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| · Año 10 · Número 119 · Noviembre 2004 · |
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El interés político de las minorías nuevamente se impone al interés del país (que no necesariamente coincide con el de la mayoría). Sin embargo, en esta ocasión, después de muchas tibias protestas, se logró el acuerdo. Por 369 votos a favor, 102 en contra y 8 abstenciones se aprobó la reforma al Artículo 122 de la Constitución. El problema es que este “acuerdo” de las diferentes bancadas tiene, independientemente del interés económico, un marcado interés político. Con la razón esgrimida en una mano y un garrote en la otra, el PRI, PAN Y PVEM tratan de quitar efectividad a la política populista de Andrés Manuel López Obrador. Esa efectividad la disminuirán con menos recursos. Que tengan razón, que sea correcta la igualdad de las entidades dentro de la Federación, no le quita el evidente endoso político de la reforma. Es una lástima que para este tipo de cosas nuestros diputados se puedan poner de acuerdo y para las cuestiones realmente importantes no. Y es que tan sólo en un año, México se desplomó 19 posiciones en el Índice de Confianza de la Inversión Extranjera Directa, al pasar del lugar 3 al 22 a nivel mundial. Lo curioso es que este desplome no se debe a que México se vea “peor”, sino que los demás países son MUCHO más agresivos. Esta aseveración se confirma porque en términos de proyecciones de rentabilidad, 64% de los grandes capitalistas cuestionados para el desarrollo de este Índice, mostraron optimismo por recuperar su inversión (cuando en el 2003 eran 63% los positivos), China se vio favorecido por la confianza de 74%, Polonia 67% y Brasil 65% (cuando estos países venían de niveles de confianza menores al 60 por ciento). En pocas palabras, hay más confianza en México, pero hay mucho más en otras naciones ¿La razón? La baja efectividad de nuestro país para realizar las reformas básicas necesarias. Y ¿cómo vamos a lograr reformarnos para enfrentar la agresiva competencia mundial con éxito?, si no logramos ni siquiera detener a una jauría de revoltosos que toman impunemente uno de los recintos más sagrados de la Federación Mexicana, la Cámara de Diputados. Lo más triste de todo es que la opinión pública se ha enfocado en los últimos meses en narrar una especie de “Carrera Humorística” donde pareciera que todos los actores políticos tratan de detener al Jefe de Gobierno del D.F. en su rápido ascenso a la Silla Presidencial. Es increíble que el Gobierno y los demás partidos políticos no puedan tener la capacidad de demostrar que ESO no es lo más importante que hacen en su quehacer diario. Por supuesto que el rezago en la inversión extranjera directa es uno de los primeros signos de nuestros errores políticos, pero a la postre pueden ser mucho más evidentes y dañinos. Nuestro país necesita estar preparado para tocar su parte al compás de la orquesta mundial; no puede ni debe retrasarse en esta preparación permanente. Históricamente, durante miles de años, los países, imperios, reinos o estados que se enfocan en sí mismos y desatienden el contexto internacional han terminado colapsando bajo su propio peso. Las grandes ventajas geográficas de México, así como la riqueza de su territorio y la calidad de su gente no deben ser desperdiciadas por las ansias de un grupo de “pelados” que ni siquiera fueron votados por nosotros, sino que, para colmo de males, obtuvieron una plaza plurinominal. Por lo pronto, México comienza a pagar el costo de su pasividad y rezago frente a la "agresiva" competitividad mundial al perder la confianza de los grandes inversionistas mundiales, quienes consideran, incluso, que el país puede ser de "alto riesgo" para sus capitales. Me despido deseándoles un mercado de logros a la alza, con posiciones largas en expectativas personales y no muchos sobresaltos. Hasta el próximo número.
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