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| · Año 10 · Número 119 · Noviembre 2004 · |
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Es cierto que hoy un día China es la sexta economía mundial. Pero dado su crecimiento se pronostica que rebasará a Inglaterra en el 2005, a Francia en el 2007, a Alemania en el 2010. En menos de 6 años se ubicaría en el 3er. lugar. Esto por sí sólo resulta ya apabullante. Pero suponiendo que se mantuviera el ritmo otros 10 años, rebasaría a Japón. Y necesitaría mantener el mismo ritmo de crecimiento otros 30 años adicionales, para ser la economía número uno del mundo. Ya durante 25 años ha tenido un promedio de crecimiento anualizado del Producto Interno Bruto del 10%. Los mismos chinos estimaron que en el 2004 su economía se enfriaría y crecerían “sólo” al 8%. Sin embargo en los 2 primeros trimestres del año han crecido a un 9.7%, superando sus expectativas. Sea que mantenga el ritmo de crecimiento o no, China se está expandiendo a un ritmo que ningún otro país puede emular. Su desarrollo es aún más espectacular porque involucra al país más poblado del orbe. O sea que cuando hablamos de crecimiento del 10% tenemos que pensar en la quinta parte de la población mundial. Lo cual hace que estos datos sean aún más impresionantes. Cuando pensamos en el crecimiento chino, nos sentimos seriamente amenazados, imaginando a nuestros productos desplazados, ya no en los mercados extranjeros sino en los nacionales. Sin embargo, creo que el crecimiento chino debe representar una oportunidad más que una amenaza. Primero: la capacidad consumo del pueblo e industrias chinos está comprobado. Van a comprar lo que necesiten para seguir produciendo y consumiendo. Su consumo ya se ha encargado de desquiciar mercados tradicionalmente controlados por occidente como son el petrolero y el de metales industriales. Los chinos son y serán cada vez más grandes consumidores de productos de construcción, materias primas, químicos, energéticos, etc. etc. Segundo: Los chinos comprenden perfectamente que el éxito de su acelerado crecimiento depende de su capacidad de colocar su torrente de productos terminados. Para ello saben que su mejor oportunidad es encontrar socios comerciales en todo el mundo. Me consta de primera mano que los chinos buscan todo tipo de alianzas y asociaciones, para vender y comprar. En muchos sectores y mercados, vale más una buena alianza con ellos, que intentar competir sin mucha esperanza. Tercero: Los chinos son grandes consumidores de productos que tradicionalmente no encontraban en su país. Que puede ir desde productos alimenticios (tortillas, nopales, picantes, botanas, etc...) hasta productos de moda. Creo que los esfuerzos que hacemos en México para acercarnos a China son bastante ineficientes. Basta que narre una anécdota de mi reciente viaje: Como asistente al CIFIT 2004 (China International Fair for Investment and Trade), fui testigo de un amargo fracaso. A dicho evento asistimos quizá unos 200 mexicanos. Habíamos gente representando a estados y municipios (por cierto nadie de Aguascalientes, un servidor iba asesorando a la delegación de Guadalajara), y algunas entidades Federales, Secretaría de Economía, etc. Parecía alentador encontrarse constantemente con gentes de Guanajuato, Durango, Querétaro, a cientos de kilómetros de casa, buscando y haciendo negocios. Sin embargo, el día que se programaron los matchings México-China, sólo asistimos algunos de los miembros de la representación de Guadalajara. Estos matchings son el alma de estas ferias, donde ya empresarios chinos y mexicanos se sientan y hacen negocios. Más de 60 empresarios chinos asistieron a dichos matchings, únicamente pudimos atender como unos 10 ó 12, los demás abandonaron los salones a disgusto por la poca seriedad de sus contrapartes mexicanas. Algunos traían proyectos muy en firme, como el interés en abrir una planta fabricante de aires acondicionados en México, para exportar al sur de Estados Unidos. Otros ofrecían ya una alianza comercial para vender productos. En fin. Tristemente, muchos de los mexicanos seguramente estarían visitando la muralla china o la ciudad prohibida, aprovechando el viajecito. Salvo unos proyectos que se concretaron entre Xiamen y Guadalajara, poco éxito pude ver en esta feria para México. El salón de firmas, donde se brinda y celebra el cierre de algún trato cerrado, estaba abarrotado y con cola. Cientos de negocios cerraban constantemente. Quizás 1 ó 2 solamente que involucraran a México. La presentación de la Secretaría de Economía fue poco menos que un desastre. Se expuso una información que obviamente era un “refrito” de material usado en Estados Unidos (invocando la cercanía geográfica como una ventaja), levantó nulo interés entre los asistentes. Cuando ya la mitad del auditorio se había retirado hizo lo propio la gente de la SE, encabezados por el Secretario Canales. Dejando la vergonzosa exposición a su suerte. Sin embargo, creo que existe un lado alentador. Y que el gobierno, empresarios y emprendedores mexicanos deben de aprovechar. Un crecimiento económico y bonanza financiera, aunque éste se dé en China, es una oportunidad de negocio y de crecimiento. Es cierto que los esfuerzos de gobiernos y de empresarios mexicanos pudieran ser más eficientes, pero sin embargo gozamos de ventajas a diferencia de muchos países de tercer mundo. Y llevamos cabeza en Latinoamérica. En la exhibición no tuve el gusto de toparme con algún latinoamericano que no fuera mexicano o cubano, estos últimos invitados “ideológicos” más que de negocios. Los empresarios chinos que tuve el gusto de conocer tenían perfectamente identificado a México como una gran puerta de entrada al mercado americano, y como los socios ideales para atacar mercados de todo el continente americano. Así que algo se ha hecho. Desde mi personal punto de vista, la oportunidad de negocios con China abre realmente unos horizontes de negocio que no deben ser pasadas por alto.
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