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| · Año 10 · Número 113 · Mayo 2004 · |
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Iraq se está convirtiendo rápidamente en un Vietnam. Un Vietnam pero con petróleo. A diferencia del conflicto en el sudeste asiático, donde los americanos se aferraban a unas colinas cubiertas de selva, ahora defienden la esencia de su economía. El mundo moderno tiene un insumo básico, la economía mundial gira alrededor del crudo. Y a los Estados Unidos les interesa mucho que la situación se mantenga así. Claro, siempre y cuando pueda seguir controlando el flujo y comercialización de la sangre que mantendrá vivo el motor económico. Por ironía de la historia y la geografía, la mayor concentración de petróleo existe en el lugar donde más odio inspira el gran promotor y supervisor de la economía petrolizada. Un odio asesino y suicida. Una situación sin precedente. Durante los siglos anteriores, las grandes potencias mundiales buscaban generar alianzas, y enfrentarse en guerras que resultaban relativamente parejas. Ahora existe una sola potencia mundial. Y su peor enemigo es un grupo que ni país tiene, y que logra bombardear sus principales ciudades con éxito. Y la situación no tiene una solución sencilla. Los dos contrincantes preparan sus golpes. Uno ciego de soberbia y empantanado en su propio poder, no tiene intención de modificar su política. El otro insensible al sufrimiento, propio y ajeno, se nutre del odio que la política americana genera a ritmos acelerados. Los dos son igualmente temibles y capaces de hacerse daño. Curiosamente la situación de nuestro país es ambivalente. Por un lado, somos espectadores del enfrentamiento de los adversarios, sin mucho temor de sufrir un golpe directo. Por el otro, somos hipersensibles a los acontecimientos desde el punto de vista económico. Somos vecinos y muy dependientes de los americanos. Y al mismo tiempo somos país petrolero. Sin perder de vista esta compleja situación, nuestra economía se fortalece, la bolsa rompe récords históricos y recibe reconocimiento internacional por su desempeño, siendo una opción de inversión muy válida. El gobierno ha sabido mantener las variables macroeconómicas en términos muy aceptables. Sin embargo a los mexicanos nos ha costado un poco de trabajo integrarnos de lleno en el flujo de los acontecimientos. En el siguiente artículo expondré lo que desde mi punto de vista nos falta a los mexicanos para aprovechar las oportunidades de negocio e inversión en el mundo actual. Hasta la próxima.
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