· Año 11 · Número 121 · Enero 2005 ·
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Dr. Jorge Molina Larrondo
Director General de JML Strategic,
Market & Government Advice

jorgemolina@att.net.mx

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Me ha llamado la atención que desde que se anunció la intención del gobierno mexicano de postular al Canciller Luis Ernesto Derbez a la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA) no se haya hecho comentario alguno sobre las consecuencias que su partida traerá a la política exterior mexicana. Y en el caso del Secretario Derbez, su relevo implica no solamente posibles cambios en el estilo y la agenda diplomática, sino también en la agenda de comercio internacional de México.

Sin importar el resultado del proceso de elección del nuevo Secretario General de la OEA, la candidatura de Derbez implica seguramente su salida de la Secretaría de Relaciones Exteriores, pues en caso de no ser electo, su capacidad de gestión ante otros países se pondría en duda y su capital político se habría prácticamente agotado. Por otra parte, mientras que la capacidad como economista internacional del Canciller ha quedado demostrada en otras ocasiones, su papel como concertador internacional quedó en entredicho luego de la reunión de la OMC en Cancún y de los pocos resultados durante su gestión en la Secretaría de Economía, mientras que su labor al frente de Relaciones Exteriores se ha caracterizado primordialmente por la gran cantidad de cambios realizados en embajadas y consulados de todo el mundo –en ocasiones por simples diferencias personales, que generaron reacciones negativas del Senado ante las propuestas de los nuevos candidatos– y por la preferencia que ha dado a ciertos funcionarios por encima de los méritos de los miembros del Servicio Exterior Mexicano.

Es un secreto a voces que el Canciller nunca ha dejado de ser la máxima autoridad en temas de comercio internacional a pesar de su salida de la Secretaría de Economía para pasar a ocupar el puesto que había dejado vacante el ahora candidato a la presidencia, Jorge Castañeda, hace un par de años. Luego de haber resistido los diversos embates de Castañeda para que las atribuciones de la Subsecretaría de Negociaciones Comerciales, en ese entonces a cargo del Dr. Luis de la Calle, pasaran a la Secretaría de Relaciones Exteriores, Derbez hizo la misma solicitud al Presidente Fox como condición para aceptar la cartera de Tlatelolco, pero en esta ocasión añadió que también fueran trasladadas la Dirección General de Inversión Extranjera y la Unidad de Prácticas Comerciales Internacionales. Como lo dijera hace casi cuarenta años John McNamara, antiguo Secretario de la Defensa de los Estados Unidos, “lo que uno opina depende del cargo que ocupa”.

Al mismo tiempo que Derbez inició sus labores como Canciller, su equipo comenzó a realizar los trámites para que el equipo de negociaciones comerciales –entonces a cargo de Angel Villalobos, quien fuera su coordinador de asesores en la Secretaría de Economía– pasara a Relaciones Exteriores. Las reacciones en contra de esta medida no se hicieron esperar, tanto del Congreso como del sector privado, quien argumentaba que con el cambio, la agenda comercial perdería su importancia y se vería sujeta a consideraciones ajenas.

La Cancillería respondió que era común en otros países, como en Canadá, contar con una sola dependencia responsable tanto de los temas diplomáticos como de comercio exterior. Sin embargo, esta es una tendencia que tiende a desaparecer, e incluso el gobierno canadiense separó en el 2003 a la que se conocía como Relaciones Exteriores y Comercio Internacional en dos dependencias distintas. En base a los buenos resultados de esta decisión, el 7 de diciembre del 2004 el Ministro de Comercio Internacional de ese país, Jim Peterson, presentó al Parlamento canadiense la iniciativa de ley para crear el Departamento de Comercio Internacional, la que espera sea aprobada en el primer trimestre del 2005.

Derbez nunca dudó de que lograría el cambio, y cuando acompañó al Presidente Fox al Foro Económico Mundial de Davos ya como Secretario de Relaciones Exteriores, en enero del 2003, visitó al Director General de la Organización Mundial de Comercio, Dr. Supachai Panitchpakdi, para informarle que él sería el anfitrión de la reunión de Cancún y que seguiría a cargo de la política comercial mexicana. Este era la decisión que previamente se había acordado con el Secretario Fernando Canales, cuando éste asumió el cargo como Secretario de Economía.

Por su parte, el Canciller Derbez recibió por escrito diversas opiniones jurídicas de quienes tenía plena confianza que indicaban las dificultades para lograr la transferencia de funciones, ya que se requería que el Congreso aprobara cambios, entre otras, tanto de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal como de la Ley de Comercio Exterior y de sus reglamentos, donde se establece que la Secretaría de Economía es la responsable de las funciones de comercio exterior, en tanto que el gobierno foxista no contaba con el capital político necesario para lograr su aprobación en el Congreso. Una vez que el Congreso aprobara los cambios necesarios, se hubiera requerido formalizar este movimiento con cada uno de los países con los que México cuenta con tratados de libre comercio (TLCs), de alcance parcial, de complementación económica o de protección y promoción a la inversión, en donde se estipula que el representante oficial de nuestro país, para efectos de estos tratados, es la Secretaría de Economía.

