· Año 10 · Número 113 · Mayo 2004 ·
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Lic. Mario de J. Espinosa Casarín
Asesor Financiero
mariusvampire@hotmail.com

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Hasta el momento ha resultado agradable la responsabilidad política de los participantes en la carrera a la gobernatura de nuestra entidad. Espero que cuando se publiquen estas líneas no sea todo lo contrario a lo que escribo en este momento. El triunfo por el PAN de Luis Armando Reynoso no sólo nos permitió darnos cuenta de su capacidad de convocatoria, sino también de la gran madurez política que ha demostrado su adversario Alfredo Reyes desde las primeras horas en que se hizo evidente su derrota. A ambos contendientes les enviamos una felicitación desde esta columna.

Por otro lado, el candidato del PRI, Óscar González tiene la oportunidad de demostrarnos por qué recibió el Premio Nacional de Economía, y por lo tanto, mantener una campaña propositiva e inteligente; ojalá no se pierda en acusaciones y críticas, sino que explote su mayor fortaleza: su propia inteligencia.

Y será interesante verificar si la propuesta económica de ambos candidatos aprovecha las ventanas que se están abriendo en la Convención Hacendaria que, parece ser, es el primer paso sólido y contundente encaminado hacia una verdadera reforma fiscal incluyente y democrática. Y es que a pesar de que las constantes reformas le han dado a los estados la posibilidad de ser cada vez más participantes activos en la recaudación fiscal, y por lo tanto mayores (y mejores) receptores de ingresos, los gobiernos estatales han huido a esta posibilidad. ¿La razón?, muy simple: El costo político de recaudar.

Considere lector: en 1990, el 2.8% del PIB se destinaba a las transferencias federales a los estados; en el año 2003 este porcentaje ascendió al 11.2% del Producto Interno Bruto. Es una cantidad asombrosa. Y bueno, la verdad es que si se ha notado la mejoría, ¿No cree usted? Pero entonces, por esta misma razón, a las entidades les parece mucho más sencillo estirar la mano que aplicar las concesiones recaudadoras que la ley les ha dado. Basta revisar que del total de su gasto, en promedio, entre el 4 y el 6% proviene de fuentes del mismo estado, mientras que el resto, directamente de la federación.

Estas consideraciones vienen en relación por el muy duro periodo económico que hemos pasado, y que le tocó al gobernador Felipe González la suerte de afrontar. No es mi intención restar responsabilidad al desempeño de la Secretaría de Desarrollo Económico, que para muchos no fue lo suficientemente agresiva para enfrentar con éxito el durísimo periodo de desaceleración que vivimos. Sin embargo, es justo y objetivo recordar que el todavía presente sexenio en Aguascalientes atravesó una etapa de estancamiento en la actividad económica en Estados Unidos, justo cuando nuestra planta productiva se había terminado de adaptar para dedicarse en gran medida a la exportación y maquila.

Con la experiencia ganada, y con el abanico de posibilidades tributarias que se le están abriendo a los estados en la Convención Nacional Hacendaria, el siguiente gobierno pudiera tener oportunidades reales para impulsar y dar verdadera consistencia al desarrollo económico de Aguascalientes. Habrá que sopesar si vale la pena asumir o no el costo político que definitivamente conllevaría acciones de este tipo.

Todavía la economía no termina por arrancar, cada vez que escribo esta columna tengo la esperanza de que en la siguiente, las señales sean ahora si inequívocas… Y cada vez tengo que esperar al menos un número más de Líder Empresarial. La confianza del consumidor en Estados Unidos bajó nuevamente, el dólar arriba de $11 a veces y en otras ocasiones debajo de los $11. Y la bolsa… bueno, la verdad es que la bolsa está, digamos, divertida. Prefiero decir divertida que volátil, incierta, o incluso peligrosa. La razón es simple, de un modo u otro se ha convertido en la mejor opción para invertir, al menos en estos momentos. Me recuerda a cierta persona que me comentaba ser uno de los conocedores más profundos del mercado bursátil en Aguascalientes y jamás lo vi hacer ninguna operación que no fuera coyotear una décima (o milésima) en su siguiente vencimiento de mesa de dinero. Por supuesto, esa estrategia es ahora la mejor que uno puede seguir para ver erosionado su dinero con toda certeza. La verdad es que este es un buen momento para invertir en acciones, en el mercado de capitales. Es difícil pensar que la economía retrocederá o continuará por mucho tiempo estancada, vale la pena mantener análisis serios y responsables y decidir por la opción que el lector considere mejor. Y recuerde, para el que no quiere (o puede) invertir una cantidad mayor en capitales, siempre tendremos las sociedades de inversión de Renta Variable, que no dejan de ser una opción adecuada.

Me despido deseándoles un mercado de logros a la alza, con posiciones largas en expectativas personales y no muchos sobresaltos.

Hasta el próximo número.

 

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