· Año 10 · Número 111 · Marzo 2004 ·
Otras ediciones  |  Directorio  |  Publicidad  |  Contacto  




Lic. Mario de J. Espinosa Casarín
Asesor Financiero
mariusvampire@hotmail.com

BUSCAR

 

 

¿Qué tal, estimados lectores de Líder Empresarial? Se termina este duro invierno y ahora si entramos de lleno en este prometedor año del 2004. Según nuestros dirigentes, tendremos crecimiento económico y se capitalizarán muchas de las metas previstas en años anteriores. A pesar de todo ello, no llegamos ni a un 1% de crecimiento en lo que va del sexenio Foxista.

Hay quien me ha dicho que el crecimiento ha sido patético, y probablemente sea cierto. También me han comentado que los índices de crecimiento representan únicamente los de los más ricos, y que realmente representa un aumento en la apertura de la brecha clasista. Me parecen afirmaciones ciertas pero segmentadas al punto de vista en que las realicemos. Ni el crecimiento ha sido del todo patético ni el índice de crecimiento representa únicamente un alejamiento entre ricos y pobres.

No debemos olvidar que estos últimos tres años han representado un muy bajo crecimiento a nivel mundial, en donde grandes economías y grandes bloques económicos han vivido momentos difíciles, pruebas duras, integraciones, adaptaciones, etc. El crecimiento a nivel mundial se ha visto drásticamente disminuido, y es normal, después de una década francamente desarrolladora en la mayoría de los hemisferios del planeta.

Ahora bien, el índice de crecimiento en el producto interno bruto de un país no es en si mismo un índice “discriminatorio” ni mucho menos. La verdad es que durante los sexenios de Echeverría y López Portillo aprendimos de que manera podemos manejar buenas estadísticas de crecimiento, pero a un costo exagerado. Con un endeudamiento que termina por salirse del control de las autoridades económicas. La teoría Keynesiana cuya tesis fundamental implica a un Estado con promotor principal de la economía, y en la mayoría de los casos desembocó en fuertes periodos inflacionarios y la consecuente pérdida del poder adquisitivo principalmente de las clases menos favorecidas.

Por otro lado, el liberalismo en extremo, el dejar hacer, tampoco es la respuesta correcta. Graves crisis como la de 1927 nos muestran que, ciertamente, el Estado debe mantener un papel regulador y en algunas ocasiones, bajo ciertas condiciones, promotor de la economía, como sucedió con el New Deal posterior a dicha crisis.

En fin, sinceramente no es el objetivo de esta columna resolver los problemas económicos de la nación ni enseñarle el camino a seguir a nadie, simplemente comentar los puntos de vista del autor respecto a cuestiones económicas (políticas) y financieras. Me da gusto poder hacer de esta columna un espacio interactivo y contestar de este modo muchas de las misivas que diariamente recibo en mi correo electrónico, y que además, agradezco sinceramente.

Por cierto, en el siguiente número les seguiré contando algunos aspectos interesantes sobre franquicias, y algunas opciones que pudieran resultar atractivas para el lector. No quiero dejar pasar esta oportunidad para lanzar una crítica al Niño Verde. ¡Venga, señor! Eso de tratar de pasar por víctima en un asunto tan penoso nos demuestra que aún nos hace falta mucho camino por recorrer. Y mientras el costo de la corrupción sea tan elevado esté tan enquistada en nuestro sistema social, político, económico… ¿Cómo vamos a poder avanzar en nuestro amado México?

Me despido deseándoles un mercado de logros a la alza, con posiciones largas en expectativas personales y no muchos sobresaltos.

¡Hasta el próximo número!

 

Imprimir este artículo