· Año 10 · Número 116 · Agosto 2004 ·
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Ing. Salvador Rodríguez Aldrete
Presidente de SR Aldrete y Asociados, S.A. de C.V.
srodriguez@sryamex.com

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Mañana:
Adv. t. En el día que seguirá inmediatamente al de hoy;
Adv. t. En tiempo venidero.
(Diccionario de la Real Academia Española)

¿Cuál de los dos mañanas usamos en nuestras organizaciones?

Los mexicanos somos famosos mundialmente (y lo digo con pena) por utilizar el segundo mañana. Mañana para nosotros parece que significa “no hoy”.

Despreciamos el tiempo de una manera impresionante. Las bodas se citan media hora antes de la hora de la misa. Las juntas inician tarde. Llegamos tarde a todas partes.

Hace algunos años me contaron una anécdota de Jerónimo Arango, fundador de Aurrerá. Lo habían citado a una Junta de Consejo del Grupo (del cual era el Presidente Honorario) a las 17:00 hrs., en la cual llegó puntualmente. Alrededor de las 17:30 hrs. empezaron a llegar los demás Consejeros disculpándose por “lo terrible del tráfico”, lo “complicado de su agenda”, etc., etc. Cuando el quórum se alcanzó, el Sr. Arango se levantó y dijo: “deseo expresar a ustedes mis disculpas por haber llegado a tiempo. La próxima vez me aseguraré de no salir tan temprano para no avergonzarlos”.

No puedo saber si la anécdota es cierta. Pero independientemente de ello, creo que tiene validez. El Sr. Arango fue uno de los empresarios más competitivos de nuestro país y su norma era “llegar a tiempo”.

Para este momento ustedes se podrán preguntar: ¿y qué tiene que ver esto con la competitividad? Mi respuesta es ¡TODO! No se puede ser competitivo si no tenemos una cultura de respetar el compromiso.

Pero parece que no entendemos. Si recibimos una invitación a un acto oficial, frecuentemente indica: “le rogamos estar 15 minutos antes de la hora programada”. Y la reunión no inicia, en muchos casos, hasta una hora después del programa.

¿Cuánto cuesta al país este desperdicio de tiempo productivo? No lo sé, ni creo que exista una cuantificación de éste. Pienso que el costo es muy alto. Quizá tan alto como el costo de la corrupción.

Pero el principio de estas colaboraciones es hablar de LO QUE PODEMOS HACER, en nuestro micro mundo, para mejorar la productividad. No de lo que no podemos lograr porque implica cambios fuera de nuestro alcance.

¿Podemos hacer algo con el manejo del tiempo? Creo que podemos hacer mucho.

Iniciemos por la célula más elemental: Nuestra familia.

Si desde niños acostumbramos a nuestros hijos a que las 9:00 PM son un minuto después de las 8:59 y uno antes de las 9:01, ellos van a crecer con esa convicción. Pero ¡cuidado!, estamos creando un gran compromiso. Cuando digamos que pasamos por ellos a las 7 PM para ir al cine, más vale que sea la hora señalada, ni un minuto más. Nadie mejor que los niños para recordarnos nuestros compromisos.

Y en nuestra Empresa ¿cómo actuamos? ¿Somos congruentes en el hacer y el decir?

¿Qué piensan nuestros colaboradores de nosotros cuando les exigimos que entreguen sus tareas a tiempo y por otra parte no cumplimos los compromisos que hacemos?

Se dice que el deporte nacional es pagar tarde. ¿Cuántas veces le decimos a un proveedor que le pagaremos el viernes cuando de antemano sabemos que eso no es posible? O en el sentido contrario: ¿cuántas veces contamos con un pago que no recibimos?

No podemos exigir lo que no estamos dispuestos a dar. Como hombres (y mujeres) de empresa, debemos de ser los primeros en poner la muestra en el cumplimiento de nuestros compromisos.

Podemos establecer ciertas reglas sencillas que expresen nuestro respeto por el tiempo de los demás y el valor de cumplir con los compromisos. Por ejemplo:

• Si la junta se cita a las 10 AM, el ejecutivo de mayor rango tiene la “obligación” de estar 5 minutos antes.
• Si el pago para un proveedor depende de que a nosotros nos pague un tercero, es nuestra obligación el clarificar que tenemos esa restricción.
• Cuando comprometemos un pedido para cierta fecha, debemos de estar razonablemente seguros de cumplirlo. El dar la fecha que el cliente exige por el riesgo de perderlo no es aceptable si no podemos cumplir.
• No agendemos más de lo que razonablemente podemos cumplir.
• Si tenemos un imprevisto que nos impide cumplir una cita, es nuestra obligación comunicarlo oportunamente.

Una organización competitiva tiene, por principio, el respeto por los demás. Cumplir con lo que comprometemos es la forma más esencial de respeto en los negocios. No basta entregar productos y servicios libres de defectos. Es indispensable entregarlos de acuerdo al compromiso establecido.

Hasta la próxima entrega de Líder Empresarial.

 

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