· Año 10 · Número 115 · Julio 2004 ·
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Lic. Mario de J. Espinosa Casarín
Asesor Financiero
mariusvampire@hotmail.com

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Durante los últimos meses hemos visto un aumento constante, pequeño pero constante, en las tasas de interés. El costo del dinero es una de las principales válvulas de control que tiene el gobierno para regular y mantener dentro de niveles adecuados muchos aspectos de la economía del país. Además, el Banco de México también cuenta con el “corto”, que indirectamente afecta el costo del dinero.

Generalmente, la mayoría de las teorías económicas manejan las tasas de interés como un regulador que mantiene en balance la actividad bancaria. Así, si una economía presenta una alta actividad, tan alta que pueda desembocar por sí misma en un aumento peligroso de la inflación, las tasas de interés se incrementan, haciendo más atractivo “guardar” el dinero en lugar de ponerlo a trabajar en inversiones productivas. Del mismo modo, si la actividad económica es baja, las tasas de interés tenderán a disminuir para que sea más atractivo invertir el dinero o gastarlo, que tenerlo estático con un premio muy bajo.

En México y en muchas otras naciones emergentes, el costo del dinero también regula en gran medida la entrada y salida de capitales líquidos. Los inversionistas analizan el riesgo del país y muchos otros factores internos y los comparan con lo atractivo del rendimiento ofrecido, de modo que valga o no la pena correr el riesgo de invertir “a pesar” de los factores adversos intrínsecos del propio país. Así, en naciones que representen altas posibilidades de presentar un escenario de suspensión de pagos, las tasas deberán ser lo suficientemente altas para justificar el riesgo.

Además, las tasas de interés están íntimamente ligadas con la inflación. El premio que se paga por invertir el dinero deberá contrarrestar de forma efectiva la erosión que el aumento en el costo de la vida incide sobre el valor del dinero. De este modo, a una menor inflación, menor tasa de interés. En México, en lo que va del sexenio, las tasas de interés han permanecido prácticamente sin variación, aunque la tendencia general ha sido a la baja, afectadas principalmente por una inflación que francamente ha continuado su camino descendente en los últimos años.

Pudiéramos profundizar mucho más en la teoría económica y sus diferentes vertientes, para analizar más a fondo la cuestión de las tasas de interés en México en los últimos años, y particularmente en los últimos meses, sin embargo, el objetivo de este artículo no es desarrollar una tesis ni mucho menos; la intención es soportar la idea de que, al menos con la información que tenemos en este momento, no presentarán un aumento significativo en el futuro inmediato.

Planteo estos comentarios en la columna por los múltiples correos que he recibido de los amables lectores que me preguntan sobre posibilidades de inversión “seguras” o “sin riesgo”. Les he de contestar que si he de entender como inversiones seguras las basadas en Cetes o Bonos del gobierno o cualquier otro instrumento soportado por el pago de un premio a la inversión en numerario, entonces no tenemos realmente muchas opciones. La directriz de la estrategia económica es muy clara, fomentar la inversión productiva directa y el gasto.

Ahora, si el inversionista no tiene intención de invertir directamente en un negocio, changarro, o empresa de su propiedad en la que tenga que tomar decisiones y, en pocas palabras, trabajar, no se preocupe. Durante muchas ocasiones hemos hablado del mercado de capitales. Si usted tiene su dinero en una cuenta en el banco que le paga el 5% anual (o si le va bien un 6%), y además ahora sabe que esa tasa no subirá significativamente en los siguientes meses, no se preocupe. Cierre los ojos e imagínese que toca a su puerta el mismísimo Carlos Slim y le invita a que le dé su dinero a cambio de una participación en uno de sus negocios. ¿Qué le parece? ¿Le gustaría tener una empresa telefónica? Pues bien, ahora es el momento de invertir en capitales. Acuda a la Casa de Bolsa de su elección, o a alguna Operadora de Sociedades de Inversión y pida asesoría. Lea, estudie los prospectos, pregunte, no se quede con dudas. Recuerde que no hay inversiones “seguras”, pero no por ello está usted apostando al doble cero en la ruleta.

Me despido deseándoles un mercado de logros a la alza, con posiciones largas en expectativas personales y no muchos sobresaltos.

¡Hasta el próximo número!

 

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