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| · Año 10 · Número 111 · Marzo 2004 · |
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Nuestro sentido de la volatilidad se ha afinado. Acostumbrados por sexenios a sufrir crisis espectaculares, las volatilidades actuales parecieran insignificantes. Definitivamente las fluctuaciones actuales son sanas e inherentes a los mercados financieros, sin dejar de ser variables significativas y que afectan de forma importante las inversiones y el comercio exterior. Ya somos los mexicanos participantes del mercadeo mundial. Donde los mercados nunca son estables y las oportunidades de negocio e inversión están siempre presentes para el atento observador. Los mercados financieros mundiales han sufrido cambios tan radicales, que pocos analistas se atreven a pronosticar los efectos de tal o cual movimiento. Las mismas autoridades actúan con cautela al esperar que resultados tendrán las decisiones tomadas. Últimamente se ha endiosado a Alan Greenspan, Presidente de la Reserva Federal Norteamericana, (Institución privada que se encarga de regular la política monetaria de Estados Unidos). En donde, sin lugar a dudas es la figura más importante en los mercados financieros. Enorme expectativa causan sus discursos, sus anuncios, sus estornudos y hasta el grosor de su cartera cuando se encamina hacia el congreso. En los últimos meses nos parecen salomónicas sus decisiones de dejar las cosas como están. Pero seguramente ni siquiera él puede estar seguro del total de las consecuencias de sus decisiones. A todos nos sorprende los efectos que una decisión o un comportamiento de mercado terminan por tener. La globalización es más que una tendencia, una moda o un slogan de mercadeo. Los mercados financieros en especial, son hiper-sensibles a los efectos de la misma. Una tendencia gubernamental es tratar de permitir que tus compatriotas tengan ventajas financieras al comercializar con el exterior, por supuesto, procurando que tus exportadores sean competitivos. Lo que antes se satanizaba, y en especial en México nos hacía palidecer, es ahora una útil herramienta de comercio exterior. El tener una moneda devaluada. Claro, no significa que la devaluación termine con el ahorro interno y la inversión, pero si que te deje competir con cierta ventaja. Los americanos permitieron que su moneda se devaluará contra el Euro y otras divisas fuertes. Y ahora para cualquier europeo es difícil colocar un producto en América. En cambio los americanos experimentan un crecimiento productivo no visto en años. Me parece que los orientales son más astutos. China mantiene su tipo de cambio fijo al dólar desde 1994. Los economistas se estiran los cabellos y gritan “no aguantarán más”, sus reservas internacionales les costarán tanto que tendrán que llevar a cabo una devaluación. Y ellos, me imagino, sonríen sardónicamente sin dar mayores explicaciones. Y ahora resulta que los asiáticos son los principales financiadores del déficit fiscal americano. ¿Por qué? Dicen los chinos: tenemos la capacidad de producción más alta de nuestra historia, y el mercado americano es el único con la capacidad de absorber la cantidad de productos que vamos a fabricar, con las tasas bajas, por lo que para nosotros el crédito al consumo es una opción atractiva, y no nos conviene que éstas suban. Así pues le compramos su deuda al gobierno americano a la tasa que ellos mismos fijaron tan baja. En lo personal, me imagino que ni Greenspan previó eso cuando inició su política económica centradas en las tasas de interés. Los efectos en los mercados globales actuales que tienen las decisiones gubernamentales son complicados de prever y de pronosticar. Por otro lado, las fluctuaciones de los mercados locales, que son mucho más impredecibles que una decisión gubernamental, tendrán efectos globales inesperados. México cada vez más es un participante importante de los mercados globales. El actuar de nuestro Banco de México causa expectación mundial. Nuestros mercados de Dinero y de Capitales son activos. Y cada vez somos más parte de la aldea global. Es claro que no es cómodo pensar que ya no podemos tener control de nuestros bancos. Y que dependemos de extranjeros para este servicio. Sin embargo esto nos plantea un reto más que un problema, si somos eficientes y buenos participantes del mercadeo global, nos irá bien. De lo contrario, no vamos a saber ni dónde quedó la bolita. En términos generales, el espectador mundial considera a México un buen participante de la globalización. ¿Qué caso tiene oponerse a algo más fuerte que una moda o tendencia? Veremos que nos depara el futuro, por lo pronto muchas más opciones de negocio, les recomiendo seguir al tanto de los mercados. Cada día son más interesantes y accesibles. Seguimos en contacto.
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