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| · Año 10 · Número 118 · Octubre 2004 · |
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....."quien
construye sobre el pueblo, construye sobre el barro"..... En los últimos años partidos y actores políticos han presumido involucrar a la sociedad en sus acciones ya sea de gobierno o de campaña, según ha convenido a sus intereses y aspiraciones. Han pretendido basar en esta premisa la razón de sus gestiones sin que para ello existan métodos eficaces o claros para que los ciudadanos tengan la posibilidad real de participar en la toma de decisiones públicas. No obstante, las dificultades administrativas que puede significar una vasta participación social, heterogénea y obediente a una amplia variedad de urgencias, persiste la ilusión de “conceder a la gente” un valor que ha resultado hueco, vago y escaso para la confección adecuada de programas gubernamentales. En estos días que se nos anuncia ir por “más”, los grupos sociales organizados han rebasado la capacidad de las autoridades y representantes de los diferentes poderes y órdenes de gobierno, sometiéndolos con ello a una verdadera (aunque incipiente) participación ciudadana. Invariablemente el sector productivo ha tomado parte de esta nueva conducta que poco a poco, hace evidente que por lo que vamos es por menos: menos deficiencia institucional, menos corrupción, menos extravíos ideológicos, menos ineptitud y menos ofertas vanas. Su circunstancia de privilegio (por razón de la influencia o grado de impacto en lo colectivo) pone a empresarios, organismos intermedios y líderes particulares, frente a la oportunidad de integrarse en gabinetes de gobierno o cuando menos de externar opiniones en foros y medios masivos de información, lo que les otorga al mismo tiempo una mayor responsabilidad para su desempeño. Contar con los recursos, mecanismos e instrumentos para alcanzar esta posibilidad, no exime al Líder Empresarial de someterse a los mismos criterios de exigencia, claridad y eficiencia ya instalados en campos de oportunidad dentro del servicio público. Dicha transición de ámbito de competencia abre la expectativa de un cambio de percepción sobre los asuntos colectivos, su diagnóstico así como la implementación de programas o acciones mejor orientadas, pero sobretodo, que permitan por fin el desarrollo integral de la sociedad Aguascalentense. El llamado es para que los demás grupos sociales organizados o subyacentes en el anonimato hagan oír sus demandas; que esa agobiada voz sea conducida por todos los canales, formales e informales, (representantes populares, medios informativos, servidores públicos) y la escuchen quienes tienen la posibilidad y obligación de actuar en consecuencia. Vamos pues, por menos apatía, más vehemencia; menos ignorancia, más pertinencia. Vamos a construir desde nuestra circunstancia los cimientos de un nuevo aparato institucional digno de los tiempos y las personas que sabremos cumplir nuestra parte.
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