante todo el obtener prebendas del gobierno más que el avance de las mejores prácticas empresariales. Dirigentes que utilizan su posición para avanzar a posiciones políticas o gubernamentales. No considero que el que un empresario acceda a cargos gubernamentales esté mal por sí mismo. Lo que está mal es abusar de mi posición en un organismo empresarial para lograr la posición o beneficios para mi persona o mi empresa. 6. Corrupción pura La más simple de todas las formas de corrupción es la dádiva a quien puede otorgar un beneficio extra, llámese permiso gubernamental, contrato, orden de compra, etc. Esta forma de corrupción, que afortunadamente se presenta cada vez menos, fue la forma tradicional de hacer negocios en México. Todavía al día de hoy y en particular en ciertas regiones del país, es común el otorgar gratificaciones para obtener licencias, permisos, etc. En el renglón de contratos de obra pública no tenemos más que mirar a los eventos de pasado año con el tesorero del Gobierno del DF. Lo que es más preocupante es que pareciera que quien era finalmente responsable del comportamiento de sus subordinados hoy se enfila a una candidatura a la Presidencia sin que le haya hecho daño la corrupción descubierta. Algo está radicalmente mal con la forma de pensar de los ciudadanos. Los seis puntos anteriores son algunos de los elementos que los extranjeros ven en nosotros para calificarnos negativamente como hombres de empresa. Pero como en toda enfermedad, una parte muy importante es el diagnóstico pero aún más importante es el adecuado tratamiento. ¿Qué elementos veo como útiles para corregir nuestra actuación? I. Libre competencia Los empresarios necesitamos ser adalides de la libre competencia. Tenemos que aceptar que la competencia no solo es buena sino es el combustible que alimenta nuestra mejora continua y que sin ella no mejoraremos y la empresa morirá en el mediano o largo plazo. Esto significa que aún bajo reglas de inferioridad luchemos para ser mejor que el competidor. Uno de los casos de pasión por la libre competencia que me vienen a la mente es el de “Advanced Micro Devices”, la compañía de procesadores que bajo el liderazgo del Dr. Héctor J. Ruiz, un México-Americano nacido en Piedras Negras, es el competidor más feroz del monopolio INTEL y en muchos productos específicos les ha arrebatado la posición número uno. AMD dice en su página corporativa: “La historia de AMD está marcada por nuestra ferviente creencia en los méritos de la libre competencia. Sin libre competencia, la innovación sufre y por lo tanto el cliente se ve afectado por menos alternativas, costos más altos y crecimiento más lento”. II. Gobierno corporativo Los empresarios mexicanos necesitamos a entender que la empresa no es solo de nuestra propiedad, es un ente social que tiene muchos intereses. Le recomendaba a uno de mis clientes en la asesoría: Fija tus prioridades de pago, a quién le debes de pagar cuando el flujo es escaso. Cuando le di mi recomendación (empleados, fisco, proveedores y accionistas, en ese orden) me miró con grandes ojos como si yo estuviera loco y me pregunto: ¿Nosotros al último? La respuesta es un SÍ rotundo. Unas buenas reglas de gobierno corporativo dan respuesta a muchas preguntas básicas tales como: ¿Cuál es el papel de la familia?, ¿Qué es legítimo pagar de la empresa de lo que los accionistas gastan?, ¿Cómo debe de estar conformado mi consejo?, etc. Es claro que en México no tenemos costumbre de tener un consejo con externos en él. En mi opinión es una de las formas más sanas de forzarnos a actuar éticamente y es válido aún para la pequeña y mediana empresa. III. Responsabilidad fiscal La cuestión en este tema es muy simple: El objetivo de la empresa no debe de ser evitar y mucho menos evadir impuestos. El objetivo es generar riqueza y de ella una parte debe de regresarse a la sociedad vía impuesto. Quizá aquí nuestra colaboración más importante está en presionar para la simplificación del sistema tributario. IV. Transparencia Tema de moda, pero del que poco se habla y menos se practica al interior de la empresa. Es necesario aceptar que las nuevas reglas nos obligan a hacer todas nuestras acciones transparentes y claras y si las acciones son transparentes, no veo porque se nos dificulte darlas a conocer al público interesado, ya sea en accionistas, empleados o sociedad en general. Una política de comportamiento transparente en nuestras empresas y organizaciones es necesaria a cualquier nivel. V. Corporativismo Mi comentario en este tema es que ya pasó el tiempo de que las organizaciones empresariales sean la plataforma para los cargos políticos. Nuestra responsabilidad es exigir a los dirigentes que actúen en beneficio de sus agremiados sin pedir o aceptar prebendas del gobierno y sin usar a la organización para propósitos personales. Con muchísimo respeto, el hecho de que una ex-dirigente empresarial sea ahora candidata al gobierno de uno de los Estados más poderosos del país por un partido de izquierda que consistentemente ha atacado la libre empresa y se opone a las reformas estructurales, no nos deja muy bien parados como asociaciones empresariales. VI. Corrupción pura La solución, considero, está en más y mejor educación. Nada se puede lograr si no educamos a nuestras nuevas generaciones en los conceptos de ética personal y moral pública. Esta educación tiene que iniciarse a muy temprana edad y continuar durante toda su vida como niños y jóvenes. Basta ya de hacer de quienes actúan mal héroes públicos o candidatos a puestos de gobierno. Necesitamos aprender a no disculpar las conductas ilícitas en nuestras empresas, nuestras asociaciones y la sociedad en general. Hasta el próximo mes... Nota del columnista: Durante un año colaboré con LÍDER EMPRESARIAL escribiendo “Hablemos de Competitividad”. De acuerdo al espíritu renovador de esta publicación, he cambiado el título de mi columna a “De Opinión”, para permitirme abarcar otros temas. Espero me sigan favoreciendo con su lectura.
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