· Año 10 · Número 119 · Noviembre 2004 ·
Otras ediciones  |  Directorio  |  Publicidad  |  Contacto  




Mtro. Otto Granados Roldán
Departamento de Ciencias Sociales y Humanidades, ITESM Campus Aguascalientes
otto.granados@itesm.mx

BUSCAR

 

 

Hasta hace algunos años se hablaba del “milagro” de Aguascalientes. Sus progresos en materia de urbanización y escolaridad, los niveles de seguridad y de empleo, su relativo equilibrio en materia de desarrollo social e, incluso, el concepto abstracto de “calidad de vida” lo hicieron destacar en otra época a nivel nacional. Atraídos por esos calificativos, llegaron decenas de miles de inmigrantes en las últimas dos décadas que, unos más y otros menos, se integraron razonablemente a la vida local. Pero, en pleno siglo XXI, ¿sigue el estado siendo tan atractivo y exitoso como antes? Veamos.

En la última década es evidente que tanto el país como un conjunto de estados ubicados preferentemente en el norte y en los estados vecinos al Distrito Federal han modificado la fisonomía del desarrollo mexicano, a partir de: a) un cambio importante en su estructura industrial y manufacturera; b) una transformación en la orientación de sus sistemas educativos, y c) una concepción amplia de la apertura y la globalización. Pero además, en ese mismo lapso, se acentuó la presencia de nuevos jugadores a nivel internacional –como los casos de Chile, Corea o la India- que ya no solo compiten contra países sino contra regiones muy específicas de modo tal que los estados mexicanos ya no pueden pensar solo que sus contrincantes son otros estados más avanzados, sino también otros países que ahora lideran buena parte de los sectores de mayor valor agregado.

Esa distinción ha segmentado a México de manera muy clara, al grado de que muchos identifican a varios Méxicos ubicados en: a) el Sur, b) Centro/Norte, c) ciudad de México y zona metropolitana, d) Frontera norte y e) el México de los Estados Unidos. Más aún, diversos datos parecen confirmar que la distancia en el desarrollo de esas regiones es cada vez más abismal. Mientras que en estados como Nuevo León o Chihuahua pueden encontrarse niveles de ingresos comparables a los de Corea, en el sur viven mexicanos tan pobres que son equiparables a los de Honduras o Nicaragua. Mientras que en el norte operan las primeras empresas mexicanas realmente globales, como CEMEX, en el sur la producción del sector primario sigue siendo predominante. En suma, el sur concentra a los más pobres, que tienen salarios 3 y 4 veces por debajo de la región norte/frontera, y niveles de máxima marginalidad, perdedores empresariales, elevadas tasas demográficas y baja escolaridad. No es una casualidad que del PIB nacional solo 15% se produzca en el sur.

Pues bien, en este contexto ¿cuál debiera ser la transición económica deseable para Aguascalientes?

Está claro, en primer término, que el bono cualitativo parece haberse agotado como factor de atractividad para Aguascalientes. Hoy los factores de competitividad ya no los constituye la retórica de la gente buena o del cielo claro que durante mucho tiempo los hidrocálidos más tradicionalistas supusieron que era su principal ventaja. Estados como Coahuila o Querétaro, por ejemplo, están demostrando ser algunos de los nuevos jugadores a nivel nacional e incluso internacional, entre otras cosas porque asumieron una nueva concepción del desarrollo para sus entidades. Aguascalientes tiene ahora el desafío de desplazar las nociones arcaicas que históricamente le dieron cierta fama para dar paso a otra identidad mucho más agresiva: ser un estado abierto, moderno, productivo y competitivo. Si no cambia la filosofía de lo que quiere ser en el escenario nacional, difícilmente podrá evitar que siga perdiendo relevancia frente a otros estados.

Una segunda urgencia tiene que ver con la estructura del desarrollo industrial del estado en dos sentidos.

