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| · Año 10 · Número 115 · Julio 2004 · |
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Uno de los temas que se platican o discuten con alguna frecuencia (afortunadamente cada vez menos) en las reuniones de empresarios, es si los mexicanos somos inherentemente no competitivos. Sin discutir la racionalidad o irracionalidad de esta aseveración, me parece que puede ser de interés para ustedes los lectores de Líder Empresarial, el comentar algunos hechos acerca de la competitividad de cada sociedad en un mundo globalizado. Creo que no es discutible que existan sociedades más competitivas que otras. Por lo menos en algún momento de la historia. Por ejemplo, en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, la sociedad japonesa se volvió altamente competitiva en el sector industrial y las técnicas de manufactura desarrolladas por los nipones son hasta hoy el referente obligado para los estudiosos de la competitividad en la producción. Actualmente, China se encuentra en boca de todo el mundo por su crecimiento impresionante y si bien se encuentra fuertemente apalancado por los bajos niveles de ingresos de la fuerza laboral, cada vez más existen personas, como el que esto escribe, que consideran que la competitividad de dicho país es mucho más que bajos salarios. ¿Qué han hecho las sociedades que han destacado por competitivas? Evidentemente, un buen número de factores han incidido en su capacidad competitiva. Revisemos algunos de ellos: 1. Disciplina La competitividad exige consistencia. No se puede ser competitivo cuando hacemos las cosas de una forma un día y de otra el siguiente. Esta disciplina tiene que venir de abajo hacia arriba. De otra forma, el personal que está en la parte baja de la pirámide aprende rápidamente que puede actuar a complacencia. En los cursos de calidad se nos enseña que cuando el jefe rompe la norma, ésta se encuentra rota para siempre. Esto es válido en todos los aspectos de la vida. Pensemos en un empresario que maneja una compañía de 400 personas. Si el promedio de ingreso de cada persona es de $100 pesos diarios y todos llegan 10 minutos tarde “a su estación de trabajo”, ese empresario tiene un costo adicional de $83 pesos diarios o $30,000 al año. O bien, si él llega todos los días 10 minutos tarde: ¿a qué hora llegarán sus trabajadores? Este es un ejemplo sencillo pero muy ilustrativo. Porque, si el empresario paga de su bolsa este dispendio, ¿lo fomenta? La única respuesta que puedo encontrar es carencia de disciplina. ¿Somos los mexicanos indisciplinados por naturaleza? Sostengo que no. Los mexicanos somos de esta manera cuando se nos permite serlo. Y si no, basta ver como trabajan nuestros compatriotas en otros países y en empresas radicadas en México que son modelos de productividad. ¿Qué concluimos? La disciplina puede ser parte de una organización de mexicanos cuando la cabeza es disciplinada. Ejemplos sobran. Los tenemos a la vista en nuestro entorno. Está en nosotros, “líderes empresariales”, el lograrla. 2. Objetivos claros Una de las circunstancias más claras de competitividad es durante las guerras. Aquí competimos por lo más preciado del ser humano: “La vida”. Cuando los países entran en guerra unidos y con el objetivo claro, normalmente triunfan a pesar de estar en inferioridad. Cuando están divididos, la historia nos enseña que han sido los perdedores. De otra forma, ¿cómo podemos explicar la victoria del Viet Cong en contra del poderío militar de los Estados Unidos? y ¿Chechenia contra Rusia? Sin embargo, pareciera ser que las organizaciones y las naciones no aprendemos de la lección de la historia. Y para muestra basta con leer los diarios nacionales de cualquier día y revisar lo que pasa en nuestro ambiente político: “Todos contra el Presidente y el Presidente contra todos”. Puede ser que no haya sido nuestro candidato, que no estemos de acuerdo con su ideología, que nos caiga mal, etc. etc. Pero ¡caramba! es el Presidente de México, legítimamente electo. Él tiene la obligación de crear un proyecto de país y nosotros de trabajar con él en su logro. Pero esta situación que hoy se presenta en el ambiente político nacional no es exclusiva de él. Las organizaciones empresariales adolecemos del mismo mal: “Yo no me uno a su cruzada porque el no trabajó conmigo”, “Con ellos no se puede trabajar” “Vámonos solos mejor que mal acompañados” son frases que se escuchan con cierta frecuencia en el medio. No nos haría nada mal emprender un esfuerzo NACIONAL por la productividad y la competitividad. Ya que tanto nos duele el daño que China nos ha hecho, ¿por qué no unirnos en una guerra industrial y comercial en contra de ellos? 3. Reconocimiento al éxito En nuestro país el deporte nacional es denostar a quienes triunfan; en nuestras empresas no podemos ver que alguien tenga éxito porque inmediatamente le ponemos adjetivos: “Es un rastrero”, “Siempre le dice al Jefe lo que este quiere oír”, o peor aún, si es mujer: “seguro el jefe anda tras de ella” (o recientemente, la posición contraria). Hace algunos años, estando en Madrid con mi esposa, un taxista nos preguntó nuestra opinión de Hugo Sánchez, quien entonces jugaba allá. Como era de esperarse, le platicamos de la conocida pedantería del Sr. Sánchez. El taxista, con toda calma, nos contestó: “El tipo tiene porque ser pedante, ha ganado 5 Pichichis”. Que gran lección nos enseñó el taxista. Efectivamente el Sr. Sánchez era (o es) un pedante pero finalmente era (y es) un triunfador. ¿Por qué en lugar de estar orgullosos de que un mexicano estuviera a ese nivel nos expresamos mal de él? México como país y Aguascalientes como sociedad, necesita desarrollar una cultura de reconocimiento al éxito. No basta poner el huevo, hay que cacarearlo, dice el refrán popular. Debemos de reconocer a nuestros mejores estudiantes, mejores profesionistas, mejores deportistas, mejores políticos, etc. 4. Educación Una vez más, los países altamente competitivos comparten una sociedad educada. En mi artículo del mes de junio comenté acerca de la gran oportunidad que representa para México nuestra fuerza laboral joven en función de nuestra situación Geopolítica. También expresaba la necesidad de que esa fuerza laboral estuviera educada. Durante años y años, este país ha invertido grandes recursos en eliminar el analfabetismo. Sin discutir la validez de este esfuerzo, creo que es tiempo de extenderlo a una educación mucho más allá del sólo leer y escribir. Una educación que promueva el trabajo colaborativo, las redes, la creatividad, la innovación, etc. Está claro que el mayor esfuerzo se tiene que hacer en el sector de la educación pública y gratuita, pero aún en el sector privado existe mucho por lograr. Colegios por los que se pagan colegiaturas importantes se enorgullecen de que sus niños están todos al mismo nivel, como si los humanos fuéramos todos iguales. Platicando con el Director de una institución con la que colaboro le decía que nuestros alumnos tienen que aprender a trabajar bajo presión. Hoy día los muchachos se quejan de que tienen mucho trabajo y tres exámenes en un solo día. ¡Cuántos de nosotros quisiéramos tener tres pedidos juntos, aunque fuera para embarcar en el mismo día! Disciplina, Claridad de Objetivos, Reconocimiento al éxito y Educación, son cuatro factores que nos harán una sociedad más competitiva. En nuestras manos está el lograrlo. Nos vemos el próximo mes en la siguiente entrega de LÍDER EMPRESARIAL.
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