· Año 10 · Número 118 · Octubre 2004 ·
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Dr. Jorge Molina Larrondo
Director General de JML Strategic,
Market & Government Advice

jorgemolina@att.net.mx

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En poco más de un mes se realizarán las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Será el próximo martes 2 de noviembre cuando se espera que poco menos del 50% del electorado de ese país habrá de escoger a quién estará encargado de dirigir los destinos de la economía más importante del mundo hasta noviembre del 2008 y, además, será un personaje fundamental en el desarrollo de la agenda comercial internacional de los próximos años.

A lo largo de las últimas cuatro o cinco semanas, muchos de los analistas políticos más importantes de esa nación han dicho que al menos dos de cada tres personas ya han decidido por quién habrán de votar. Por lo tanto, la estrategia de ambos candidatos, el Presidente George W. Bush y el Senador Demócrata por el estado de Massachussets, John Kerry, se ha concentrado en los estados donde existe una mayor proporción de posibles votantes indecisos, como Ohio, Washington, Oregón, Arizona, Michigan, Wisconsin, Pennsylvania y Florida. Además, los esfuerzos de las campañas se están enfocando hacia aquellos grupos que consideran que pueden marcar la diferencia, como los más de siete millones de mujeres que viven solas y que se espera votarían a favor de Kerry, si es que deciden ese día ir a votar. Este es un grupo donde hace cuatro años prevaleció el abstencionismo, a diferencia de las mujeres casadas, o que viven con alguien, y quienes votaron abrumadoramente a favor de Bush.

Las encuestas coinciden al no mostrar una diferencia significativa entre los candidatos que haga prever un ganador. La ventaja que le había concedido la Convención Republicana al Presidente Bush se ha esfumado, entre tanto que el Senador Kerry no ha sido capaz de presentar de manera contundente a la opinión pública un argumento que lo posicione en las preferencias del electorado. Surge así la pregunta: ¿importa quién ganará esta próxima elección?

Hasta mediados de la década de los ochenta, la plataforma del partido Demócrata incluía elementos que la diferenciaba de la del partido Republicano. Mientras que a los republicanos se les asociaba con los grandes capitanes de la industria estadounidense, la promoción de la industria y las políticas a favor de comercio internacional, los demócratas eran identificados como el partido de los grupos minoritarios de ese país, como los negros, hispanos y asiáticos, con los programas que transformaron las condiciones de esa sociedad después de la Segunda Guerra Mundial, la promoción de políticas de bienestar social y la protección del medio ambiente. Curiosamente, a pesar de que los demócratas proponían una política exterior menos activa que los republicanos, lograron que América Latina se identificara con ellos.

Hasta hace poco más de una década, los hechos apoyaban esta percepción. Fue el Presidente George Bush el arquitecto principal del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), mientras que el partido demócrata del Presidente Clinton propició en 1993 la negociación de los acuerdos para la protección del medio ambiente y para la defensa de los derechos de los trabajadores, luego de que las negociaciones comerciales habían concluido el año anterior. Desde entonces, la agenda de comercio internacional incluye ambos temas.

¿Qué podemos esperar si el Presidente Bush gana la reelección? Este ha sido un presidente que no se adecua al perfil republicano, habiéndose caracterizado por su apoyo a las medidas proteccionistas, como aquellas que aprobó a favor de la industria del acero de los Estados Unidos, mismas que hubo de echar abajo posteriormente. En este mismo renglón hay que incluir la llamada “Enmienda Byrd,” que ofrece a las empresas involucradas en casos de dumping acceso a las fianzas que depositan las empresas extranjeras acusadas de prácticas ilegales y que la Organización Mundial del Comercio (OMC) dictaminó como una violación a los principios del organismo al representar un subsidio adicional para las empresas que ya están siendo favorecidas con el cobro de fianzas a sus competidores extranjeros.

En ambos casos, la OMC estableció sanciones en contra de Estados Unidos. En el caso de la Enmienda Byrd, denominada así por su creador, el Senador demócrata de Virginia del Oeste Robert Byrd, los países beneficiarios de estas sanciones incluyen a México, Canadá, la Unión Europea, Japón, Brasil, India y Corea del Sur. En el caso de las sanciones por las medidas proteccionistas a la industria acerera, la Unión Europea puede obtener beneficios superiores a los cuatro mil millones de dólares. El Congreso estadounidense aún no instrumenta las indicaciones de la OMC y seguramente no lo hará sino hasta después de las elecciones de noviembre, probablemente en el mes de noviembre próximo, de haber una sesión para terminar la agenda y aprobar probablemente entonces el Tratado de Libre Comercio con la República Dominicana y Centro América.