Por una parte, tiene que haber una decidida política que reoriente a la planta productiva, en especial a las empresas pequeñas y medianas, hacia el sector exportador, asumiendo que no le corresponde al estado garantizar que todas las empresas sean exitosas en este terreno –lo cuál depende de ellas y no del gobierno-, sino más bien creando las condiciones de competitividad adecuadas para que cada una logre los resultados que su capacidad y su productividad le permita. Es innecesario decir que en una economía globalizada creer que la mecánica de los subsidios, las exenciones fiscales o los créditos protegidos son las herramientas de éxito, es, sencillamente, una verdadera tontería. Si en ese proceso a unas les va bien y a otras mal, no es sino el reflejo de lo que pasa en la economía real en cualquier parte del mundo. Es decir, es perfectamente normal.

La otra vertiente está relacionada con la transición sectorial misma. Se entiende que algunos grupos empresariales locales sigan pensando que la producción manufacturera de bajo valor agregado –como la textil y confección- es el buque insignia de la industria local y que la prensa repita hasta el cansancio esa letanía, pues forma parte del folclor local, pero el norte mexicano y buena parte del mundo van en una dirección completamente distinta. No es extraño, por ello, que los sectores automotriz, autopartes, eléctrico y electrónico sean los responsables de más del 85% de las exportaciones del estado.

Si Aguascalientes quiere mejorar su fortaleza económica y el ingreso por habitante, debe estudiar muy bien lo que ha pasado en otras entidades y en otros países en donde el vuelco de la industria hacia sectores de alto valor agregado como la alta tecnología o los servicios han sido sus pilares fundamentales de desarrollo. Los nuevos gobernantes del estado debieran estudiar los casos de Monterrey en México, Irlanda en Europa, Chile en Sudamérica o Corea en Asia, para aprender el tipo de políticas públicas que son indispensables para tener una economía moderna.

El tercer elemento consiste en dejar atrás la retórica agrícola. Aguascalientes no será jamás una potencia agropecuaria, a pesar de que tenga empresas emblemáticas –como la financieramente maltrecha Gilsa o la exitosa La Huerta- en algunos renglones concretos de la producción primaria. En todo el mundo desarrollado el porcentaje que ocupan los sectores primarios como proporción del PIB no va más allá del 4%, pero lo hacen extraordinariamente bien como lo ejemplifican los casos de España, Nueva Zelanda, Chile o Australia. El punto medular es que la única parte del campo de Aguascalientes que está en condiciones financieras, tecnológicas y comerciales de progresar, es la parte empresarial, exportadora y moderna, e incluso en este caso, por más éxito que tengan, no ocuparán ya una posición dominante en la estructura productiva del estado. Seguir tirando dinero al campo pobre, improductivo e insostenible ambientalmente, sería una política social y fiscalmente muy irresponsable para un estado de desarrollo medio como Aguascalientes.

El cuarto asunto estratégico tiene que ver con la educación, particularmente, dadas las urgencias, con la de nivel medio superior y superior, y la innovación científica y tecnológica. El gobierno tiene que diseñar un nuevo enfoque acerca de lo que el estado requiere de sus escuelas técnicas de nivel medio y de sus tecnológicos y universidades públicas, a partir de que entienda que la verdadera fortaleza de un país o de un estado está en la cantidad y la calidad de conocimiento que produzca y de capital humano que forme y acumule. Los centros escolares públicos tienen la obligación no solo de rendir cuentas claras de los resultados que obtienen en los indicadores de calidad educativa, sino también de reorientar sus planes, programas y contenidos a las necesidades del desarrollo regional. Esto incluye, por supuesto, a la educación superior en el sentido de modificar el actual número de programas de licenciatura y de posgrado que se ofrecen, para darle mayor racionalidad y sentido, y de la investigación que hacen, para dirigirla hacia la investigación aplicada en temas relevantes para el estado y el país, y no, como ocurre hasta ahora, para satisfacer la voracidad de las burocracias universitarias.

Aguascalientes está en el momento más crítico de su era moderna. De su gobierno y de sus agentes sociales, educativos, económicos y políticos dependerá el destino que tenga en el mediano plazo.

 

Imprimir este artículo