El antagonismo del Congreso se explicaba en buena parte por varios desplantes que Derbez había tenido en particular con algunos de sus miembros, los que fueron calificados por los miembros de la Comisión de Comercio de la Cámara de Diputados como “faltas de respeto al protocolo.” Por otra parte, el presidente de la Comisión de Comercio del Senado, el panista Ricardo Alanís Posada, quien era el principal enlace con ese grupo que tenía la responsabilidad de analizar la propuesta de cambio de funciones junto con otras dos comisiones, había dejado su cargo en busca de la presidencia municipal de la ciudad de León. Era claro que Derbez y el gobierno foxista enfrentaban una batalla cuesta arriba, mientras que los recursos necesarios para lograr la aprobación del Congreso se requerían utilizar para proyectos de mayor prioridad, como la reforma energética, fiscal y laboral.

Luego de varias semanas de debate, tanto en los medios informativos como a puerta cerrada, se abandonó la idea de mudar al área de negociaciones comerciales a Relaciones Exteriores, y se convino con el Secretario Fernando Canales que sería Derbez quien tomaría las decisiones en materia de política de comercio internacional. Esta decisión se le informó personalmente a la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos y a los principales socios comerciales del país, lo que no evitó que surgieran muchas dudas y confusiones entre estos países. Tampoco evitaron los choques entre Canales y Derbez, los que se evidenciaron particularmente durante la visita del Presidente Fox a Japón, en octubre del 2003, donde se esperaba lograr el cierre del TLC entre ambos países.

Desde la llegada de Derbez a Tlatelolco, los funcionarios de la Subsecretaría de Negociaciones tienen instrucciones de mantener oportunamente informado al Canciller, de manera privada y confidencial. Estos mismos funcionarios realizan todo el trabajo técnico referente a los temas de comercio internacional e inversión extranjera cuando el Canciller interviene en cualquier foro y no han faltado los choques con los funcionarios de Relaciones Exteriores cuando éstos han tratado de “mejorar” las cifras o el análisis que genera la Secretaría de Economía. Para ello resultó redundante la Subsecretaría de Relaciones Económicas y Cooperación Internacional que Jorge Castañeda creó en Relaciones Exteriores, la que a falta de un nicho propio dentro de la burocracia federal y de funcionarios con la capacidad que lograran este propósito –a la subsecretaria Lourdes Dieck la promovieron como embajadora a Bélgica– la convirtieron en la Unidad de Relaciones Económicas y Cooperación Internacional, a cargo de la Dra. Irma Gómez Cavazos, quien fungiera como Coordinadora de Asesores del Canciller.

El eventual relevo del Secretario Derbez hace cuestionar si el gobierno del Presidente Fox dará un nuevo impulso a la política comercial, o si ha decidido no hacer nada más en lo que resta de este sexenio. Sin embargo el 2005 será un año lleno de retos: habrá que enfrentar la eliminación de las cuotas textiles a China, el arranque del TLC con Japón, responder a la solicitud de Corea del Sur de negociar un TLC similar al japonés, la conclusión del ALCA, la reanudación de la Ronda Doha de la OMC, la profundización del TLC con la Unión Europea (UE) una vez que los congresos aprobaron la extensión de beneficios a los diez países que ingresaron a la UE el pasado 1 de mayo, hacer los ajustes necesarios ante la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto, mientras que la relación con América Latina se hará más compleja con la integración de Panamá al G-3 y la actualización de este mismo, la armonización de los TLCs con Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua, los ajustes para la industria textil que traerá la entrada en vigor del CAFTA, las negociaciones con MERCOSUR. Y en lo que respecta a la relación con Estados Unidos, habrá que seguir trabajando para evitar nuevas restricciones al comercio derivadas de las iniciativas de seguridad emitidas por ese país, evitar nuevas trabas al comercio agroindustrial, resta acordar el reglamento para el autotransporte entre ambos países, la nueva revisión del caso antidumping de la industria cementera, la resolución del pánel de la OMC sobre fructuosa, la simplificación de las reglas de origen y los avances en lo que se ha llamado el “NAFTA-Plus” que busca generar el régimen de unión aduanera para los sectores que han logrado el mayor nivel de integración. Y no se puede olvidar la propuesta del Congreso para revisar las leyes de comercio exterior y de aduanas y los ajustes que se deben prever ante las negociaciones bilaterales que realiza Estados Unidos, MERCOSUR y la UE.

Por su parte, el Secretario de Relaciones Exteriores le ha comentado a sus colaboradores más cercanos que espera dejar su cargo en febrero del 2005. Queda por ver si su salida hará que la Secretaría de Economía vuelva a tomar las decisiones en materia de comercio internacional o si el nuevo canciller mantendrá la tradicional pugna con el Secretario Canales por el control de las decisiones comerciales. Este escenario abre nuevos espacios para el Secretario de Economía, pero habrá que ver si este los aprovecha o si continúa ajeno a la agenda de comercio internacional, como hasta ahora. También será interesante ver si en esta ocasión el sector privado tendrá la oportunidad de opinar sobre el futuro de nuestra política comercial. Quizá si los asesores del Presidente Fox revisaran la ley muchas de estas pugnas se evitarían y los funcionarios podrían dedicar su tiempo a funciones más productivas.

 

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