· Año 10 · Número 117 · Septiembre 2004 ·
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Ing. Salvador Rodríguez Aldrete
Presidente de SR Aldrete y Asociados, S.A. de C.V.
srodriguez@sryamex.com

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La revista que ustedes tienen en sus manos lleva por nombre “Líder Empresarial”. La palabra Líder es, sin duda, una de las más usadas en el vocabulario de los negocios del siglo XXI. Nunca, en la historia del mundo moderno, el concepto de Líder o Liderazgo había sido tan discutido y empleado por los directivos o quienes enseñan a los directivos.

Las universidades tienen “cursos de liderazgo”, establecen como objetivo “generar líderes”. Los organismos empresariales realizan eventos para premiar a los “líderes empresariales”. Hablamos de “líderes de opinión”, “líderes sociales”, “líderes políticos”, etc. Liderazgo pareciera ser la “nueva piedra filosofal” que todos buscamos para ser mejores.

La Real Academia Española define “Líder” como sigue: Angl. de “leader” Persona a la que un grupo sigue reconociéndola como jefe u orientadora; Persona o equipo que va a la cabeza de una competición deportiva; Construido en aposición, indica que lo designado va en cabeza entre los de su clase.

Pero cursos y diccionarios aparte, el concepto de liderazgo sigue siendo algo no muy claro, que escapa a una definición precisa y sobre el cual se pueden verter un sin número de ideas. Lo que sí es real y tangible es que si una empresa u organización es percibida como “carente de liderazgo”, su valor de mercado o su apreciación en la comunidad disminuye.

De acuerdo a un estudio elaborado por el “Andersen Consulting’s Institute for Strategic Change” evaluando a las compañías que cotizan en las bolsas norteamericanas, el valor de mercado (número de acciones multiplicado por el precio de mercado de cada acción) de las empresas percibidas como con buen liderazgo creció 900% en un período de 10 años. En comparación, aquellas empresas percibidas como de “liderazgo débil” crecieron solo el 74% en el mismo período.

El inversionista Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo y reconocido por su astucia en escoger empresas con alto crecimiento en valor del mercado, define el peso que se da al liderazgo de una manera muy sencilla: “El mercado se guía por el pintor, no por la pintura”.

Entonces: Si el liderazgo es tan importante y batallamos tanto para definirlo en términos comprensibles para el mortal común, ¿cómo podemos capturar su esencia y utilizarla para mejorar la competitividad de nuestras organizaciones?

Warren Bennis, Profesor Distinguido de la Escuela Marshall de Negocios en la Universidad del Sur de California, quien ha pasado décadas estudiando el fenómeno del liderazgo y es fundador de “El Instituto de Liderazgo” que asesora a empresas y organizaciones de todo el mundo define “Los 7 atributos esenciales del líder” como sigue:

1. Competencia Técnica: El conocimiento que uno tiene de su campo.
2. Habilidad Conceptual: La capacidad de poder pensar de manera abstracta (pensamiento estratégico).
3. Historial de Éxito.
4. Habilidad con la Gente: La habilidad de comunicar, motivar, delegar.
5. Olfato: La habilidad para reconocer y cultivar oportunidades y talento humano.
6. Juicio: El poder tomar decisiones difíciles, en corto plazo y con información limitada.
7. Carácter: Las cualidades que definen lo que uno es.

En el mundo empresarial, es muy raro que una persona llegue a posiciones importantes sin los primeros tres atributos. Lo anterior no es necesariamente cierto en la administración pública y en la política. Pero aún así, los verdaderos líderes son aquellos que logran dominar los cuatro últimos factores. El lado “suave” del liderazgo, las habilidades humanas.

En las organizaciones tradicionales escogemos a los mandos medios primordialmente con base en el primer y en el tercer factor, la competencia técnica y el historial de éxito. Al seleccionar a un ejecutivo quizá consideremos la habilidad conceptual y la habilidad con la gente. Rara vez hacemos una evaluación consciente y determinada de su olfato, su juicio y su carácter. Sin embargo, la competitividad de nuestras organizaciones depende de manera casi total, del liderazgo de nuestros colaboradores y del nuestro.

