· Año 10 · Número 118 · Octubre 2004 ·
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Lic. Mario de J. Espinosa Casarín
Asesor Financiero
mariusvampire@hotmail.com

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El gobierno federal envió su propuesta de presupuesto a la cámara de diputados. En esta ocasión, fue sin polémicas. Nada de “IVAS” incómodos. Además, ha reducido el déficit en un nivel francamente bajo. Para el próximo año se prevé que el déficit público sea equivalente al 0.1 por ciento del PIB. La mayoría de los actores del Gobierno disminuirán su gasto. Prácticamente todos los sectores tendrán un ajuste a la baja en su gasto, incluyendo al Poder Ejecutivo. Sin embargo, los que más recursos demandan para sus actividades son los ramos autónomos donde se concentran los poderes Legislativo y Judicial, el IFE y la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

La baja en el déficit es sana, pero es preocupante que dicha disminución provenga de un menor gasto y no de un mayor ingreso. Resulta paradójico e, incluso algunas veces, frustrante, que el Poder Ejecutivo pueda tener tan poca efectividad en su interés por aumentar los ingresos. El Poder Legislativo es, básicamente, un poder político. Cientos de “legisladores” cabildean diariamente dentro de este mar de la política. Es un Poder necesario, adecuado, e incluso eficiente. El problema es que el Poder más político de la federación (de los tres poderes) tenga la decisión final de aprobar o no un asunto sumamente técnico y práctico, el cual pasa por un inevitable proceso de coloración política.

Entonces, el próximo año tendremos aún más, una baja en la inversión del gobierno. Una menor participación del sector público en la dinámica económica. Nos alejamos de Keynes y nos acercamos a Adam Smith. ¿Es esto positivo? A mi punto de vista es que no. La actividad económica está mejorando, el repunte en Estados Unidos nos ha ayudado, como siempre, a mejorar nuestra propia economía. En lo particular, el aumento en los precios del petróleo ha permitido un incremento en los ingresos del gobierno; pero no perdamos de vista que es una situación meramente circunstancial. Y como tal, puede cambiar de un momento a otro.

No fortalecer las fuentes de ingresos públicos, no lograr por fin las reformas estructurales que se necesitan con urgencia, no hacer más eficientes los programas de gasto, significa mantener la incapacidad de canalizar recursos a las actividades que estimulan el crecimiento.

Causa preocupación, además, el incremento del 0.62 por ciento en los precios al consumidor en agosto, ya que nos arroja una inflación anual de 4.82 por ciento. Recordemos que el Programa Económico del Gobierno Federal esperaba una variación de 3.9 por ciento para el 2004. La inflación sigue baja, pero continua también lejos de las metas establecidas. Esto, por supuesto, se ha visto reflejado en los aumentos del corto y en los pequeñas pero constantes, tasas de interés.

Por otro lado, la bolsa sube y sube. Logrando constantemente máximos históricos. Lo malo es que muchas de estas alzas son “animadas” por incrementos en las cotizaciones de algunas acciones en lo particular. En específico, las acciones de empresas constructoras han tenido un desempeño muy interesante. Recomendaría fuertemente este sector, ya que, por lo que hemos platicado anteriormente en este artículo, durante los siguientes meses el gobierno federal continuará con su política de baja inversión... pero dentro de esta baja inversión... el sector de la construcción se encuentra dentro de una agradable excepción. Los vientos que se prevén para las empresas constructoras son francamente favorables. Haga el lector un análisis concienzudo sobre dicho rubro e invierta en la empresa que mejor cubra sus expectativas, teniendo cuidado en una posible sobrevaloración de las acciones.

Me despido deseándoles un mercado de logros a la alza, con posiciones largas en expectativas personales y no muchos sobresaltos.

Hasta el próximo número.

 

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