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| · Año 10 · Número 115 · Julio 2004 · |
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Dentro de la lógica empresarial de hoy en día, la gestión de proyectos y por proyectos cobra un lugar cada vez más relevante. De ahí el valor de acceder a materiales como el de Gary Heerkens, autor de “Gestión de proyectos”. Heerkens es presidente de Management Solutions Group en Rochester, Nueva York, y cuenta con una amplia experiencia en el tema. El proyecto se distingue de otros procesos organizativos por ser un esfuerzo único y temporal para alcanzar algún objetivo. Puede estar dirigido a la solución de un problema, la satisfacción de una necesidad o el aprovechamiento de una oportunidad. La base para una gestión eficiente está en el ya conocido ciclo administrativo. Se trata de buscar “el cumplimiento eficaz de diversas etapas clave, tales como la identificación de la verdadera necesidad, la definición del objetivo del proyecto, la creación de un programa de ejecución y el control durante todo el proyecto” (p. 7). Para ello, el director de proyecto ha de echar mano de diversas herramientas y técnicas que le permitan, sobre todo, hacer frente a la ambigüedad e incertidumbre inherentes al proceso. Recordemos que para los proyectos no suele haber antecedentes; la novedad es la característica principal. Además, los equipos encargados de su planificación y puesta en marcha suelen estar compuestos por personas de diferentes áreas de la empresa que se reúnen para trabajar juntos por primera vez. De ahí que se entre en un terreno desconocido y sea necesario contar con una brújula para orientarse. Hasta este punto, Heerkens logra su cometido. Sin embargo, existen otros aspectos que, siendo esenciales para la consecución de los objetivos de un proyecto cualquiera, son tratados por el autor desde una perspectiva poco innovadora. En concreto, me refiero a la división que hace entre arte y ciencia, entre lo humano y lo técnico. Esta distinción, que tiene su origen en el propio nacimiento de las ciencias administrativas –entre ellas la psicología organizacional–, la cual ha sido causa de visiones que no hacen sino dificultar un abordaje integral de los fenómenos organizativos. Los procesos organizativos son fenómenos humanos en su totalidad, se trata de personas que se relacionan con sus particulares perspectivas y que construyen cursos de acción de forma conjunta. No existe una división natural entre lo formal y lo informal, entre procesos y emociones, así como tampoco es posible separar organización de personas. Sería necesario replantearse este tipo de distinciones. Cualquier innovación en materia de management tendrá que tocar dichas contradicciones. Con estos comentarios, no pretendo desacreditar el contenido del libro. El trabajo del autor toca un sinfín de aspectos que cualquier director de proyecto requiere manejar, pero su utilidad se restringe a los límites de cierto modelo de organización y de cierta forma de pensar en procesos de trabajo. Para terminar, una observación: no hay una sola
manera de gestionar un proyecto; las formas pueden ser tan variadas como
los contextos, las personas y los objetivos implicados. El libro de Heerkens
es un esquema detallado y útil para quien quiera o deba trabajar
en esta modalidad, pero, como ocurre con cualquier prescripción,
lo más importante es ser capaz de atender a las situaciones que
se presenten y desarrollar, a partir del diálogo y la reflexión
creativa, así como los propios marcos de acción. Heerkens, Gary (2002), Gestión de proyectos. Madrid: McGraw-Hill.
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