La importancia que ha adquirido el tema de la seguridad a lo largo del gobierno del Presidente Bush ha generado diversas oportunidades para el desarrollo de obstáculos innecesarios al comercio. De esta manera, diversos países toman con recelo y desconfianza las palabras de las autoridades estadounidenses en los principales foros internacionales. Queda por ver el resultado de esta tendencia a lo largo de los próximos años.

Por su parte, el Congreso de Estados Unidos ha criticado en diferentes ocasiones la falta de una política comercial del Presidente Bush. El Comité de Medios y Procedimientos – conocido en inglés como Ways and Means – es el encargado en la Cámara de Representantes de los temas de comercio internacional. Sus miembros han criticado en diversas oportunidades el que las negociaciones internacionales de los últimos tres años, con Australia, Bahrein, la Comunidad Andina, Centro América, Panamá, los países de la Unión Aduanera Sudafricana, República Dominicana, Singapur y Tailandia han respondido a preferencias políticas, sin poder atender problemas más apremiantes, especialmente con China y la Unión Europea.

No podemos olvidar que en el plano multilateral, el gobierno del Presidente Bush no ha logrado avances importantes en la Ronda Doha de la OMC ni en la conformación del ALCA, mientras que APEC sigue en búsqueda de una nueva definición, luego de que la falta de interés de los Estados Unidos en los últimos años del gobierno del Presidente Clinton se ha reflejado en la falta de interés de otros países en este foro, donde las consideraciones de seguridad han sustituido los intereses de desarrollo originalmente planteados.

Todo esto no significa que necesariamente el senador Kerry sea una mejor opción. John Kerry ha jugado un papel importante en el Senado de su país por veinte años, habiendo servido en los principales comités, como los de Relaciones Exteriores y de la Banca. A pesar de su afiliación demócrata ha votado a favor de las principales iniciativas de comercio exterior de su país en la última década, como la aprobación de la OMC, del TLCAN y de los tratados con Chile y Singapur aprobados en julio del 2003. Entonces, ¿cómo explicar su propuesta para revisar los diversos acuerdos firmados por su país y de hacer más estrictas las disposiciones ambientales de los acuerdos internacionales?

En tanto que las encuestas muestran que las preferencias para ambos candidatos se encuentran sumamente parejas, Kerry no puede darse el lujo de comprometer ni un solo voto. Y en particular, el apoyo de los 13.5 millones de trabajadores que pertenecen a la AFL-CIO, la federación de sindicatos más importantes de Estados Unidos, es un elemento que pesa mucho. Hasta la fecha, Kerry no cuenta con el apoyo de un grupo industrial lo suficientemente importante como para matizar las declaraciones que ha hecho en contra de la apertura comercial de su país y de las quejas sobre empleos perdidos ante países menos desarrollados.

Por su parte, Kerry sabe que USA no puede renunciar a sus obligaciones comerciales internacionales por 120 días. El costo ante la Unión Europea y Japón podría ser prohibitivo. Al contrario, está conciente de que los Estados Unidos requieren reconstruir su relación con diversos países luego de la farsa en Irak y de la “persecución” de Osama Bin Laden. En algún momento, los países más importantes habrán de cobrarle a Estados Unidos la factura del caos generado en los últimos años luego de la llamada guerra contra el terrorismo. Y los demócratas en E.U. no quieren ser ellos los que tengan que pagar los platos rotos de los republicanos.

Sin embargo, de manera independiente a quien obtenga la presidencia, será muy importante ver qué partido gane el control del Congreso, pues ello tendrá incluso mayores repercusiones para la política comercial de ese país. En Estados Unidos, el partido que tiene mayoría en una cámara determinada, la Cámara de Representantes o el Senado, preside todos los comités y grupos de trabajo de esa cámara. Y el día de la elección presidencial, estarán en juego los 435 curules de la Cámara de Representantes, así como una tercera parte de las 100 senadurías. Históricamente, el 35% de los congresistas pierde la elección y eso genera un grupo importante de nuevos legisladores que tienen la capacidad para alterar la balanza de poder.

Finalmente, habrá que ver el futuro del USTR, el Representante Comercial de los Estados Unidos y quién es el encargado de las negociaciones internacionales y que forma parte del gabinete. Durante la segunda semana de septiembre empezaron a circular en Washington rumores de la posible renuncia de Robert Zoellick después de las elecciones de noviembre. Por otra parte, Kerry no ha mencionado ningún nombre para su equipo económico. Esta designación tendrá mucho mayor peso que la que se pueda esperar debido a que será la persona que habrá de concluir la Ronda Doha y el ALCA, pues es muy difícil que ambas concluyan este año como está previsto. ¿Y la influencia del Presidente en estos temas? Tema de la siguiente entrega.

 

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