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| · Año 10 · Número 112 · Abril 2004 · |
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Al iniciar el año tracé un esquema para mis colaboraciones mensuales con “Líder Empresarial”. De acuerdo a ello, en la presente edición este artículo tendría como tema los tratados comerciales de México y su efecto en el desarrollo de nuestra competitividad debido a que en enero pasado se cumplieron 10 años de nuestro principal tratado: El TLCAN. Sin embargo, los eventos que durante finales de febrero y marzo sucedieron, me llevaron a reprogramar mis colaboraciones para hablar de un cáncer que ha estado entre nosotros desde hace muchos años pero que hoy ha cobrado una tremenda actualidad: LA CORRUPCIÓN. Es mi intención abordarlo sin apasionamiento y destacando, sobre todo, sus efectos en la competitividad de todos nosotros. Los medios electrónicos e impresos han dado cabal cuenta de los escándalos de corrupción política de los últimos meses. Desde el llamado “Pemexgate” el año pasado, y más recientemente los videos del Verde Ecologista hasta llegar a las patéticas imágenes del Presidente de la Asamblea del DF, llenándose los bolsillos del saco con dólares entregados por un empresario con amplios negocios de la construcción con los gobiernos, actuales y anteriores, de la Ciudad de México. Sin pretender enjuiciar, puesto que para eso está el Poder Judicial, ninguna persona razonable puede argüir que las imágenes mostradas se prestan a serias dudas sobre la honorabilidad de los personajes en cuestión. Lo más grave no es el hecho en sí sino la discusión que se ha suscitado en torno a si existió o no un complot de los enemigos del partido que gobierna la capital. Me parece que esta discusión es como si en un accidente de tráfico, los conductores se enfrascan en un argumento sobre la culpabilidad de cada uno cuando los pasajeros se desangran hasta morir. El meollo del asunto no puede ser si hubo o no complot, tienen que ser lo hechos, su veracidad y las acciones para evitar que estos se repitan. La corrupción afecta al país de una manera que ni siquiera imaginamos. Un estudio del Tecnológico de Monterrey preparado para SECODAM en enero del 2001 y al que citaré ampliamente en este artículo, muestreó a 3985 empresas de todos tipos y tamaños en el país, encontrando que los seis primeros factores que obstaculizan el desarrollo empresarial son (en orden): inseguridad, contrabando, piratería, corrupción de alto nivel empresarial y política, corrupción burocrática en empresas y organismos gubernamentales de menor rango y economía informal. Todos los factores anteriores, que los empresarios identifican como los principales inhibidores del desarrollo, son causados o exacerbados por la corrupción. Un 85% de las empresas encuestadas, declararon que el trato y la tramitología con la burocracia representa un costo de nómina de su personal administrativo, calculándolo en 12% del costo total de la nómina administrativa. Para sorpresa mía, la legislación fiscal está en el séptimo lugar de los factores que impiden el crecimiento empresarial. (Encuesta de Gobernabilidad y Desarrollo Empresarial, Centro de Estudios Estratégicos, ITESM, 2001). Si la corrupción es el principal inhibidor del desarrollo, ¿por qué la tratamos como un tema de broma o en el mejor caso, como un mal necesario? ¿Será acaso que estamos acostumbrados y adictos a ella? El estudio que cito tiene elementos muy interesantes sobre la corrupción. Para iniciar, la define claramente como sigue: “Transacción clandestina entre un funcionario público y un actor de la sociedad civil o del sector privado, en la que ambos actúan en contrariedad a las responsabilidades formalmente adquiridas y que involucra un intercambio económico impropio en dinero o en especie” (Op. ct. P-24). Yo le agregaría que se da también entre dos actores del sector privado o de la sociedad civil. El estudio identifica los siguientes efectos de la corrupción: a) Afecta los patrones de asignación de recursos
y de la distribución del ingreso. En otras palabras: Es una fuerza, de alta magnitud y sentido contrario a la búsqueda de las naciones por mejorar su competitividad. El mismo estudio nos indica que Aguascalientes es uno de los estados mejor calificados en el tema de la corrupción (es decir: con menos corrupción que otros en el país). Sin embargo, se muestran algunas áreas de preocupación como: la corrupción burocrática administrativa Gobierno Federal-Empresas y la frecuencia de la corrupción burocrática administrativa Gobierno Estatal-Empresas. Sin olvidar que la encuesta refleja las percepciones de los encuestados, es de preocupar que un porcentaje tan alto de los mismos empresarios reconozcamos que hemos participado de manera directa, o por lo menos conocemos de actividades corruptas entre el sector privado y la burocracia media a nivel Federal y Estatal. Podríamos establecer una discusión larga y probablemente no ponernos de acuerdo sobre el nivel de corrupción en nuestro medio. Sin embargo, someto a ustedes las siguientes conclusiones: 1. La corrupción es contraria a la productividad. Si ustedes pueden estar de acuerdo con las consideraciones anteriores, entonces es muy probable que concurran con las siguientes sugerencias para la acción: 1. Todos, en nuestras empresas, debemos de adoptar y
seguir estrictamente un código de ética AÚN A COSTA
DE REDUCIR NUESTRAS UTILIDADES. Si adoptamos estas sencillas pero duras reglas, iniciaremos a caminar por el camino de mejora de la posición competitiva de nuestro Estado y eventualmente de nuestro País. La corrupción es una realidad en todas las naciones del mundo. La diferencia entre los países competitivos y los que no lo son, es el tratamiento que a ella se le da. Los no competitivos simplemente aceptan que es un modo de vida y que es necesario que exista. Los competitivos la combaten enérgicamente sin importar que se descubra por azar, por investigaciones gubernamentales o por obra de los enemigos del corrupto.
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