· Año 10 · Número 110 · Febrero 2004 ·
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Ing. Salvador Rodríguez Aldrete
Presidente de OPEXA, A.C.

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En los últimos meses los medios de comunicación han cubierto frecuentemente la caída de nuestro país en el parámetro de competitividad medido por organismos internacionales. Se informa que las naciones asiáticas y en especial China nos han sobrepasado y por lo tanto desplazado de los mercados internacionales. Se dice también y no sin razón, que el no efectuar las reformas legislativas que el país requiere inhibe el crecimiento de nuestra competitividad.

Por otro lado, el Presidente de la República Mexicana, Vicente Fox estableció como uno de sus objetivos de sexenio el lograr un tratado migratorio con los Estados Unidos y si bien no alcanzó lo que en palabras del Ex Canciller Castañeda se le llamó “la enchilada completa” pareciera ser que los Estados Unidos promulgará una Ley que permitirá a nuestros ciudadanos trabajar en dicha nación bajo condiciones que si bien serán temporales, contarán con protección legal.

No me es claro entonces el como perdemos competitividad y exportamos mano de obra. Y si analizamos con cuidado las cifras de migración encontraremos que hoy día no sólo exportamos mano de obra poco calificada, sino que ya somos exportadores netos de mano de obra calificada y de “mente de obra”, es decir, recursos humanos altamente calificados y en muchos casos preparados por nuestras instituciones públicas a costa de los impuestos que pagamos la pequeña proporción de mexicanos que lo hacemos.

Si por un lado tenemos recursos calificados y por el otro es claro que el país cuenta con recursos naturales ¿no deberíamos ser una potencia? Pero si al contrario perdemos competitividad ¿entonces cuál es nuestro problema?

Es claro que el problema es muy complejo y sería extremadamente presuntuoso de mi parte pretender que la solución al mismo puede exponerse en un artículo tan pequeño y por quien esto escribe. Sin embargo, y en concordancia con la línea de mis colaboraciones considero valioso el exponer algunas ideas que podemos ejecutar desde nuestra personal actuación para aprovechar estos recursos humanos que hoy se van al norte.

Propongo que un punto inicial es el entender por qué se van nuestros paisanos allá. Se dice que muchos de ellos lo hacen porque no encuentran trabajo. Yo difiero parcialmente de dicha opinión. Creo que se van porque “no encuentran trabajo satisfactorio” y esto no tiene que ver únicamente con el ingreso, aunque sea muy importante. Permítanme comentar dos ejemplos:

En la industria de la construcción existe un alto nivel de trabajadores que emigran hacia los Estados Unidos y recientemente a Canadá. Por otra parte, es difícil encontrar un contratista cumplido en México. Pareciera ser que debería de haber puestos disponibles en México para los buenos trabajadores de la construcción pero no los hay ¿qué pasa?

Quizá la respuesta se pueda encontrar en lo siguiente: En la mayoría de los países desarrollados los trabajadores de la construcción trabajan por destajo, esto es: ganan por lo que hacen. En lo que se refiere a nuestro país, muchos de ellos laboran por día y existe un perverso sistema en el que los trabajadores aparentan que hacen y los patrones asumen que los trabajadores son flojos por naturaleza. Me decía un constructor recientemente: “tu no entiendes que la industria de la construcción es así, no pueden trabajar todo el turno como en una fábrica” y ciertamente no lo entiendo, particularmente cuando el empleado para porque el patrón o contratista no acercó los materiales a tiempo, definió la labor a tiempo, dio la instrucción correcta a tiempo o supervisó el trabajo oportunamente. En otras palabras, cuando el patrón o jefe no “gerenció” correctamente.

No me sorprende que los buenos trabajadores de la construcción busquen irse al norte. ¿Qué estímulo tienen para seguir aquí si no pueden aspirar a lograr más que sus flojos compañeros?

En otra área de la industria, me comentaba un norteamericano de la zona del sureste de EU, que en Georgia una fábrica contrató a un mecánico de origen mexicano con excelentes resultados. Como la empresa tenía un problema de falta de mano de obra le pidieron al mecánico que invitara a algunos de sus paisanos, logrando con ello magníficos resultados para la empresa. Cuando en una reunión le preguntaron a los trabajadores de origen mexicano porque habían aceptado irse a Georgia la respuesta unánime fue: Porque aquí podemos trabajar, en la fábrica donde estábamos nunca había refacciones, la herramienta era inadecuada y el patrón nos maltrataba. Noten que el factor sueldo no apareció en la respuesta.

¿Por qué empresas como Nissan, GM, P&G, Delphi y tantas otras son exitosas en México? Quizá la respuesta esté en sus métodos de administración.

En conclusión, me parece que si bien una gran parte de nuestros problemas de competitividad se encuentran en la falta de estructuras legales y financieras adecuadas, existe otra parte que está mucho más a nuestro alcance corregir, el cual radica en administrar a nuestras empresas con una visión de aprovechar el recurso humano, no de explotarlo. La pregunta que nos deberíamos hacer todos los días al inicio de actividades es: ¿ofrezco la mejor opción para mis trabajadores? En donde no la ofrezca necesito trabajar bajo un plan que contenga objetivos medibles y alcanzables en el mediano plazo.

 

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