Aún más, en la nueva economía, la economía del conocimiento, el poder reside en el “conocimiento de los trabajadores”, no en el conocimiento de los dueños o gerentes. A medida que los trabajadores adquieren “más conocimiento” también se vuelven mas demandantes. Hete aquí que ahora el líder tiene un nuevo requerimiento: “servir las necesidades, cada vez más sofisticadas, de sus trabajadores”. No importa si la organización es una carnicería, una pequeña fábrica, una dependencia gubernamental o una gran corporación, los integrantes de ella buscarán cuatro cosas fundamentales: Dirección clara, confianza en el líder, un sentido de esperanza y optimismo y resultados.

• Dirección clara: Un líder efectivo aporta pasión, perspectiva y significado al proceso de definir el propósito de la organización.
Si analizamos aquellos hombres (en el sentido que la Academia da de “ser animado, varón o mujer”) que son reconocidos por su liderazgo, encontraremos que invariablemente son terriblemente apasionados acerca de su tarea, con un compromiso que frisa en obsesión. Además, son capaces de convencer a sus seguidores que lo que viene después de mañana es mejor y que el trabajo que ellos desarrollan hará la diferencia.

• Generando Confianza: Existen muchos factores que generan confianza: El ser competente, el ser constante, el que uno se preocupe honestamente por su gente, el que sea franco con ellos, etc. Sin embargo, existe un factor que es el más importante y este es: “Ser congruente”.
La congruencia, el hacer lo que uno predica, es, sin duda, un reflejo de la autenticidad de la persona y por mucho la característica de un líder que más genera confianza. No importa si la situación es buena, mala o peor, si yo sé que mi líder va a actuar como ha predicado, tendré confianza en él. Si yo no sé cómo va a actuar mi líder porque es incongruente, entonces no le tendré confianza.

• Alentando la esperanza: Un líder ejemplar siempre espera el éxito. El vaso no solo está medio lleno sino al borde de rebalsarse.
Un líder alienta esperanza cuando los demás lo perciben como aquel que: “siempre piensa en formas de cómo salir del atolladero”, “va tras sus metas con gran energía”, “tiene experiencia suficiente para aprovechar el futuro” y “reconoce que todo problema tiene una alternativa de solución”.

• Finalmente, el líder puede dar dirección clara, generar confianza y alentar esperanzas y fracasar de una manera rotunda si todo lo anterior no lleva a la organización a “resultados tangibles”. Creo que no tengo que elaborar en este aspecto. Solo bastaría recordar algunos sexenios en los años recientes en donde nuestras esperanzas como país han renacido, donde hemos creído en el líder en turno y pensamos que íbamos por el camino correcto, solo para despertar con la resaca del fin de sexenio.

Si queremos crear organizaciones competitivas dentro de nuestro mundo de hoy tenemos que buscar conscientemente el liderazgo para ellas. Prepararnos en las técnicas “suaves” y sobre todo, trabajar con nuestra gente actuando como un entrenador deportivo, que selecciona a los mejores, aquellos con madera de líderes, y pacientemente pule sus habilidades naturales hasta que logra un “líder de alto rendimiento”.

Finalmente, una reflexión acerca de nuestro entorno actual y su efecto en el liderazgo: Es difícil para un ejecutivo el buscar conscientemente ser líder en su organización cuando su supervivencia personal está amenazada. El medio ambiente de hoy, en el que las organizaciones están reduciendo sus plantillas laborales constantemente, es terriblemente hostil para quien quiere ser diferente. Debería de ser el proceso inverso pero la verdad es que estamos fomentando la mediocridad. Esto es uno de los elementos más peligrosos para la competitividad de nuestro país. Necesitamos hacerle ver a nuestros jóvenes que, independientemente del peligro, es necesario que busquen conscientemente el alcanzar sus metas. Como alguien expresara: “Trata de alcanzar las estrellas. Seguramente no las alcanzarás pero de lodo no te mancharás la mano”.

Hasta la próxima entrega de Líder Empresarial.

 

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